POR: DELIO GUERRA IBARRA
“Para la historia, nunca muere el pasado, la historia, el pasado lo trae al presente y aquel 06 de enero, aquí no lo hemos olvidado, el año de mil novecientos ochenta y siete, es una fecha que todos recordamos, por trágica que sea la llevamos presente, aunque hayan muchos años pasados, todos los camaroneros la llevamos en la mente” ♫
Este trágico suceso duró aproximadamente 5 horas, llenas de angustia, pánico y desesperación y a todos los pobladores colmó de confusión.
Cuentan algunos lugareños que lo sucedido fue horrible y no se lo desean a nadie en este mundo, en esos momentos sus mentes visualizaban las imágenes de la tragedia de Armero, que para la época todavía se mantenía viva en tus retinas. Al recordar esas imágenes de angustia, dolor y desolación se imaginaban en la misma situación, por esta razón procedían de cualquier forma de salvar sus vidas y algunas pertenencias de valor que se les ocurría salvar.
De esta situación tormentosa y dolorosa, hubo diferentes reacciones: Cuentan que el Sr. Próspero Sierra para esos días había iniciado un pequeño negocio de fabricar helados y por tal motivo había comprado un congelador, él en su afán de salvarse con su familia, prendió su carro tipo volqueta y pedía ayuda desesperadamente a algunos vecinos para que le ayudaran a montar el congelador; igualmente hizo la Sra. Mina, esposa de Nicolás Cotes (Q.E.P.D) quien logró meter en su carro, una Chevrolet Vivan que tenía en esa época, algunas pertenencias de importancia pero resulta que el vehículo estaba pinchado de las cuatro llantas y ella desesperada le gritaba a su hijo Nicolás Jr. que arrancara así, que lo importante era salvar sus vidas; lo mismo hizo la Sra. Zulina Rivadeneira, viuda de Viecco, quien montó a toda su familia en un Toyota de su propiedad y se dirigían hacia la carretera principal (Riohacha-Santa Marta), pero en el camino el tablero del Land Cruise marcaba sin gasolina por lo que decidieron poner gasolina en donde el Sr. Amílcar Gámez (Guatín-Jada) y al llegar a la casa de su madre, Mariana Toro, le solicitaron que le vendieran una lata de gasolina pero la Sra. Mariana que estaba en un estado de shock, nerviosa y llorando le gritaba a su hijo: ¡Amílcar! ¡Amílcar! ¡Amílcar! ¡No le vendas gasolina, que si vamos a morir, tenemos que morir todos aquí! ¡Nadie se puede salvar de esta tragedia!
La calle ancha del pueblo parecía la vía 40 de Barranquilla en épocas de carnavales, ya eran las 5 am cuando llego el fluido eléctrico al poblado y aún permanecían los lugareños en la calle principal. Nuevamente Juan Carlos Viecco toma el megáfono para informar que la tormenta había pasado y que todo había vuelto a la normalidad y le pedía a la gente que regresara a sus hogares.
Los lugareños que se refugiaron en el cerrito de Ño-pepe regresaban por la vía principal del pueblo y ya a plena luz de la mañana se evidenciaron ciertos casos chistosos: Alberto “Beto” Barros, el hijo de la Sra. Florecita descendía del cerrito con un baúl en la cabeza e igualmente lo hacía Domingo (Mingo) Bello quien cargaba sobre sus hombros una cuchinata (puerco) a lo que su señora, al verlo, vociferó: “¡Carajo Mingo! ¡En vez de salvar tu hija recién nacida, salvaste fue a esa cuchinata!”
Otro caso jocoso fue el de las Sras. Isolina Toro y Rosa “Ocha” Pimienta que en plena calle principal se encontraban con una calzoneta y sin brasier y la Sra. Ocha con un interior del Sr. Stailen González puesto, y este con un panty en vez de bóxeres. El señor Ramón “Monche” Mejía en un estado de nervios gritaba desesperado: ¡A donde irá a parar mi lancha, mi lancha! Y corría de un lado a otro sin consuelo.
Todos esos momentos de tragedia quedaron grabados en la memoria colectiva del poblado de Camarones, ese 06 de Enero del 1987, ya hacen 33 años en donde la virgen Purísima Concepción hizo otro milagro a los Camaroneros.
Cabe recordar que no es el primer milagro que la purísima le hace a los lugareños. Cuentan los abuelos que en los años 1913-1915 el poblado fue invadido por millones de langostas voladoras que a plena luz del día oscurecieron al pueblo, destruyeron las cosechas y todos los sembríos que encontraron a su paso y de igual forma sacaron a la purísima para que los ayudaran ante esta situación desconocida y la virgen les concedió el milagro desterrando a los millares de langostas voladores hacia el mar.
PD: Mis agradecimientos a los Sres. Juan Carlos Viecco, José Dolores Rivadeneira Mejía y Ever Toro Toro quienes fueron las personas que suministraron esta información.