CORRUPCIÓN Y NARCOTRÁFICO, UN INFIERNO

Por Martín Barros Choles

El predominio de la corrupción y el narcotráfico, es una realidad de apuño, que compromete, poderes, autoridades e instituciones; contaminadas de pandemias sociales, con las cuales convivimos, departen y participan, en negocios lucrativos e ilegales, que a diario ocurren, de manera, rutinaria, complaciente y disfrazadas; algunas veces de legalidad envenenada, sobre la cual, se tienen fabulosos beneficios, encubierto en complicidades, para el “tape, tape”, ligado en enlaces, que faciliten las operaciones de conciertos delictivos, entre bandas politiqueras, que gobiernan, desde la nación hasta las localidades territoriales municipales.

La corrupción abarca un ámbito global, que implica y afecta, las administraciones publica, negocios privados, incluyendo trata de personas, con fines de prostitución. La incidencia de corrupción se palpa y observan, como practicas normales, incentivadas con sobornos, que reciben servidores públicos, a cambio de favorecimiento, retributivos, remunerativos, materializado, con actos administrativos y providencias judiciales, que expiden y profieren, autoridades competentes, en el ejercicio de la función pública. La corrupción, es una pandemia antiquísima, que ha contaminado a los seres viviente, casi sin excepción alguna, a quienes han transitado y circulado, por vías de la vida. Quien no se han contaminado de corrupción, activa o pasiva, es porque no ha vivido. Muchos desconocen que, por acción u omisión, han incurridos en práctica de corrupción, consiente e inconsciente, por ignorancia de consistencia, por solventar subsistencia. En los servicios públicos, la corrupción no es la excepción, es lo común que rige. Claro está, unos peores que otros. La corrupción no se erradica, con represiones y cárceles, sino con la educación, empezando orientar a los niños infantes, desde pre-quinder, enseñando que la corrupción es un demonio, que ha carcomido la sociedad, destruido familia, administraciones públicas y todos; lo que se atraviesa, de manera inmoral e ilícita. Que en ella impera, avaricia, el egoísmo e intereses; de beneficios particulares, originando enriquecimiento desproporcional e ilícito, en fuentes de dudosa procedencia. La corrupción es una costumbre consuetudinaria, que no se va acabar de la noche a la mañana, pero puede paliarse gradualmente en conciencia global colectiva, de personas que, de manera voluntaria y masiva, se lo proponga, para llevarla a cabo en diferentes periodos de gobiernos.

El narcotráfico es factor, que llegó y se quedó clandestinamente a nuestra sociedad, como: licores, cigarrillos, aperitivos, café etc. Sus dos productos de mayores consumos, lo constituye el cannabis (marihuana) y cocaína, cuyo comercio, genera buena rentabilidad, a la vez, doblegas y tuerce, autoridades: administrativas, judiciales y policivas o armadas. La guerra declarada hace más de cuarenta años, ha sido un fracaso total, porque el negocio, se mantiene, contra viento y marea, coleando. Se han perdido billones invertidos, en policías antinarcóticos y fumigaciones, sin que se vislumbren a la vista, señales de erradicaciones, aun cuando no se desconocen algunas incautaciones irrisorias, relativamente con  el volumen que se producen y exportan, para la distribución mayorista en Estado Unidos y Europa,  que a la vez, estos la vendan a consumidores al detal, incentivando oferta, por la garantizada demanda, indiferente del costo-precio, que paguen, por efectos de prohibición, persecución y operaciones criminales o por la ilegalidad que lo caracteriza. Se persiguen cultivos y contradictoriamente, se permite importar por puertos y aeropuertos, los elementos químicos, procedente de las naciones de mayor consumo, requerido y utilizado, para producir y cristalizar, la cocaína, sobre la cual no se comentan, ni opinan nada. En EE.UU se consume mensualmente, más de 200 toneladas de cocaína, siendo Colombia, un gran proveedor.  ¿Si no se erradica el consumo, para que erradicar cultivos? Cortina de humo. Engaña bobos, malgastando dólares, sin llegar a una realidad, porque buscan al ahogado, rio arriba. Para acabar con la violencia, que origina el negocio del narcotráfico, lo mejor es legalizarlo de una vez, antes de sufragar gastos inútiles, en una lucha de erradicación, prohibición y control; del narcotráfico, por ser estéril y el consumo produce rentabilidad, condimentada de corrupción, en comercio. Lo jodido es que Colombia, lo haría en cola de E.U, que más temprano que tarde, darán la bendición de legalización, externa, porque internamente está permitida por estados, asumiendo el monopolio del gran negocio, para sustituir la eliminación del petróleo, que, por problemas climático, entra en desuso, controlado por la DEA, agencia encargada de perseguir, adquirir y proveer, el mercado narcotráfico, para mayorista, en forma interna y externa, de manera exclusiva.

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