
Por La Pluma de Sandra
No es lo mismo hablar de «Santa» Lopesierra en La Guajira que en el interior del país, porque mientras medios de comunicación nacional repiten las historias del «hombre Marlboro», pocos periodistas se han dado a la tarea de ir más allá e indagar sobre el ser humano que antes de vivir el desarraigo en una fría prisión de Estados Unidos, sembró en Maicao, su patria chica, un legado de amor y servicio que aún casi 20 años después se mantiene vivo en el sentir de la gente.
En Maicao, municipio de vocación comercial en la frontera con Venezuela, nació y desarrolló nobles y altruistas acciones Samuel Santander Lopesierra Gutiérrez, para el ciudadano del común, simplemente «Santa», un hombre noble que se identifica con la necesidad de los que menos tienen en su tierra amada, buscando retribuir un poco del cariño que recibía. Gracias a ese fervor popular fue electo concejal primero, luego diputado, siempre para servir a su prójimo.
¿Cómo nació el «Santa» Clous Maicaero?
El Economista maicaero antes de ser extraditado a los Estados Unidos, era un mecenas de la cultura, solventó la educación de cientos de jóvenes y cada navidad durante décadas, sin ningún tipo de interés, instauró una linda y «Santa» tradición y era la de llevar enormes regalos a niños que habitaban barrios donde sólo él excongresista llegaba con una voz de aliento y un mensaje de esperanza. «Los regalos que la gente me agradece tanto, yo no los doy por política. Afortunadamente tuve una niñez privilegiada pero veía que en muchos sectores no era así, por lo que a mi regreso luego de prepararme como profesional en Estados Unidos, comencé a trabajar en mi oficina, en las bodegas de mi papá y con la ayuda de sus amigos en la política, me dieron la responsabilidad de aspirar al concejo, hicimos campaña, eran procesos totalmente diferentes, teníamos juventud, habían los medios y vimos la posibilidad de dar alegría a más gente, no solo con un arbolito para que iluminaran
sus casas sino que los niños tuvieran un regalo, un presente y hoy en día, nunca lo esperé he recibido una manifestación de agradecimiento enorme, lo que me ha hecho tomar la decisión de volver a participar en la actividad política como un servidor público, interesado en la búsqueda de soluciones».
Mientras muchos viven el estigma y se apartan de la vida pública para evitar los señalamientos y el rechazo de la sociedad luego de una experiencia tan difícil como la cárcel, en el caso de Santander Lopesierra fue casi que obligado a retomar la vida pública porque todos quieren saludar, abrazar y agradecer algún gesto que tuvo el hijo de Samuel y Guillermina en su actuar político y social. 19 años después vuelve este hombre a su tierra para recibir las sorprendentes manifestaciones de cariño y afecto que cualquier político activo o cualquier estrella de cine envidiaría.
«Hoy en día, yo nunca lo esperé, he recibido muestras de agradecimiento y acompañamiento grandiosas de personas que cuando partí eran muy niños y los consigo hombres y mujeres ya y comparten conmigo la alegría y ese abrazo sincero como un día recibieron un gesto de parte mía, hecho que es gratificante». El tiempo y la ausencia son una combinación que te hacen desaparecer del corazón y de la mente de las personas pero en mi caso fue todo lo contrario, cuando llegué a Maicao, no me recibieron como alguien que venía de pagar una condena, sino de alguien que estaba en un exilio político, un ser humano en el que tienen una esperanza y en quien todavía confían y fue muy grato. Mis hijos y quienes me acompañaron se sintieron complacidos porque estas son cosas que sólo Dios pone en el corazón de las personas», afirma con voz pausada pero con mucha convicción Lopesierra Gutiérrez.
Quién es «Santa» Lopesierra 19 después
Hace cinco meses «Santa» Lopesierra llegó al país, con una maleta cargada de añoranzas y con el anhelo de un nuevo comienzo, como él mismo lo expresa, está actualmente organizando su vida familiar «yo vengo de pagar una condena de casi dos décadas en Estados Unidos -faltaron 40 días para cumplir los 19 años- y dejé 7 hijos con los que perdí ciertos espacios de guía. Mi hija mayor tenía 16 años y la encontré de 35 años, mi hija menor la dejé de 15 meses, la consigo de 20 años y no voy a recuperar el tiempo pero estoy conociendo las etapas que no pude vivir con mi familia, con mi madre, mis hermanos e inclusive amigos».
En el largo encuentro sostenido con el dirigente político, hubo lágrimas y muchos recuerdos y es apenas entendible luego de 19 años en una cárcel de un país ajeno, con una cultura diferente y además con la condena más grande que el mismo encierro: la prohibición de visitas de familiares. «En mi condición no me permitieron recibir visita de mis padres, ni de mis hermanos, ni de mis hijos, fue la posición del gobierno por mi decisión de haberme ido a juicio, lo que llaman allá -el castigo por irte a juicio-.
En este largo desarraigo, solo una hermana de «Santa» pudo verlo porque por estar residenciada en el Medio Oriente desde los 80’s, pudo tener visa americana pero los muchos amigos iban periódicamente aún a expensas de ser señalados o perseguidos por el gobierno estadounidense, esos acercamientos le daban la fuerza emocional para hacer más llevadera la lejanía, «se logra vivir a pesar de las limitaciones que teníamos, solo nos daban 300 minutos al mes para hablar por teléfono, tenía que manejarlos muy bien, a veces eran 3 minutos por día, si me excedía a 30 minutos, eran 3 días que dejaba de llamar. Uno planifica su vida para soportar. Fueron muchos momentos duros porque no es fácil vivir en un país extraño, con leyes extrañas, una cultura ajena pero Dios siempre nos fortalece y da la capacidad y la fuerza mental y física para sobreponerse a la adversidad, es difícil pero se logra».
Ante la pregunta a Samuel Santander si pudiera cambiar algo de su pasado o de su vida, respondió de manera tajante y con una enigmática sonrisa: «ya lo que está hecho, está hecho, para que cambiarlo?, todos tenemos un destino y el mío ha sido este, ahora lucho por una vida mejor, acompañado de mi familia y con un compromiso con mi Guajira, que quiero, que me esperó como jamás pensé y me siento comprometido con mi Maicao y creo que con la gente pensante de este departamento, podemos cambiar la política para que exista un verdadero progreso en la región, para que todos tengan oportunidades y el ciudadano tenga lo básico, tenga el derecho a empleo, a vivienda digna, a tantas cosas que han desaparecido».
La alegría del regreso se vio opacada al encontrar un municipio que poco avanzó en progreso
«Santa» Lopesierra a su regreso a Colombia, volvió al Maicao de sus amores, en su recorrido por el comercio encontró un municipio desolado, «Creo que hace falta una unión, este es un municipio que siempre salió adelante de muchas situaciones adversas que tuvo pues tiene una posición geográfica única, que se puede explotar en todo momento pero necesitamos de gestión, de congresistas que no le tengan miedo a los industriales, que puedan hablar por el pueblo, por la región, por La Guajira y por la actividad económica de esta frontera, que se enmarque dentro de la realidad que se necesita para este territorio, no lo que quieran otros imponernos; es que a Maicao le urge que el comercio se mantenga firme como una fuente de trabajo porque los que nacimos en esta tierra no fuimos educados con becas del gobierno, ni con auxilios parlamentarios, ni con las prebendas que tienen los grandes políticos para sus familias, a nosotros los maicaeros nos educaron con el esfuerzo de nuestros padres, trabajando en la actividad que siempre han tenido, es duro quitarle el pan de la boca a los hijos y la educación», puntualiza de manera vehemente el exparlamentario.
El economista afirma también que el comercio de Maicao siempre ha sido estigmatizado y lo trataban como contrabando «disfrutaban de la marca, venían a comprar, en sus reuniones se bebía el whisky que ellos llamaban de contrabando pero era un licor comprado aquí, por ello no debe haber esa actitud con los comerciantes de este municipio. Me dio mucha tristeza ver la situación de la plaza principal y los cambiadores de bolívares que hoy tienen unas gavetas vacías porque a este sector no los dejan de perseguir y no tienen en cuenta que hay tradiciones que no deben acabar y menos cuando de esa actividad han devengado su sustento toda la vida cientos de familias».
Los llamados cambiadores de bolívares de la plaza Simón Bolívar de Maicao, hacen parte de esa cultura que le da valor a la palabra empeñada, donde se entregaban enormes cantidades de bolívares, dólares y florines sin un documento, una próspera actividad que actualmente se ve gravemente afectada por la crisis del vecino país de Venezuela y la falta de una seguridad jurídica que los mantiene en un limbo y a expensas de ser requeridos por las autoridades aduaneras que no ven con buenos ojos esta actividad con la que han salido adelante cientos de familias sin necesariamente estar ligados a la ilegalidad.
«Se debe enmarcar dentro de otros parametros a las siguientes generaciones porque me dio tristeza ver a todas esas personas que manejaron esa actividad, acorralados, con miedo. Hay que seguir los buenos ejemplos y cumplir la ley pero para Maicao, como para muchos rincones de La Guajira, el progreso debe ser enmarcado dentro de lo que significa no abolir las costumbres porque es un cambio muy fuerte».
Que sigue para «Santa» Lopesierra?
Además de aprovechar al máximo su tiempo con la familia, «Santa» Lopesierra espera volver a reencontrarse con la «vieja guardia» de la política en La Guajira, con aquellos amigos con los que compartió ideales y sueños para cambiar el discurso pero recuperando la política de antes que estaba enmarcada en el verdadero servicio a la comunidad, «espero podamos organizarnos para cambiar esta política que veo que lo único que ha traído es desolación en todos los campos. Maicao necesita conciensar a la juventud, ese soporte que debemos tener, hablando claro y haciendo acuerdos».
Este enamorado eterno de la vida y de su Maicao, reconoce que al igual que sus contemporáneos en edad y en la política han cumplido un ciclo, hay ciertos parámetros que pueden servir de brújula para sacar adelante al departamento, erradicando un sistema político que no ha funcionado durante años como su pueblo lo necesita, por ello sugiere cambiar el esquema y darle el giro a los nuevos liderazgos enmarcados en el respeto, la transparencia y contra la corrupción con una política del pueblo y para el pueblo.
El líder nato, considera que a los gobernantes quien debe hacerles un llamado es el pueblo porque tiene la potestad de elegirlos y con el voto, castigarlos o premiarlos de acuerdo a su gestión. Cree firmemente en que los guajiros deben fortalecer sus bases electorales para no estar dependiendo de los mal llamados «caciques», ir a los barrios, a los pueblos, a las veredas a llevar el mensaje de un buen trabajo de gobierno y con ello deshacerse totalmente de los «barones» electorales porque son costosísimos para el progreso, «La Guajira necesita nuevos aspirantes, las nuevas generaciones necesitan integrarse con las comunidades, buscar el voto y vender imagen puerta a puerta, hacer los compromisos que La Guajira necesita».
Frente a los comicios electorales próximos a realizarse, Santander Lopesierra afirma que pese a que tiene solo cinco meses de haber retornado al país y tiene pocas visitas al territorio peninsular, reconoce que todo a cambiado porque hay ciertos grupos que no pueden participar en política y quienes quieren una política sana, tienen que rechazarlos porque se presentan con propuestas a cambio de «no puede haber nada a cambio de, cualquier persona te habla de 300 o 400 votos y es en base a dinero, eso no va porque la política hay que hacerla con base en las gestiones que tu puedas hacer, porque si vas a comprar votos, estás comprando conciencias y esa no es la manera para cambiar el destino del departamento, para que luego el candidato no diga: que reclamas si yo te cumplí porque te compré el voto y eso no es lo correcto».
«Santa» Lopesierra, un hombre libre de culpas y sin cadenas
Santander Lopesierra Gutiérrez no solo fue juzgado y condenado por un delito del que todavía y ya en libertad se defiende, perdió ver crecer a sus hijos y apenas tuvo tiempo para despedir a su padre, quien murió poco tiempo después de su retorno al país. Pese a casi 20 años de lejanía y tristeza, este hombre de cálida mirada y trato cordial, asegura no tener resentimiento contra nada ni contra nadie y aunque no niega hablar de los duros años en una cárcel de Estados Unidos, prefiere mirar lo positivo y afirma de manera tajante que las heridas del pasado son sanadas gracias al afecto de su familia y al cariño de los amigos y allegados.
«Llegué libre de culpas, de señalamientos, si alguna vez cometí un delito, creo que ya lo pagué».
Es de aclarar que pese a que Lopesierra Gutiérrez fue declarado culpable y pagó su condena completa según las leyes del gobierno americano, todavía se defiende «me fui a juicio porque no acepté mi culpabilidad y por eso me dieron ese número de años, los cumplí y en todo momento se supo que nunca dejé de luchar por mi libertad. Estuve en un juicio que duró cuatro meses, la deliberación fue de 11 días porque no me encontraban culpable. Mi proceso fue en el Distrito Especial de Washington, porque no tenía delito en ningún otro estado de Estados Unidos, nunca tuve personas que me señalaran dentro de ese país, me acusaron quienes querían la libertad a cambio de. Cumplí mi pena y pagué por las acusaciones del gobierno de USA y en Colombia no conozco una inspección de policía, lo que me permite afirmar que no tengo nada pendiente».
«Santa» no le presta atención a los frecuentes señalamientos que medios de comunicación nacional hacen a su nombre, sonríe cuando le llaman el «hombre Marlboro», pueden informar que lo extraditaron y los años que estuvo en prisión, que vendía cigarrillos y whisky y sigue sonriendo al considerar infundado el apodo de «rey del contrabando», cuando hacía lo mismo que hacían los demás en esa época. «Creo que yo era el que menos cigarrillo vendía en esos tiempos, hoy se me cuestiona porque hago fiestas, y a quien no le gusta una buena fiesta para compartir con amigos y familia?.
En las pocas salidas de «Santa» por el comercio de su natal Maicao, debe hacer largas escalas porque todos quieren saludar,abrazar y tomarse fotos con la leyenda en que se convirtió por su generosidad sin límites, por su mirada franca y la calidez que irradia, pero sobre todo porque se sobrepuso a la adversidad y hoy con corazón fortalecido por la espiritualidad, el cariño de amigos y familia, se levanta como el cardón guajiro que no lo marchita el sol y tal como la canción del maestro Leandro Díaz, puede afirmar que:
Quisieron acorralarme
Pa ver si tenía un desvío
Pero ese talento mío
Tiene un sentimiento grande
Y el que quiera derrotarme
Tiene su tiempo perdido…
«Dios siempre cuida a sus hijos bajo cualquier circunstancia, puedes estar en el foso más profundo, con los leones más hambrientos, que Dios siempre te va a proteger, ese es mi caso. El Creador ha sido severo conmigo en el castigo pero ha sido espléndido conmigo en las bendiciones, dándome el cariño del pueblo porque como dice la canción: -que culpa tengo yo, que la gente me quiera».
Mientras medios de comunicación nacionales e internacionales buscaban las primeras declaraciones de Samuel Santander Lopesierra Gutiérrez, el excongresista, el dirigente político, el extraditado y condenado en un país extranjero, en La a Pluma de Sandra buscamos al ser humano, al hombre libre, ese que se convirtió en leyenda y que durante generaciones, los habitantes de Maicao enseñaron a sus hijos a querer y a respetar por sus buenas acciones y porque nunca ningún maicaero o ningún foráneo ha hecho lo que hizo y aún después de tan amarga experiencia sigue haciendo: servir desde el corazón y sin ningún interés de contraprestación.

Agradecemos a «Santa» Lopesierra por escoger romper el silencio, tal como él mismo lo afirma: «en Maicao y con un medio de comunicación maicaero», por abrir su corazón y confiar en este portal web de provincia para mostrar su verdad, esa verdad que se niegan a descubrir los grandes medios.

