
POR: RAFAEL HUMBERTO FRÍAS
El gran sueño de los colombianos en los actuales momentos suele referirse a un nuevo propósito de país, a un nuevo régimen que promueva e impulse unos ideales que garanticen la oportunidad de prosperar y conducir la nación con características de éxito hacia la movilidad social para el bienestar de todos. Estos ideales los identifica la ciudadanía por las calles, barrios y veredas, con una democracia fuerte, una fuerza pública fuerte, la garantía de los derechos civiles, la libertad, la igualdad y la oportunidad de mejorar su calidad de vida.
El país sueña que cese la horrible noche de la pesadilla de la violencia, la corrupción, la inseguridad, el narcoterrorismo, el microtráfico, el fleteo, los cultivos ilícitos, la drogadicción, la guerrilla y el paramilitarismo, y, en consecuencia, las dos Colombia en que vivimos, el país de los privilegios para unos y las trampas de pobreza para otros. En el imaginario colectivo de la nación ronda la idea de que un nuevo país, si es posible, sin bajas pasiones ni polarizaciones, sino apostándole a un interés superior, que no es otro distinto, que la materialización de ese anhelo de prosperidad nacional en que se ha convertido el sueño colombiano. Que haya menos pobreza y mejor bienestar. Que haya más emprendedores y en consecuencia más empresas y oportunidades de trabajo digno y decente. Que haya menos regiones apartadas del centralismo y que la mermelada del presupuesto nacional se focalice en toda la tostada nacional.
Colombia viene explorando los escenarios institucionales y democráticos para aterrizar en la autopista de la paz con seguridad y garantía de los derechos de los ciudadanos, pero esto solo será posible, con un proyecto de unidad nacional donde quepan todos los colombianos, sin distingos de credos, religiones, ni adoctrinamiento político ni ideológico. Es decir, un proyecto colombianista donde quepa toda la sociedad con sus diferencias y coincidencias. El gran sueño de los colombianos es un país sin odios ni resentimientos, con ciudadanos sosegados, productivos, emprendedores, visionarios y progresistas, y que también desde su perspectiva hagan patria. Necesitamos instituciones que sean innovadoras para resolver los problemas y necesidades y garantizar los derechos de los ciudadanos, pero también se requieren ciudadanos que se eduquen y trabajen y sean buenos contribuyentes, y para eso, hay que prepararse, para que la oportunidad de un nuevo país nos encuentre preparados para abordarlo. Miremos que el gran sueño de muchos latinos entre ellos de muchos colombianos, los llevó a emigrar al país del norte en busca de una nueva vida y su realización personal para materializar sus sueños, otros miraron para Europa y se convirtió eso, en un éxodo de colombianos que abandonaron su patria y hasta vergüenza sienten de mostrar su cedula colombiana, por ausencia de oportunidades para prosperar.
Los colombianos en una actitud resiliente, persisten, y no renuncian a sus sueños, más bien, le imprimen un dinamo de energía a sus esfuerzos impulsados por sus sueños para alcanzarlos. Así como el pastor y activista, Martin Luther King, tuvo un sueño, hasta convertirse en premio nobel de paz, por la igualdad de los derechos civiles. En Colombia también se sueña con un país, donde cese la violencia, la corrupción y el narcotráfico. Un país con una sociedad fundamentada en el respeto por la vida, por la dignidad humana de las personas, los principios, los valores de la igualdad y la solidaridad, con el pleno reconocimiento de los derechos civiles, las libertades y el orden de nuestras comunidades. Los colombianos aún sueñan que sus hijos no vean manchadas con sangre las calles de sus pueblos y ciudades, que puedan disfrutar del paisaje urbano y natural sin violencia y que puedan vivir en municipios y departamentos seguros, donde reine la armonía y la concordia entre las familias.
Se sueña con un país que voltea la mirada hacia el campo para poner a parir la tierra, haciendo un uso eficiente y racional del agua y todos los recursos naturales, con un profundo respeto por la madre naturaleza. Un país que garantice una educación y salud de calidad y donde se respeten las canas de los que hicieron buen uso de la edad económicamente activa y hoy merecen disfrutar de sus pensiones. Un país donde lo público sea sagrado y se haga público todo lo público y se salga a gobernar con los colombianos, hasta conocer cómo viven y como angustian sus problemas. Ese en parte es el gran sueño de los colombianos, que como líder de opinión recojo desde la perspectiva de nuestras comunidades.

