POR: RAFAEL HUMBERTO FRÍAS MENDOZA
Colombia tiene muchas expectativas por el anuncio de las nuevas reformas del gobierno nacional para convertir al país en una Colombia humana y en una potencia mundial de la vida. Indudablemente que el verdadero cambio está en las reformas estructurales del estado y no en el cambio de los protagonistas que gobiernan. Por eso, los anuncios de la reforma tributaria, la reforma al sistema electoral, la reforma al sistema de justicia, la reforma en la cúpula militar y de la policía, lo mismo que, la transición energética para que Colombia cambie su vocación productiva y pase de tener una economía de enclave extractivo con el carbón y el petróleo a una economía productiva que voltea la mirada hacia el campo han generado tantas expectativas en la población. Es verdad que hay muchos paradigmas y estereotipos que romper lenta y gradualmente en la medida que avanza el gobierno para que la población recupere la confianza en el establecimiento, porque el país sigue dividido como cuando gobernaba la derecha, simplemente se volteó la arepa. Ahora medio país esta expectante, incrédulo y escéptico, y el otro, aplaude los anuncios y avances del gobierno nacional, pero lo cierto es, que el presidente Petro ha comprendido que no puede gobernar solo con medio país, al país entero, y de allí surge su maravillosa idea del gran acuerdo nacional que viene materializando. Hasta ahora los cambios de forma del gobierno, han sido positivos y de buen recibo, pero faltan los cambios de fondo que son los que marcaran nuestras vidas para siempre, de manera positiva o negativa, según sean las decisiones. La posesión Presidencial llena de colorido y multiculturalidad, con la presencia del pueblo raso, en representación de los nadie y las nadie, marcó un hito en la historia política nacional. Del mismo modo, la ausencia de la alfombra roja y de la pompa y el protocolo que le eran propios y la presencia del pueblo que elije, lo mismo que, la espada de Bolívar como un símbolo nacional de libertad, también pasarán a la historia. Pero indudablemente, que el gran reto del gobierno nacional además de emprender una cruzada por la pobreza y la desigualdad hasta cambiarle la cara a Colombia como el segundo país más desigual en Latinoamérica, está en las leyes que se aprueben en el congreso para transformar el estado. El camino está expedito, el pacto histórico tiene las mayorías, solo falta el tino para acertar en unas reformas que realmente ratifiquen esa idea motivadora de cambio por la que voto el país mayoritariamente y que eligió al actual presidente. Estamos en una coyuntura histórica crucial para nuestro país y nuestra patria, no es nada fácil gobernar un país donde hay que administrar las vidas de más de cincuenta millones de colombianos con distintas visiones y fuertes convicciones ideológicas, donde reina la diversidad y la juventud viene reclamando sus espacios democráticos como protagonistas. Es indudable que las reformas son inminentes, todos queremos vivir en un nuevo país, donde quepamos todos con nuestras diferencias y coincidencias. Pero ese modelo de país que esperamos, sencillamente debe mejorar nuestra calidad de vida y los índices de desarrollo humano y las necesidades básicas de las poblaciones más apartadas de la patria. Se debe acabar el país de los privilegios y la corrupción sistemática del estado y ese aberrante país centralista que gobierna desde el centro y para el centro y se olvida de las regiones periféricas donde pulula la pobreza que muchos presidentes no lograron conocer. La Colombia humana y la potencia mundial de la vida, es un nuevo propósito de país donde no deben morir mas niños de hambre y donde no se extingan por falta de seguridad alimentaria nuestras culturas milenarias. En este nuevo país se debe garantizar el mínimo vital de agua y alimentos, y no debe existir territorios donde se haya declarado el estado de cosas inconstitucionales como La Guajira, y donde el estado siga inerme de brazos cruzados sin intervenciones estructurales para conjurarlas. Realmente Colombia espera un cambio, un cambio de protagonistas y de políticas públicas, donde podamos vivir en paz, con seguridad ciudadana, sin corrupción, y donde haya empleo digno y decente para todos, para poder invertir y producir. Si es cierto que la segunda oportunidad existe en los cielos de Macondo y que los colombianos debemos rehabilitar una sociedad que sueña con la excelencia.