
Soy Juana Cordero Moscote, y mi historia de vida se resume en una recopilación de mucho esfuerzo, trabajo y valentía, acompañado siempre de la pasión y el propósito de servir. Nací el 27 de noviembre de 1985, tengo 37 años, y soy orgullosa tataranieta de Francisco el Hombre y mamá de dos hijas extraordinarias, que son mi motor para trabajar por una mejor ciudad y un mejor país. La educación ha sido clave en mi vida.
Entendí que gracias a ella podemos transformar realidades y tener mejores oportunidades, y que la educación con calidad no debe ser un privilegio, sino un derecho. Soy bachiller del Colegio La Sagrada Familia, fisioterapeuta de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, especialista en Gerencia de Servicios de Salud de la Universidad del Norte de Barranquilla y estudiante de Gobierno, Políticas Públicas y gestión de entidades territoriales de la Universidad Externado de Colombia. El servicio a la comunidad es un pilar fundamental. Mis inicios laborales se dieron fuera de Riohacha, específicamente en los Municipios de Albania y Uribia en cargos de dirección y alta gerencia. Hace 9 años decidí volver a Riohacha con el propósito de contribuir al desarrollo de mi ciudad desde mi conocimiento y experiencia, y de mejorar la calidad de vida de los Riohacheros. En mi ciudad fui gerente general de la IPSI AINMAJAA WAYUU y coordinadora de proyectos de la Fundación Impulsar así cómo gestora del voluntariado Juntos para Ayudar y el Movimiento cívico y ciudadano Amor Por Riohacha.

Como mujer Riohachera, siempre he trabajado por empoderar a otras personas, en darles las herramientas para que sean voces escuchadas y constructoras de ciudad. No he parado de caminar y estudiar a Riohacha, de escuchar a su gente, sus historias de vida y sus dolores y lo que me he encontrado es una gran desesperanza porque los políticos no han cumplido y han jugado por años con su sueños, dignidad e ilusiones.

Por eso decidí entrar a la política, por eso me atrevo, porque sueño con una cuidad donde entendamos el valor que tenemos, donde no vendamos nuestra dignidad y donde seamos capaces de volver a soñar, donde recuperemos la esperanza que nos han arrebatado por años y nos unamos para trabajar en construir la ciudad que nos merecemos por nosotros, nuestros hijos y las generaciones que siguen.




