POR: RAFAEL HUMBERTO FRÍAS MENDOZA
En un atentado contra el honor y el buen nombre, la reputación y el prestigio del alcalde de San Juan del Cesar, se han convertido los improperios y las injurias lanzadas por un desconocido a la luz pública contra la primera autoridad local. Pero lo que más duele a la sociedad sanjuanera en su mayoría, es que se haya puesto en el escarnio público a la primera autoridad popularmente elegida y que se haya traslado un problema personal para convertirlo en un problema municipal. Indigna de verdad, verdad, cuando se observa cómo se utilizan los micrófonos de una estación radial tan llena de mística, de altura, de profesionalismo y de mucho servicio al desarrollo del departamento, para ponerla al servicio de unos intereses particulares.
Como si se tratara de tirar del mantel para manchar el buen nombre de los que están alrededor de la mesa de gobierno. Donde está el amor por San Juan, por nuestros antepasados, por su himno y su bandera y por aquellas adalides de la libertad que como espadachines del patriotismo edificaron con creses este pueblo señorial que hoy heredamos para que saliera de las tinieblas y de la ignominia. Hoy los sanjuaneros somos un pueblo grande y muy reconocido por haber llegado temprano al reparto de los talentos, para que venga alguien que por respeto a su dignidad no daré su nombre, a manchar con sus intereses llenos de odio el buen nombre y la idiosincrasia de este pueblo.
El alcalde de San Juan del Cesar, solo por la dignidad que ostenta es merecedor del respeto de los ciudadanos de bien que reconocen la constitución y las leyes y la estructura del estado colombiano para tributarle en el estado de derechos los honores que se merece. A un alcalde no se le lanzan acusaciones condenatorias como si fuera un delincuente solo porque no representa unos intereses particulares ni porque hizo uso de su autoridad y la autonomía que le da la ley, para no dejarse someter, ni manipular como una marioneta, ni como un monigote al antojo de otro que se crea su jefe o emperador del reino y que ha querido manejarlo con un dedo como el ventrílocuo de Carlos Donoso.
La buena fe se presume, la mala fe se demuestra. Nadie es condenado antes, hasta que sea vencido en juicio. Solo los loros repiten lo que escuchan. Nadie es más porque lo aplaudan ni menos porque lo injurien o lo calumnien, lo que alguien es, eso es. Además, en estos pueblos de provincia todos sabemos quiénes somos y de dónde venimos. Por eso, en aras de que se conozca la verdad y solamente la verdad prevalezca, es menester que no haya intromisión de personas ajenas a los asuntos municipales y a los intereses de los verdaderos protagonistas.
Sanjuanero no come sanjuanero, porque es atentar contra uno mismo, nosotros todos somos de aquí y nos quedamos a vivir aquí entre nosotros mismos, los foráneos se van. Vivimos en el mismo pedacito de suelo y de cielo de nuestros abuelos y tomamos de la misma agua y tenemos los mismos sueños de bienestar y prosperidad. Me resisto a creer, que los dos premios de alta gerencia obtenidos por el alcalde ante el departamento administrativo de la función pública por dos veces consecutiva y los reconocimientos como buen alcalde, hayan despertado el sentimiento malsano de la persecución, la envidia, el odio y el rencor como para no generar un escenario de perdón y olvido entre amigos y paisanos. San Juan es el que más pierde con estas rencillas intestinales que dañan su imagen y lo ponen en la picota pública bajándolo del pedestal en que siempre ha estado como una sociedad educada y culta.
Estos improperios contra la primera autoridad es un mal ejemplo para las presentes y futuras generaciones que esperan un ambiente de paz, armonía y convivencia de sus autoridades y sus mayores donde solo encuentran la polarización con un ambiente hostil que los agrede y los envilece. Bienvenida la oposición patriótica y constructiva sin odios ni rencores en San Juan. Esa oposición que no está de acuerdo como se hacen las cosas porque saben cómo se hacen y muestran el camino a seguir. Pero rechazamos esa oposición destructiva que se cree sabia en su propia opinión y quiere convertirse en un palo en la rueda para que el gobierno local no avance, obstruyéndolo todo y acudiendo a los perfiles falsos, los pasquines y documentos apócrifos para hacer daño.