Las guitarras lloran cuando no siente el calor del pecho de su dueño

Por: Hermes Francisco Daza

Quienes conocieron a “Lucho” Gutiérrez, creo que no alcanzaron a definirlo en su totalidad. Al parecer fue un hombre parco, cuyo mundo estuvo sometido a desentrañar del corazón de su guitarra, las melodías sublimes que endulzaron en noches de plenilunio a las doncellas de alma púrpura que se embriagaban como cuando se arrobaban en el sonido dulce del viento.

Fue el 21 de diciembre de 1931 su llegada al mundo en el entonces poblado de San Juan del Cesar sur de La Guajira, del niño Luis Alberto Gutiérrez Romero cuyos padres fueron Víctor Manuel Gutiérrez y Candelaria Romero. Fueron sus hermanos: Priscila, Dioselina, Liduvina, Laureano, Esther, Eloísa, Olga, Zenaida y Manuel de Jesús.

Parte de su niñez y adolescencia la vivió en la población de Cañaverales donde se desempeñó en labores del campo como también arriando las mulas en los trapiches o moliendas de caña en dicha región.

En su adolescencia fértil se aventura a conocer otros lares y se traslada a la población de La Jagua del Pilar donde se dedica a las labores campesinas y al cultivo del arte musical. De esta manera, hace parte de la banda de músicos de esa población direccionada por los hermanos Alonso y Alcides Lagos.

Luis Alberto “Lucho” Gutiérrez se dio a conocer a través de la música, más tarde formó parte de la banda de músicos de los hermanos Calderón en La Paz – Cesar. Pero no solo su afición fue la música, también hizo su aporte social cuando se desempeñó como corregidor de La Jagua en que gestionó la compra de la primera planta eléctrica, e instalación de las redes de distribución de energía en cada hogar.

En su cargo de corregidor logró además la construcción del acueducto con el agua traída desde la “Sierra Montaña” hasta las viviendas. Ya eran conocidas sus actitudes de guitarrista dada su participación en las bandas musicales de La Jagua y de La Paz como corista.

La música le abrió las puertas al amor y es así como inicia su vida pasionaria en La Jagua con Francia Saurith cuyos hijos fueron Víctor Alberto y Luz Mabel. Sus flirteos amorosos siguieron vagando incesantes y se compromete con Rosa Cárdenas de cuya unión hubo un hijo, José Luis (fallecido).

Luego se conoce con Juana Esther Balcázar de cuya unión nacieron siete hijos: Ana Delia, Luis Eduardo, Rosa Marina, Wilmer Enrique, Alma Luz, Luis Alberto y Candelaria.

Luego de su periplo amoroso regresa a Cañaverales donde ocupa el cargo de corregidor y con el apoyo de varios ciudadanos como Israel Gámez, Francisca Pitre, Manolo Moscote, Isaías Gámez, Antonio Fuentes, Manuel Vuelvas, Rafael Gutiérrez entre otros se logró construir a hombro el acueducto desde el “manantial” llevando el agua a cada una de las viviendas.

En esta población conoció a Hernando Marín Lacouture con quien recorrió muchos lugares amenizando parrandas. También formó dúo con “Chiche” Badillo, Javier Gámez, Osman Bermúdez lo mismo con su amigo Hugues Martínez de Cañaverales.

En últimas decide aterrizar en San Juan del Cesar donde se desempeñó como inspector de policía y casos verbales. Su corazón sintió de nuevo el flechazo de Cupido y sentimentalmente se une con Rita Fuentes con quien no tuvo descendencia. Pero tuvo la dicha de sentir el cariño de los hijos de esta: Armando, Yolanda, Amaury y Deniris (fallecida).

Su desbocado corazón late impetuoso y hace vida hogareña con Socorro Ramírez y de esta unión nacieron Graciela y Wilman Luis. De igual manera, los hijos anteriores de Socorro como Norelis, Javier, Roberto y Edward sintieron por “Lucho” verdadero afecto de padre.

Cansado de volar, busca donde hacer su nido y forma su último hogar con Genith Cuello Mendoza con quien tuvo una hija, Rosa Benigna.

Tuvo la dicha de cultivar buenas amistades gracias a su don de gente que siempre lo caracterizó. En La Jagua dejó el recuerdo de amigos como Alonso y Alcides Lagos, Manuel Enrique Manjarrez, Sabina Mendoza Maestre, Epifanio Manjarrez, Patricia Balcázar, Rosa y Tito Lagos y Alfonso Reales entre otros.

En Cañaverales conservó amistad con Francisca “Kika” Pitre, Manolo Moscote, Israel e Isaías Gámez y Rafael Gutiérrez.

En San Juan del Cesar fue muy estimado por sus amigos como el odontólogo Urbano Bermúdez, Santos Carrascal Molina, Rafael Carrascal, el Profesor “Pelongo” Ariza Molina, Rafael Cuello, Enrique Cabas Escárraga (fallecido). Rafael Carillo Celedón, Martín Castrillo Pedrozo, Enrique Brito, Wildo Daza, Saúl Hinojosa Fernández (fallecido) y su esposa Pina de Hinojosa.

En Riohacha tuvo varias amistades como el exsenador Eduardo Abuchaibe Ochoa (fallecido), Ronaldo Redondo y su hermano Danger Redondo lo mismo que lo fue de Ismael Henríquez Pinedo (fallecido).

En los últimos años de su existencia se denotaba en él ese cansancio letal que deja los sinsabores de una vida trajinada, a pesar de llevar la música en el alma.

Su mediana estatura parecía ocultar sus años de padecimientos físicos. Caminaba y caminaba siempre con su guitarra en su estuche colgada del hombro izquierdo y a veces parecía que llevara sobre sus espaldas el peso de una soledad amarga.

En sus recuerdos de nostalgia le llegaba el aroma de amor adolescente cuando sus canciones verdes cristal endulzaban el oído de la amada y la luna de terciopelo blanco bañaba las calles arenosas de su San Juan querido.

Hasta que un día cualquiera, sus dedos anquilosados dejaron de rasgar las cuerdas de su guitarra, su compañera inseparable. El dulce golpe final marcaría pronto el fin de su existencia.

La guitarra enmudeció, sus arpegios sutiles como perfume a brisa de verano quedaron embrujados en un silencio de oro. Ella cuelga muda en el cuarto taciturno y dicen que de ella se dejan escapar lágrimas amargas; iguales que las guitarras que lloran cuando no sienten el calor del pecho de quien fuera su dueño que yace en la tumba fría.

Su descendencia es innumerable en cuanto al número de hijos, nietos y bisnietos que lamentan la pérdida irreparable del padre, del abuelo y del bisabuelo.

En homenaje a Luis Alberto Gutiérrez Romero

Las siguientes palabras fueron pronunciadas por el profesor Martín Castrillo Pedrozo el 30 de noviembre de 2018 en el homenaje que se tributó al guitarrista Luis Alberto “Lucho” Gutiérrez Romero por su aporte musical y valor de nuestra música provinciana.

Buenas tardes.

Con la alegría que este acto me produce, me resulta muy grato darles a los presentes la bienvenida y las gracias por acompañarnos a brindarle este sencillo y significativo homenaje al amigo y maestro Luis Alberto Gutiérrez Romero.

Aquí se encuentran presentes tus familiares, tus amigos, amigos llegados de otros municipios que han venido a compartir con nosotros este merecido homenaje. Gracias a todos.

Reitero las gracias a todos los artistas aquí presentes. Gracias a Heriberto Urbina y su señora por prestarnos este bonito y acogedor sitio para esta importante ocasión. Y gracias a los periodistas por difundir y promover este acto y a todos los que han hecho posible este homenaje.

Siéntanse como en su casa y reiteroles a nuestros invitados las gracias por la distinción que nos hacen con su presencia en este importante acto de reconocimiento y valoración a un artista, a un maestro y a un amigo inolvidable

Se trata de un hombre que ha hecho de la música en guitarra un periplo interminable. Un maestro que no ha enseñado en las aulas académicas, pero si en las salas de muchos hogares donde ha influenciado enormemente en la personalidad musical de muchos jóvenes guitarristas sanjuaneros.

Un músico de cuerdas en sus dedos y de voz para enseñar con sabia paciencia la hondura de la estética musical, también la pasión por la vida, la vida cotidiana en el corazón de una guitarra.

Querido “Lucho”, hoy nos sentimos felices por este acto de gratitud que tus amigos te hemos preparado, por ello, quiero señalar dos motivos.

Primero: Este es el primer homenaje oficial que los artistas sanjuaneros y amigos de estos le hacemos a un artífice de nuestra música provinciana.

Segundo: Los artistas sanjuaneros comienzan a reconocerse y reconocer sus valores y sus talentos. Eso también lo has producido tú con tus dones, tus valores, tu exquisita melodía y tu admiración.

Para los que conocemos y sabemos del maestro “Lucho” Gutiérrez como músico, sabemos que se trata de una tarea bastante ardua intentar entrar y salir de su tramada existencia profesional. Su extensa vida, su entrega total al trabajo musical, su paciencia docente, todo eso, han hecho de este hombre, de este artista criollo, sanjuanero, una manera de ser.

Se trata de un ser humano sencillo, que cruza las calles de la ciudad de San Juan  del Cesar con su instrumento al hombro y el silencio de su andar.

Amigo “Lucho”, bien sabes tú que la música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido; que la verdadera belleza de la música es que conecta a las personas, lleva un mensaje al pueblo y los músicos son los mensajeros.

Sabes igualmente “Lucho” Gutiérrez que los músicos como tú son la voz alta para muchos corazones silenciosos. Que sin música la vida es como un viaje por el desierto, solo y silencioso.

“Lucho”, nosotros también sabemos que si dejas de tocar la guitarra, un día lo notarás tú; si dejas de tocar la guitarra dos días lo notará Hernando Marín en el cielo. Pero si dejas de tocar la guitarra tres días empezará a notarlo el pueblo sanjuanero.

Con tus recuerdos, con tus notas musicales y con ese pedazo de guitarra, como dijera Alejandro Durán Díaz con su pedazo de acordeón, tendremos una guitarra para siempre.

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