POR ALEJANDRO RUTTO MARTINEZ
Mi nombre es Silencio, soy un ser lleno de virtudes entre las que destaco prudencia, discreción y, como mi nombre lo indicen guardar silencio cuando no es hora de hablar.
Soy amable y una fuente inagotable de ternura. Tengo una mirada profunda, escrutadora y unos ojos que contagian amor y tranquilidad.
Si usted me mira directo a los ojos se quitará de encima el peso del estrés y de las preocupaciones. Mis hermosos ojos verdes fueron hechos por Dios para transmitir la paz desde el cielo hasta la tierra.
Si algún día me miras fijamente, te perderás en el horizonte de mis pupilas y ya no volverás a enojarte ni a sentir aprensión, ansiedad ni miedo de nada. Para eso me hizo el Creador.
A estas alturas debo decirte que soy una hermosa e inteligente gatita de dos años de edad, de raza barsina, de tamaño mediano, hermoso y pulcro pelaje en el que predominan ciertas tonalidades de colores verdes, negros y grises. Si me ves, será inevitable que te enamoras de mis tiernas caricias, mi mirada conquistadora y mi presencia llena de buenas energías.
Llegué a la casa de Santi Rutto una linda mañana de marzo y he crecido acompañada de sus grandes cuidados. Al principio fue un poco difícil la convivencia con dos tozudos y remolones habitantes de la casa con quienes fue difícil entenderme. Son ellos dos desastrosos perros llamados Azul y Bartola.
Azul es un falso que engaña hasta con el nombre porque no es azul sino blanco o beige, vaya usted a saber y tampoco es blanco ni beige sino marrón como la tierra en la que le gusta empapar los largos pelos de su raza fresh poodle.
Él se cree de mejor familia porque cuando lo llevan al salón de belleza lo arreglan muy bien y hay que reconocer que se ve hermoso. Un día lo llevaron y lo trajeron vestido con smoking, listo para acompañar al hermano se Santi en su entrada al lugar en donde se casaba con Darle, mi madrina. Allá fue todo un acontecimiento…la gente y hasta el mismo Azul pensaron que era éste el que se casaba. Todas las muchachas de la fiesta estaban enloquecidas con él y ni decir de las perritas. Ese día se tomaron más fotos con Azul que con los novios.
Pero no les voy a hablar más de ese perro grosero porque la protagonista de la historia soy yo, aunque debo dedicar algunas líneas a Bartola, una perrita criolla mayorcita, gruñona y altiva que se cree la dueña de la casa. Varias veces me ha tocado ponerla en su lugar para que me deje en paz, pero ella es muy malgeniada. A pesar de eso me arriesgo de vez en cuando a raponearle sus croquetas y, cuando ella reacciona con rabia, corro a subirme en lo más alto de un árbol de torombolo a donde por fortuna solo llegan sus estruendosos ladridos.
Mis humanos, como todos ellos, se creen los amos, porque ignoran que los gatos somos los dueños del mundo. Como ustedes bien saben los gatos somos los propietarios del planeta y de las y les hacemos a ellos el favor de dejarlos vivir con nosotros.
A los míos les agrado porque soy experta en limpieza: desde que llegué hice una feroz persecución contra las ratas. Fui tan efectiva que hoy no existe un solo roedor en mil metros a la redonda.
También me pidieron que ahuyentara a las palomas, que son como ratas voladoras, misión que cumplí con especial agrado, aunque acaté la sugerencia de que no las lastimara ni me las comiera, sino que las hiciera mudarse. No estuve tan de acuerdo con eso de dejarlas ir porque deseaba saborear su deliciosa carne, pero preferí llevar la fiesta en paz. Hoy no tenemos en la casa ni ratas ni palomas pero no he podido deshacerme de Azul ni de Bartola, así que hoy en día compartimos civilizadamente hasta donde podamos y mientras ellos no me falten es respeto.
Bueno, mis amigos, quisiera contarles mucho más, como mis emocionantes aventuras con las iguanas, mis habilidades para la cacería y las propiedades terapéuticas de mis ojos y de mis buenas energías, pero ahora debo volver a mis tareas de mamá responsable. Algún día les contaré de mis amores en lo alto de los techos, esperen a que tenga un poco más de tiempo. Sólo puedo adelantarles que el irresponsable de mi novio desapareció después de embarazarme y ahora soy una feliz madre soltera de seis hermosos y tiernos gatitos a los que debo cuidar.
Esto último, cuidarlos, lo hago con mucho amor porque son mis hijos y porque en sus hermosos ojitos ya veo la bondad que vive en mí.
No me vayan a decir mala madre por lo que escribo a continuación: estoy concediéndole a quien lo desee, el honor y el privilegio de adoptar y consentir uno de mis gatitos. Será la mejor decisión que usted puede tomar en el comienzo del año. Cualquiera de mis bebés te garantiza amor, ternura y una dulce mirada gatuna que cura todos los males.

