LA GUAJIRA: ¿INMOVILIDAD O AVENTURERISMO?

POR ROBERTO GUTIÉRREZ CASTAÑEDA

Leyendo el libro EL LABERINTO DE LOS EXTRAVIADOS, del autor libanés Amin Maalof, encuentro episodios que parecen extraídos de la historia de La Guajira, pero en particular de Riohacha. En él se estudia las oportunidades que tuvieron los países en su época y la errática visión de sus dirigentes y las camarillas cercanas al poder; algunos por arriesgado aventurerismo y otros por inexplicable inmovilismo.

Si nos leen el  discurso pronunciado por Mijaíl Gorbachov el 25 de diciembre de 1991cuando anunciaba la desintegración de la Unión Soviética sin anunciarnos quien es el orador ni el ente territorial al que se refiere pensaremos de inmediato que están haciendo la patética descripción del caótico, anacrónico y desvergonzado historial de nuestro territorio. Decía Gorbachov: “El destino ha querido que,… en el momento en que estamos el país estuviese en muy malas condiciones. Sin embargo tenemos  de todo y en  abundancia: tierra, petróleo, gas, carbón, metales preciosos y muchas otra riquezas naturales. Y también inteligencia y talento que Dios nos ha prodigado sin tasa. Pese a ello vivimos mucho peor que en los departamentos desarrollados y cada vez nos atrasamos más en comparación con ellos”.

Surge de inmediato una pregunta: ¿Por qué?

Porque nuestra sociedad se asfixia en el dogal de un sistema impuesto por una camarilla compuesta por dirigentes inmutables e insensibles que se pasan el poder de mano en mano sin importarles ni preocuparles lo que puedan pensar los ciudadanos.

Otro defecto es que se embarcan en proyectos suntuosos sin utilidad apreciable, rayanos en el aventurerismo o se niegan a adelantar otros que su dimensión y utilidad sobre pasa la dimensión de sus aspiraciones y caen el inmovilismo administrativo cuando lo aconsejable es conservar continuamente un equilibrio entre la sensatez y la audacia.

Por todo ello es necesario, urgente y perentorio un cambio radical.

En la mitología griega, los sentimientos los representaban divinidades alegóricas; HIBRIS era la diosa de la soberbia y decían que cuando los dioses quieren destruir a alguien, lo vuelven soberbios. Todos los hombres que logran encumbrarse por encima de sus semejantes por su riqueza, estatus, poderío, talento  generalmente se cruzan con HIBRIS y son pocos los que logran resistirse a ella y en su megalomanía llevan, como ha sucedido en La Guajira, a la catástrofe, la desolación y desesperanza.

Decía un dirigente chino refiriéndose a su pueblo, y aquí surge otra semejanza con La Guajira y Riohacha: “El futuro de nuestro país no procede de su debilidad financiera ni de los riesgos de fragmentación que resultantes de los desórdenes políticos. El verdadero peligro reside en el hecho de que el universo mental de todo el pueblo está hueco y deteriorado”.

Establecido el diagnóstico del cáncer que corroe nuestra sociedad y debilita la institucionalidad es menester que hagamos nuestro el lema que aparece en La Tempestad de Shakespeare: “Lo pasado es el prólogo y lo que viene hemos de ejecutarlo nosotros”.

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