Por: Felix Lopesierra Mejia
Maicao, como ciudad de frontera, ha sido históricamente un ejemplo de resiliencia y dinamismo económico. Su gente, caracterizada por el empuje y la capacidad de adaptación, ha sabido hacer del comercio una herramienta de progreso. Ante los desafíos actuales, es comprensible que surjan voces de preocupación por la competencia desleal y el desequilibrio en las reglas del juego. Sin embargo, es fundamental que este debate se aborde desde la objetividad, la responsabilidad institucional y, sobre todo, la construcción colectiva, lejos de cualquier sesgo político o prejuicio que desvíe el foco de lo esencial: proteger y dinamizar la economía local sin fomentar exclusiones ni discursos de división.
La denuncia sobre prácticas comerciales irregulares disfrazadas de legalidad es legítima y debe ser atendida con seriedad. No puede haber dos tipos de legalidad: una estricta para el comerciante local que tributa, contrata legalmente y cumple con cada requisito, y otra permisiva para quien evade el sistema por rutas irregulares. Esta situación no solo afecta la competitividad del comercio formal, sino que debilita el tejido económico y social de Maicao. Por tanto, es indispensable exigir que los entes de control, como la DIAN, la Cámara de Comercio, Migración Colombia y las autoridades municipales, actúen coordinadamente y garanticen condiciones de equidad para todos.
No obstante, es igualmente importante no caer en generalizaciones que estigmaticen a comerciantes por su nacionalidad o procedencia. El problema no es el origen, sino la forma en que se opera dentro del marco legal colombiano. Muchos comerciantes extranjeros, especialmente venezolanos, han contribuido de forma honesta y formal a la economía local, incluso generando empleo y ofreciendo productos y servicios de calidad. Lo que debe combatirse es el uso indebido de figuras jurídicas para evadir responsabilidades tributarias, laborales o urbanas, sin criminalizar el espíritu emprendedor de ningún grupo.
La propuesta de activar la Ley 2135 de 2021, conocida como Ley de Fronteras, es un paso acertado en la dirección correcta.
Además, cualquier política pública que se impulse debe estar respaldada por datos confiables, diálogo entre los sectores y una visión a largo plazo. No podemos construir una economía sólida desde la confrontación o el proteccionismo mal entendido, sino desde la articulación entre legalidad, inclusión y competitividad.
Este llamado debe ser no solo a las autoridades, sino a toda la ciudadanía. Comprar en el comercio local formal, exigir facturación, apoyar a quienes cumplen y denunciar irregularidades no es un gesto menor: es un acto de compromiso con el bienestar común.
Hoy más que nunca, Maicao necesita unidad y claridad. Defender el comercio local no significa cerrar las puertas al intercambio o al migrante emprendedor, sino garantizar que todos —sin excepción— compitan bajo las mismas reglas, contribuyan al desarrollo y respeten la legalidad.
El futuro económico de Maicao no puede definirse desde la polarización. Necesitamos instituciones que funcionen, comerciantes que cumplan, y ciudadanos que participen activamente en la construcción de una economía justa, inclusiva y sostenible.🎯#Felop


