¿Quién fue el Mono Robles?

Por: Mag. Jairo de Jesús Escobar Arregocès

«En el eterno recuerdo de Orlando Hermenegildo Robles Bernier que ahora descansa en paz, pero cuyo espíritu siempre estará presente en nuestras mentes y corazones.»

Ya con 8 años sentía que el alma de mi tío Mono era especial. Emanaba un áurea de tranquilidad y paz que hacía que todo el mundo lo quisiera. “Me voy con mi Tío Mono”, le decía yo en Barrancas, en la Casa de la tía  Rosalía Arregocès de Solano, ya que me intrigaban sus muchos viajes y aventuras alrededor del Magdalena Grande. Esta frase ha persistido hasta hoy  convirtiéndose en su saludo célebre cada vez que me veía.

La Familia Robles Bernier, Robles Chávez, Robles Gómez, Robles Cataño, Robles Acuña, los Hermanos Escobar Arregocès, hijos de su hermano querido René Escobar Robles y demás familiares Robles en Riohacha, La Academia de Historia de La Guajira, y amigos de distintas partes de Colombia y del mundo, rendimos hoy tributo de admiración y respeto al muy querido “Mono Robles”, por su sensible fallecimiento el día lunes 26 de mayo al medio día, en la dulce compañía de nuestra gran tía Paulina Robles Bernier, su hermana adorada, y después de haber dialogado por celular con todos sus familiares en los Estados Unidos, como si presintiera que esa sería su última conversación familiar en este valle terrenal. O tal vez como una divina concesión que Dios otorga a sus criaturas más queridas, a las personas buenas de verdad como lo fue el Tío Mono.

Una muerte tranquila, tal como él merecía, no hubo dolor ni sufrimiento en camas, ni hospitales. Se nos fue discretamente, con esa elegante discreción que lo acompañó toda su vida.

Hijo del notario Francisco Tomás “Pachito” Robles Gómez y doña Esther Bernier, nació en San Juan del Cesar un 31 de diciembre del 1937. Cuando lo vieron crecer, mono y de ojos azules, también lo bautizaron como El Mono Robles.

A muy corta edad se trasladó con su familia a Riohacha donde cursó su primaria en la Complementaria de la época cuyo director era el muy apreciado educador José María Redondo Rojas. Cursó dos años de bachillerato en el Liceo Nacional Almirante Padilla. Y en Santa Marta terminó su bachillerato académico en el Liceo Celedón. Se distinguió por ser un estudiante disciplinado, metódico e inteligente. Posteriormente siguió sus estudios universitarios en los años 60’s en la Universidad Las Américas de Bogotá, donde obtuvo el título de Ingeniero de Minas y Petróleo, en el año de 1965.

Trabajó en Ecopetrol tres años y luego viajó a los Estados Unidos, a la Universidad de Kansas (KU), para realizar una maestría en Perforación y  Cementación. Allí conoció a Mary Chávez, una gran dama, muy querida por toda nuestra familia, con quien contrajo matrimonio y de cuya unión nacieron sus 3 hijos: el mayor Francisco José, Ph.D en Ciencias Políticas, quien vive actualmente en los EEUU, aportó su grano de arena al desarrollo de nuestra región como  secretario de gobierno del Dpto. en la Administración del Dr. Wilder Guerra Curvelo. La segunda es Angélica María, título de Angie, vive en EEUU, y también pasó un tiempo con su familia entre nosotros. Y el tercero, David Alexander, Doctor en Antropología, vive en Riohacha y es Docente en Uniguajira. Así, sus tres hijos, para gran orgullo del Tío Mono, compartían con él su amor por Riohacha y La Guajira. Fue su gran legado.

El Tío Mono fue un viajero incansable, amante de las distintas culturas que conoció. Durante el tiempo largo que estuvo trabajando en la empresa petrolera Halliburton, en distintos cargos de alta responsabilidad, tuvo la oportunidad de conocer sitios tan diferentes como los Emiratos Emiratos Árabes Unidos;  Salvador de Bahía, Brasil; Talara, Perú; Quito, Ecuador; y, por supuesto, distintas partes de Colombia ya que, con sede en Bogotá, estuvo al frente de las operaciones del país. En Estados Unidos vivió en Oklahoma, Houston, Topeka y Lawrence. En el año de 2018, regresó a su Riohacha añorada, con su hermana Paulina y demás familiares. Tenía la rutina de ir al mar todas las mañanas con su hermana, su hijo David, los Guanebucanes y otros grupos de nadadores matinales, y obviamente, no faltaron las arepuelas al regresar del mar. Porque, eso sí, el Tío Mono disfrutó como nadie de la rica  gastronomía guajira.

Hoy, con gran emoción, damos el adiós al Mono Robles, quien inicia su viaje sin víspera al Oriente Eterno para el encuentro con el Gran Arquitecto del Universo.  Estamos todos tristes, sí, pero muy orgullosos de él. Fue un gran faro en nuestras vidas y estará  en nuestras mentes y corazones por siempre.

El Tío Mono fue un incontestable familiar, el mejor amigo de sus amigos, una persona de gran generosidad, extraordinariamente discreto y, por encima de todo, un riohachero hasta los tuétanos.  Cumpliremos tu deseo, Tío Mono: tus cenizas serán echadas al mar Caribe frente a las playas Riohacha, las mismas en las cuales fuiste tan feliz. Descanse en paz.

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