Por: Tonia Tinoco Siosi
En Riohacha, hay una economía que mueve miles de personas, genera ingresos mensuales, resuelve necesidades básicas y alimenta los sueños de muchas familias. Pero no aparece en los registros oficiales. No paga seguridad social. No cotiza pensión. No tiene contratos. No tiene garantías.
Esa economía se llama turismo informal y, aunque se piense lo contrario, no es marginal. Todo lo contrario: representa una de las principales formas de vida para miles de personas que han hecho del turismo su sustento, sin que el sistema los reconozca plenamente.
¿Quiénes son? ¿Cuántos son? ¿Cómo trabajan? ¿Cuánto ganan? ¿Qué podemos hacer como ciudad para no seguir ignorándolos?
Este artículo responde a esas preguntas con base en datos duros, análisis territorial y una mirada comprometida con la transformación social del turismo. Porque hablar de turismo en Riohacha no es hablar de cifras de visitantes, sino de las *vidas que dependen de él*.
• ¿Cuántas personas viven del turismo en Riohacha?
En 2024, se estima que *135.026 personas* estuvieron ocupadas en actividades económicas relacionadas con el turismo en Riohacha. Esta cifra no es menor: representa un número que *supera la tercera parte de la población urbana del Distrito*, lo que nos obliga a mirar el turismo no como una industria emergente, sino como un pilar social y económico de primer orden.
Ahora bien, hablar de “empleo turístico” no significa hablar únicamente de hoteles o agencias de viajes. La realidad en Riohacha es otra. Estas 135 mil personas están distribuidas así:
• Servicios de comida y alojamiento: 46.000 personas
• Transporte vinculado al turismo (taxistas, mototaxistas, lancheros): 25.000 personas
• Comercio vinculado al turismo (artesanías, souvenirs, vendedores de playa): 34.026 personas
• Actividades culturales y recreativas (músicos, cuenteros, guías patrimoniales, artistas): 18.000 personas
• *Agencias de viajes y operadores turísticos*: 12.000 personas
Lo más revelador de este panorama es que *el grueso de estos empleos no son formales*. No tienen seguridad social, estabilidad laboral ni contratos dignos. Muchos trabajadores están en la calle, improvisando día a día, dependiendo de la llegada de turistas, del clima o de la temporada alta.
Este dato también permite hacerse una pregunta incómoda:
¿Es el turismo en Riohacha una oportunidad de progreso o un espejismo de subsistencia?
• Trabajo irregular y mal pagado: la estacionalidad que marca el pulso
El turismo en Riohacha no ofrece estabilidad. Eso es lo que muestran los datos cuando se analizan las 67.637 horas trabajadas en el sector turístico durante el 2024. ¿Qué significa esto?
Significa que el empleo turístico en Riohacha no es de tiempo completo*, ni de jornada completa. Es *parcial, intermitente y, muchas veces, improvisado.
• El promedio semanal por persona* ocupada es de apenas 0,0096 horas, es decir: 35 segundos de trabajo a la semana* si se repartieran las horas entre todos los ocupados.
• Esta cifra revela algo alarmante: muchas personas trabajan muy poco, muchas otras no están registradas, y otras combinan esta actividad con otras para poder sobrevivir.
Y si miramos los ingresos:
• El total anual generado fue de *$1.287 millones*, lo que equivale a *$794.000 al mes por persona ocupada*.
• *El ingreso mensual promedio está muy por debajo del salario mínimo* y no alcanza para sostener una familia.
Además, la distribución del trabajo no es constante. Hay picos y caídas:
• Febrero*, con menos horas trabajadas, fue el mes más rentable.
• Septiembre, con más carga laboral, tuvo menos ingresos por hora.
• *Abril, agosto y octubre* fueron los meses de menor actividad económica.
Esto nos lleva a una conclusión clara:
El turismo en Riohacha genera trabajo, sí, pero no garantiza estabilidad, ingresos dignos ni continuidad-
Y lo más crítico: no hay suficiente política pública ni empresarial que compense esta estacionalidad. Se sigue pensando en turistas, pero no en quiénes los atienden. Se sigue planeando para las cifras, pero no para la gente.
• Los rostros del turismo informal en Riohacha
¿Quién es la persona que vende mochilas en la playa? ¿Quién conduce el mototaxi que lleva al turista? ¿Quién ofrece jugos o artesanías sin una caseta establecida?
Es turismo, pero no se llama así en los registros oficiales. Es empleo, pero no siempre es reconocido como tal.
Según el informe, durante el 2024 hubo *135.026 personas ocupadas en actividades relacionadas con el turismo en Riohacha*. De ese total:
• 50 % trabajaron en transporte: mototaxistas, taxis colectivos o transporte informal de turistas.
• 27 % se dedicaron al expendio de alimentos informales: vendedores callejeros de comida típica, pescado frito, jugos, frutas, fritos.
• 11 % prestaron servicios en restaurantes o cafeterías.
• Apenas un 5,8 % trabajó en alojamientos formales como hoteles.
• Y solo 0,67 % estuvo en agencias de viaje u operadores turísticos.
Esta distribución nos muestra algo contundente:
*El turismo en Riohacha es mayoritariamente informal, y está anclado en actividades que nacen de la necesidad, no de una política estructurada de desarrollo*.
Además, las *actividades de alto valor agregado*, como la organización de experiencias turísticas, los circuitos guiados, el turismo cultural o el ecoturismo, *tienen una participación marginal*. No porque no haya talento, sino porque *no hay espacio ni condiciones para que estas formas de turismo florezcan*.
Y lo más preocupante: las mujeres, jóvenes y personas mayores que participan de esta economía lo hacen sin garantías, sin estabilidad, sin acceso a salud, sin contratos, y muchas veces, dependiendo del clima o de la llegada de visitantes ese día.
Este panorama revela una realidad incómoda:
*El turismo informal en Riohacha no es un problema: es un síntoma de la falta de opciones reales de empleo digno*.
Y si no se incluye a estos actores en los procesos de planificación, si no se les escucha ni se construyen soluciones con ellos, seguiremos teniendo un turismo que excluye a quienes más lo necesitan.
• *Conclusiones incómodas para una conversación necesaria*
Riohacha sí vive del turismo. Pero no del turismo que aparece en los planes ni en las postales. Vive de un turismo subterráneo, frágil y a veces invisible, que sostiene a miles de familias sin que nadie se detenga a preguntarse cómo hacerlo más justo.
El informe que analizamos muestra tres verdades fundamentales:
1. El turismo sí genera empleo en Riohacha, pero la gran mayoría es informal, de baja calidad, sin garantías ni estabilidad.
2. Los sectores más visibles y planificados del turismo (hoteles, operadores turísticos, agencias) son apenas una mínima parte de esta economía.
3. No existe una estrategia clara para integrar al turismo informal en los procesos de desarrollo local.
Esto no es una simple crítica. Es una alerta. Porque seguir ignorando esta realidad es construir políticas con los ojos vendados. Y porque cada persona que sobrevive en la informalidad turística es un talento sin aprovechar, una voz sin espacio, una oportunidad que se desperdicia.
Entonces, ¿qué vamos a hacer?
• ¿Vamos a seguir planificando el turismo desde el escritorio, sin mirar lo que pasa en las calles, playas y barrios?
• ¿Vamos a insistir en “formalizar” sin entender primero cómo vive, piensa y actúa el informal?
• ¿Vamos a permitir que el turismo siga siendo una promesa para pocos, mientras la mayoría apenas sobrevive?
Es hora de cambiar la conversación.
Es hora de mirar al turismo informal no como un obstáculo, sino como la base real sobre la cual construir un modelo más justo, sostenible y humano.
Porque en Riohacha, el turismo no necesita más slogans. Requiere coherencia, decisión y voluntad política.
“El turismo informal no es el problema a resolver; es la realidad a dignificar.”
Nota metodológica:
Este artículo se construyó a partir del análisis de los datos recolectados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), específicamente de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) 2024. La información fue procesada y estructurada por la Dirección de Turismo del Distrito de Riohacha, con el fin de entender quiénes viven realmente del turismo en la ciudad.