Una caminata llena de símbolos, consignas y esperanza recorrió las calles de Riohacha. Desde la sede de la Registraduría hasta el icónico parque Padilla, decenas de jóvenes marcharon bajo el sol guajiro no solo con pancartas, sino con convicción. No era una protesta, era una afirmación: la juventud quiere ser escuchada. Así se dio inicio oficial al proceso de elección de los Consejos Municipales de Juventud, una jornada que fue más fiesta democrática que simple acto protocolario.
Allí estaban todos: organizaciones juveniles, partidos políticos, grupos independientes. Cada uno con sus colores, con sus voces, pero unidos por una causa común: devolverle protagonismo político a una generación históricamente relegada al margen de las decisiones.
Luego del recorrido, el escenario se trasladó al centro cultural Anas Mai, donde las palabras tomaron el relevo. Las propuestas comenzaron a circular, las ideas se expusieron sin filtros y la política, por un momento, pareció vestirse de futuro. Pero fue la intervención de Fabio Daza Morales, delegado de la Registraduría Nacional en La Guajira, la que marcó un punto de inflexión.
Con voz firme, casi encendida por la urgencia del mensaje, lanzó una consigna que resonó como eco en las paredes del recinto:
“Sean grandes por elección”.
No fue una frase de ocasión. Fue un llamado profundo, cargado de memoria y de responsabilidad. Y es que los números hablan con crudeza: en las elecciones de los Consejos de Juventud del 2021, Riohacha alcanzó una abstención cercana al 80%. Una cifra que duele, pero que también interpela.
Daza no habló desde el privilegio de un cargo. Habló desde la historia. Recordó que fue la juventud —en aquel lejano pero simbólico 1990— la que impulsó la Séptima Papeleta y sentó las bases para la Constitución del 91.
«Los jóvenes han sido revolucionarios de la institucionalidad», afirmó, con una mezcla de nostalgia y esperanza.
Y en ese contexto, dejó claro que los Consejos de Juventud no son una decoración institucional. Son, o pueden ser, una trinchera legítima de participación. Un espacio no solo para proponer, sino para exigir. No solo para soñar, sino para vigilar y transformar.
La Registraduría, subrayó, no será un simple notario del proceso. Será garante. Y por eso pidió a los jóvenes asumir su rol: no como espectadores, sino como protagonistas.
“Tenemos un reto en Riohacha”, repitió, como quien no quiere que el mensaje se pierda en el aire.
Ese reto no se limita a los candidatos inscritos, sino a toda una generación que —aunque muchas veces silenciada o desencantada— aún tiene en sus manos la capacidad de escribir su propio destino político.
En tiempos de apatía y desconfianza, el discurso de Daza fue casi un poema de resistencia cívica. Un llamado a ocupar el espacio público, a hablar en los colegios, en los barrios, en los parques y canchas. A hacer que la democracia deje de ser una palabra abstracta para convertirse en una experiencia vital.
“La fiesta democrática es de ustedes, para ustedes y por ustedes”.
Al final, no se trató solo de un acto institucional. Fue una siembra. Una apuesta. Una promesa de que, en Riohacha, los jóvenes ya no solo marchan: también deciden. Porque, como lo dijo el propio Daza, con voz encendida de fe: “Los jóvenes riohacheros son grandes… por elección.”