La existencia del Bullying en las instituciones públicas del distrito de Riohacha

POR SAIT IBARRA LOPESIERRA

Hablar del bullying en las instituciones educativas de Riohacha es reconocer una realidad que muchas veces se intenta silenciar, pero que está ahí, golpeando la vida de niños y adolescentes. No se trata solamente de bromas pesadas o de juegos de palabras, es una situación que marca profundamente a quienes la sufren y que, lamentablemente, se ha normalizado en ciertos espacios escolares.

En las aulas y pasillos se pueden escuchar comentarios ofensivos, burlas relacionadas con la apariencia física, el origen étnico, la forma de hablar o incluso la condición económica de los estudiantes. En una ciudad como Riohacha, donde la diversidad cultural es tan amplia y en donde conviven comunidades indígenas, afrodescendientes y mestizas, el respeto debería ser un valor fundamental. Sin embargo, muchas veces esa diversidad se convierte en motivo de discriminación.

El bullying no solo afecta el rendimiento académico, también hiere la autoestima, genera miedo de asistir a clases y deja cicatrices emocionales que pueden acompañar a la persona por años. Los maestros, padres y la misma comunidad educativa no pueden permanecer indiferentes ante estas situaciones. No basta con sancionar a los agresores, es necesario educar en valores, fortalecer la empatía y crear espacios donde los jóvenes aprendan a resolver sus diferencias sin violencia ni humillaciones.

Reflexionar sobre esta problemática es también un llamado a entender que el bullying no es un simple “asunto de muchachos” , sino un reflejo de las carencias sociales y familiares que arrastramos como sociedad. Si queremos instituciones públicas que realmente formen ciudadanos íntegros, debemos empezar por garantizar que en ellas se respire un ambiente de respeto, inclusión y cuidado mutuo.

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