Bajo un cielo cubierto de silencio y tristeza, el corregimiento de Aremasain despide a uno de sus hijos más ilustres: el exconcejal y líder político Calmides Rafael Barros Pulido, quien falleció en la ciudad de Barranquilla. Su fallecimiento deja un profundo vacío en el corazón de La Guajira, especialmente en el municipio de Manaure, donde dedicó años de su vida al servicio público.
Calmides Barros no fue solo un político; fue un hombre de causas, un puente entre las necesidades del pueblo y las acciones de gobierno. Su andar por la administración municipal estuvo marcado por la firme convicción de que la política debía ser una herramienta para transformar vidas, no un fin en sí mismo. Como concejal de Manaure, se destacó por su compromiso con las comunidades más vulnerables del norte guajiro, defendiendo proyectos sociales que aún hoy dan frutos.
La noticia de su fallecimiento, ocurrida en Barranquilla, resonó como un eco de tristeza en toda la región. Líderes sociales, organizaciones políticas y ciudadanos de a pie expresaron su dolor y admiración por quien consideran un referente de honestidad, sencillez y entrega.
“Se nos fue un hombre justo, un servidor público de corazón”, dijo un antiguo compañero de curul, con la voz entrecortada.
El legado de Barros Pulido no se mide solo en obras materiales, sino en las memorias compartidas, en las palabras de aliento que ofrecía, en las puertas que abría y en las luchas que emprendía por el bienestar de su gente. Fue un hombre que vivió para su comunidad, y su recuerdo permanecerá como guía para las nuevas generaciones de líderes que quieran seguir su ejemplo.
Hoy, Aremasain está de luto, pero también de pie, reconociendo que quienes se van no mueren del todo si dejan sembrada su historia en el alma de su pueblo.
Paz en su tumba