EN LA GUAJIRA HAY OTRA VÍA

POR Luis Guillermo Baquero

El año 2024 representó uno de los momentos más complejos para La Guajira. Cerramos con 466 bloqueos a las vías del departamento y a la infraestructura de Cerrejón. La cifra era tan descomunal que pronto nos ganábamos el deshonroso título del departamento más bloqueado del país.

Los bloqueos podían entenderse como el colapso de comunidades con múltiples necesidades y carencias históricas. Cerrando una carretera o la vía férrea lograban, casi de inmediato, que el Estado volteara a mirarlos y que los medios nacionales registraran su causa.

Pero junto a esas demandas legítimas empezaron a aparecer intereses individuales, mezquinos y cálculos políticos oportunistas e incluso razones absurdas. El país entero se enteró, por ejemplo, de un bloqueo tras la muerte de un gallo atropellado por un bus, o del caso de la vendedora de almojábanas en Cuestecitas que bloqueó porque no lograba vender su producto como consecuencia de los mismos bloqueos.

La consecuencia fue devastadora. Cerrejón advirtió que las dificultades logísticas ponían en riesgo la operación y la reputación del carbón guajiro en el mercado internacional. El turismo quedó marcado por la incertidumbre: ¿quién iba a arriesgarse a programar vacaciones en un destino donde cualquier itinerario podía interrumpirse por un bloqueo?

 Aún más grave, el guajiro de a pie fue el más golpeado: el conductor que perdió la carga o que dejó de transportar pasajeros, los pequeños agricultores a quienes se les dañaba la cosecha, el estudiante que no alcanzó a llegar a la Universidad de La Guajira o el enfermo que no pudo recibir a tiempo su tratamiento o cumplir con su cita médica.

En contraste con ese panorama, el 2025 comenzó con un nuevo aire. Entre enero y agosto se han registrado 87 bloqueos en las vías nacionales de La Guajira; el año pasado, en el mismo periodo, se reportaron 200. En el caso de los bloqueos a la mina y la línea férrea de Cerrejón, en lo corrido del año van 105, mientras que en 2024 ya se contabilizaban 225. Aunque la cifra sigue siendo alta, el descenso abre una oportunidad para pensar que, quizá, estamos empezando a entender que sí existe otra forma de resolver los problemas.

Esa es precisamente la esencia de la campaña “Hay Otra Vía”. El nombre no pudo ser más acertado: no todo se soluciona con vías de hecho; hay caminos distintos, más dignos y efectivos. La campaña surge de un esfuerzo interinstitucional entre la Cámara de Comercio de La Guajira, la Gobernación de La Guajira y la Mesa ANDI Más La Guajira, que junto a gremios, empresarios, academia, instituciones públicas y medios de comunicación buscan mandar un mensaje: La Guajira no está condenada a ser territorio del bloqueo, está lista para construir un relato distinto.

Lo más poderoso de “Hay Otra Vía” son los testimonios. Historias reales de guajiros que han sufrido cómo un bloqueo les afecta su vida cotidiana y su negocio: la mujer que no pudo llevar a su mamá a una cita médica, el comerciante que perdió su mercancía, el estudiante que se quedó sin examen, la agencia de viaje que le cancelaron las reservas. Son relatos sencillos, pero contundentes. Nos recuerdan que los bloqueos no solo afectan a las grandes empresas, ni al Estado, sino a la gente común que madruga todos los días a trabajar, estudiar y salir adelante.

la Cámara de Comercio de La Guajira viene presentando cifras que ayudan a entender la magnitud del problema. Entre enero y agosto de 2025, los reportes mostraron que los municipios más afectados fueron Uribia, Maicao y Albania, y que las principales causas de los bloqueos estuvieron relacionadas con conflictos sociales, empleo y la reforma rural. Esa información es valiosa porque convierte el debate en algo más que anécdotas: nos ofrece datos para diseñar soluciones de política pública y empresariales basadas en evidencia.

La Gobernación de La Guajira, por su parte, viene avanzando con la Unidad de Diálogo Social. Este mecanismo busca prevenir bloqueos a través de la concertación y el diálogo. Es un espacio que puede convertirse en la alternativa institucional que necesitábamos: un lugar donde las comunidades y las autoridades se sienten a hablar antes de que la protesta escale a cerrar una vía. Esta campaña pretender ser el complemento ideal de la Unidad: una cara sensibiliza y la otra ofrece la herramienta para tramitar los conflictos.

Por supuesto, los bloqueos no se van a acabar por una campaña comunicacional. Los datos de la Cámara muestran que las causas son ahora más estructurales: incumplimientos del Gobierno Nacional, tensiones institucionales, demandas históricas sin atender. Pero justo por eso necesitamos insistir en el camino del diálogo. Si dejamos que el bloqueo siga siendo la primera opción, el costo lo seguiremos pagando todos.

El gran aprendizaje de esta campaña es que La Guajira tiene otra vía. Que cuando instituciones, gremios y comunidades trabajan juntas, se envía un mensaje distinto al país: no queremos ser vistos como un departamento ingobernable, sino como un territorio viable para invertir, producir y soñar.

Por fin estamos entendiendo que las agendas individuales no dan fruto. La única agenda que vale es la colectiva. Porque si algo nos enseña nuestra historia reciente es que la división nos condena al atraso, mientras que la unión nos abre la posibilidad de un futuro mejor.

La Guajira debe atreverse a mostrarse distinta: no como la tierra de los bloqueos, sino como la tierra donde aprendimos que siempre hay otra vía.

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