En el recinto de la Asamblea de La Guajira, donde tantas veces defendió debates, mociones y principios, Pablo Parra Córdoba tomó la palabra por última vez como diputado. Lo hizo sin papeles, sin discursos memorizados, hablando desde la raíz de su historia y desde lo que él mismo llamó “las cicatrices que me han acompañado desde los nueve años de edad”. Fue una despedida nacida de la memoria, de la gratitud y del sentimiento profundo de pertenencia.
Parra, con voz serena pero cargada de emoción, recordó que su vida no ha sido fácil, pero que siempre se sostuvo “agarrado de Dios” para construir una existencia que, aunque no perfecta, le ha permitido llegar hasta este punto clave: La Guajira, un territorio al que llegó con nervios, con dudas y con el peso de los comentarios que escuchaba cuando aún era policía en Medellín.
“Vine temeroso”, confesó. “Pero encontré una tierra que me adoptó absolutamente”.
Y fue precisamente esa adopción la que transformó su destino. Aquí conoció a su esposa. Aquí nacieron sus hijos. Aquí —dice él— encontró a sus mejores amigos. Por eso, afirmó con convicción que La Guajira es su hogar definitivo:
“Mis hijos están aquí. De aquí no me voy más nunca. El día que me entierren será en La Guajira”.
Un camino construido a pulso
Parra entrelazó su relato personal con la historia pública que muchos conocen: aquel joven que llegó con quinto de primaria, que se hizo bachiller en Maicao, que luego cursó una carrera técnica, alcanzó la Alcaldía de Albania, y más tarde ingresó a la universidad. Hoy, en proceso de graduarse como comunicador social y pronto como especialista, asegura que cada logro académico y profesional se lo debe a este departamento.
“Todo lo aprendí en La Guajira. Todo lo que soy lo aprendí de los guajiros”, repitió con orgullo.
Las dudas, los compromisos y la palabra empeñada
Pero la despedida no fue solo sentimental. También fue política.
El hoy exdiputado explicó, sin evasivas, por qué renuncia antes de completar los cuatro años para los que fue elegido. Y lo hizo señalando un elemento que repitió varias veces: la responsabilidad y la palabra.
Recordó aquella reunión en la casa de Gelson Ibarra, en la calle 9, cuando el Partido de la U tenía dificultades para armar la lista. “Nadie quería ir”, afirmó. En ese momento, él y el diputado Regi Barros se comprometieron a sacar juntos 60.000 votos, para darle forma y fuerza a la lista.
En ese escenario, Parra le prometió a Duven Puente que, si lograban llegar a la Asamblea, él le entregaría dos años de su periodo. “No sé cuánto, pero te damos tu palomita”, recuerda haberle dicho.
Hoy, para cumplir esa palabra, decide hacerse a un lado.
“Muchos no creían. Hoy estoy renunciando.”
Una despedida que pesa
Pablo Parra admitió que lo más duro de esta decisión es dejar el recinto y, con él, la camaradería construida con los demás diputados.
Dijo que en la Asamblea encontró hermanos, compañeros con capacidad enorme, hombres y mujeres comprometidos con la transformación de La Guajira. Por eso, antes de marcharse, respaldó con convicción las condecoraciones entregadas ese día a diferentes personas del departamento.
“Estudié sus hojas de vida. Encontré méritos suficientes en cada uno de ustedes”, afirmó mirando a quienes recibían los reconocimientos.
Mirando hacia el Congreso
Sin rodeos, Parra dijo que este paso responde también al llamado de su partido: encabezar una lista a la Cámara de Representantes por La Guajira. Lo hace con la seguridad de que su voz seguirá defendiendo al departamento, aunque aún desconoce si tendrá eco en un escenario nacional tan amplio y complejo.
“Pero no me da miedo”, dijo. “Pediré dignidad para los guajiros. Aquí hay muchas cosas buenas que mostrar”.
“Debo pedirles el voto, como buen político”
Antes de cerrar, Parra hizo una confesión cargada de humor político.
Recordó que alguna vez criticó a un aspirante porque, pese a reunirse varias veces con él, nunca se atrevió a pedirle el voto directamente. “Un día le dije: hermano, uno en política tiene que desatarse”.
Por eso, fiel a ese principio, terminó su discurso pidiendo apoyo para su próximo reto electoral:
“Estoy convencido de que debo pedirles ese respaldo para llegar al Congreso de la República. Dios los bendiga”.
Una historia que vuelve a empezar
La renuncia de Pablo Parra no marca un final, sino una transición.
El hombre que descubrió en La Guajira un hogar, una familia, una identidad y un destino político, ahora se prepara para dar un salto que, según él, no es personal sino colectivo.
La crónica de su despedida queda como testimonio de un liderazgo que nació entre dificultades, creció entre compromisos y hoy se proyecta hacia un escenario nacional, sin olvidar —como lo dijo varias veces— que todo lo que es se lo debe a la tierra que lo adoptó.