Por SAIT IBARRA LOPESIERRA
Hablar de buen liderazgo político en La Guajira no es un ejercicio teórico, es una necesidad urgente. Durante años hemos visto cómo el poder se ha convertido, para algunos, en un botín y no en una responsabilidad. Por eso creo que vale la pena insistir en cuáles deberían ser los siete pilares que sostengan a un buen político, especialmente en un territorio que clama por dignidad y desarrollo real.
El primer pilar es la honestidad. En un departamento golpeado por la corrupción, este no puede ser un valor negociable. La administración de los recursos públicos debe ser clara, verificable y pensada para cerrar brechas, no para enriquecer a unos pocos.
El segundo pilar es el compromiso con el territorio. No se gobierna La Guajira desde Bogotá ni desde el escritorio. Se gobierna caminando Uribia, Maicao, Riohacha, Dibulla y los corregimientos olvidados. Un político que no conoce el territorio difícilmente puede transformarlo.
El tercer pilar es la coherencia. Aquí hemos escuchado demasiados discursos que se diluyen una vez pasan las elecciones. La palabra empeñada debe convertirse en acción; de lo contrario, la política pierde legitimidad y la ciudadanía la fe.
El cuarto pilar es el liderazgo con carácter. Gobernar no es complacer a todos ni pagar favores políticos. Es tomar decisiones firmes, incluso cuando incomodan, pensando siempre en el interés general y no en el cálculo electoral.
El quinto pilar es la sensibilidad social. En un departamento donde la pobreza, la desnutrición infantil y la falta de oportunidades siguen siendo una realidad, no se puede gobernar con indiferencia. La política debe tener sentido humano y enfoque social.
El sexto pilar es la preparación. La improvisación ha sido uno de los mayores males de nuestra dirigencia. Un buen político debe conocer la ley, planear con criterio técnico y rodearse de personas capaces, no de cuotas políticas.
El séptimo pilar es la responsabilidad histórica. Quien gobierna La Guajira no solo administra un periodo, administra la esperanza de un pueblo. Cada decisión deja huella y define si avanzamos o seguimos repitiendo los mismos errores.
La Guajira no necesita salvadores ni discursos grandilocuentes. Necesita políticos con principios, y visión. Estos siete pilares no son un ideal lejano; son el mínimo ético que la ciudadanía debe exigir.

