POR: RAFAEL HUMBERTO FRÍAS MENDOZA
Tal vez dirán muchos al leer el titular de esta columna de opinión que desconozco los avances que el departamento ha tenido en materia de gestión parlamentaria. Pero no es así, reconozco como muchos guajiros que es mucho lo que se ha hecho en materia legislativa, pero también reconozco que falta mucho por hacer. En la Guajira, el índice de las necesidades básicas insatisfechas es mucho más grande que, los planes financieros de inversión pública que se apropian en los presupuestos plurianuales de los planes de desarrollo de los tres niveles del gobierno. Luego entonces, La Guajira siempre vive desfinanciada y se queda sin el pan y sin el queso y como la cenicienta, sólo recibiendo el estigma de los periódicos embusteros de la nación que tratan de tildarla como una península que se ha convertido en la meca de la corrupción despilfarrando los recursos públicos. Pero queda demostrado una vez más, que en Colombia hasta la corrupción está centralizada, lo mismo que, las políticas públicas del país que no llegan a las provincias y de ahí que se declare en este departamento el estado de cosas inconstitucionales, donde no se garantiza el mínimo vital de agua y alimentos para la población.
Se ha dicho siempre, que La Guajira es un departamento preñado de riquezas en el subsuelo y su plataforma continental, pero muy pobre en desarrollo social y económico. Pero igualmente se reconoce que los pueblos no son ricos porque tengan riqueza, sino sabiduría para administrarlos. De ahí se colige que, el arte de gobernar es el arte de administrar vidas y que quien hace las leyes prende el dinamo del desarrollo o el atraso de los pueblos. Es por eso, que consideramos que La Guajira necesita un nuevo modelo de gestión parlamentaria para mejorar la capacidad de interlocución de la región con la nación. Este nuevo modelo de gestión parlamentaria nos permitirá cerrar las brechas sociales que nos separan considerablemente de la media nacional, igualmente mejorar la calidad de vida de la población y los índices de desarrollo humano, hasta introducir a la guajira en los modelos de desarrollo nacional para contribuir a su desarrollo social y económico y convertirla en un propósito de país.
Pero para lograrlo, se requiere tener muy claro un diagnóstico y un pronóstico del departamento que se va a representar en el concierto nacional desde la cámara de representantes encarnando los mejores y más caros intereses de una población afectada porque no se resuelven sus problemas estructurales. Consideramos que, con una visión consensuada de nuestro departamento, en el 2040, el Departamento de La Guajira será el mejor destino turístico y centro agroindustrial y energético del Caribe, convirtiéndose en un departamento seguro, sano, educado, pujante, emprendedor y con una infraestructura más adecuada de servicios públicos y sus territorios conectados, en plena armonía con el ambiente. Será además nuestra península, un centro logístico destacado por el desarrollo agropecuario sostenible, comercial y cultural de la región. En el próximo cuatrienio, La Guajira es uno de los territorios del país que están llamados a cambiar y a transformarse. Cambios que deben ir desde nuevos modelos de liderazgos y ajustes de los modelos existentes hasta derribar estereotipos y paradigmas que históricamente han mantenido al departamento como buque anclado a orillas del mar caribe obligando a los representantes a las cámaras de las regiones a mejorar su gestión desde el senado . Por eso, Hay que aprovechar de manera eficiente y racional las particularidades territoriales y poblacionales de La Guajira acompañada de una extraordinaria y maravillosa gestión parlamentaria que tire desde la mesa legislativa para el desarrollo del departamento.
Desde la cámara baja hasta la cámara alta del congreso, La Guajira requiere un ejército de parlamentarios comprometidos con su desarrollo y con la voluntad insoslayable de realizar un rol protagónico mucho más agresivo y visible hasta sembrar las regalías y las transferencias nacionales para cosechar calidad de vida. Su mayor litoral caribe, el hidrogeno en la plataforma continental, la millonaria industria off shore, los parques eólicos y solares, la zona de régimen aduanero especial, las salinas de Manaure, El carbón en la mina a cielo abierto más grande del mundo, El Cerrejón y su atávica vocación agropecuaria con la declaratoria de 80.000 hectáreas como áreas de protección para la producción alimentaria (APPA), deben ser el motivo de inspiración para una gestión parlamentaria realmente histórica y que esperan más de un millón cien mil habitantes desde hace más de medio siglo de vida institucional.