Se nos fue el gran Edgar Gómez Ibarra

Hablar de Edgar Gómez Ibarra es evocar la memoria de un hombre íntegro, cuya vida estuvo marcada por la nobleza de espíritu, el amor incondicional por su familia y la lealtad sincera hacia sus amistades. Fue un ser humano que dejó huellas profundas en cada espacio que ocupó y en cada persona que tuvo el privilegio de conocerlo.

Su mayor fortaleza siempre fue su hogar. El amor y el respeto que profesó por su esposa, la arquitecta Hilda Lubo, fueron un ejemplo de unión y compañerismo. Junto a ella construyó no solo una familia, sino un proyecto de vida basado en valores sólidos, entrega y mutuo apoyo. Sus hijos Álvaro y Édgar, así como su querida sobrina Any, fueron su mayor orgullo, su inspiración permanente y el motor que lo impulsó a seguir luchando con entereza en este mundo terrenal.

En su vida  profesional, Edgar Gómez Ibarra se destacó como un reconocido abogado, respetado por su vasta experiencia, su rectitud y su prestigio. Muchos acudían a él en busca de orientación y consejo, encontrando siempre una palabra sabia, un criterio justo y una actitud humana frente a cada situación. 

Su vocación de servicio lo llevó a ocupar importantes cargos públicos, entre ellos el de secretario de Gobierno del departamento de La Guajira y secretario de Gobierno del municipio de Manaure, responsabilidad que asumió en dos oportunidades, demostrando compromiso, liderazgo y profundo amor por su tierra.

Fue además un militante activo del Partido Conservador, colectividad que representó con orgullo en diversos escenarios políticos, defendiendo sus ideales y trabajando siempre en favor del bienestar de su pueblo natal. Su participación política estuvo guiada por la ética, el respeto y el deseo genuino de contribuir al desarrollo de la región.

En el seno familiar, sus hermanos Alfredo, Adalina y Neilys  guardarán para siempre en el corazón los más bellos recuerdos: las tertulias cargadas de anécdotas, las conversaciones amenas y los cuentos que cobraban vida en cada reunión compartida. Momentos que hoy se convierten en memorias imborrables y en legado emocional que perdurará en el tiempo.

Hoy, Edgar Gómez Ibarra emprende el camino hacia el encuentro con aquellos seres queridos que partieron antes que él. Su alma descansa en la paz eterna, confiados en que Dios le ha reservado un lugar en la gloria celestial, como recompensa por sus buenas acciones, su generosidad y el amor que sembró en vida entre quienes lo conocieron.

Su legado permanece vivo en su familia, en sus amigos, en la historia institucional que ayudó a construir y en el recuerdo agradecido de un pueblo que reconoce su aporte y su ejemplo de vida. Descanse en paz.

Related posts

Ballena, el corazón silencioso que mueve el gas de Colombia

LEGITIMIDAD, MÉRITO Y CONTINUIDAD EN UNIGUAJIRA

CON CARLOS ROBLES, CRECE LA ALMA MÁTER, CRECE LA GUAJIRA