Sebastián Vergara Osuna, la joven promesa del taekwondo guajiro que ya brilla a nivel mundial

Con apenas 15 años de edad, Sebastián Vergara Osuna ya puede contar una historia que muchos deportistas solo logran escribir tras décadas de esfuerzo. Su vida ha estado marcada por el taekwondo desde que era un niño, un deporte que no solo eligió por gusto, sino que heredó como una tradición familiar que hoy continúa con orgullo y responsabilidad.

Sebastián comenzó a practicar taekwondo cuando tenía entre 5 y 6 años. Sus primeros entrenamientos no fueron producto de una decisión planeada, sino de la curiosidad de un niño que fue a observar una práctica y terminó enamorándose del deporte. Aquellos entrenamientos se realizaban en un estadio, bajo la dirección de su tío, quien fue su primer formador. En ese entonces, Sebastián era el más pequeño del grupo, rodeado de jóvenes mayores, pero lejos de intimidarse, se esforzaba cada día por seguir el ritmo.

El taekwondo, explica, es parte de su herencia familiar. Su tío y su primo han dedicado gran parte de su vida a esta disciplina, y hoy Sebastián representa la tercera generación de una familia ligada a este arte marcial. “Esto no es algo de la noche a la mañana”, asegura. “Son muchos años de preparación física y mental. Hay que entrenar todos los días, incluso cuando uno está cansado o aburrido, porque ahí es donde se ve la verdadera disciplina del deportista”.

Con el paso del tiempo, su talento comenzó a notarse. Alrededor de los 7 años empezó a participar en eventos nacionales, donde no solo compitió, sino que comenzó a ganar. Su primera experiencia importante fue a los 11 años, en un campamento selectivo realizado en Boyacá, al que asistió un entrenador extranjero para evaluar y enseñar técnicas avanzadas. De ese campamento saldrían los clasificados a un mundial que se realizaría en Colombia. Aunque en esa primera oportunidad no logró clasificar, Sebastián no se rindió.

En un segundo selectivo obtuvo el cupo y, con apenas 12 años, participó en su primer campeonato mundial, donde se consagró campeón, ganando medalla de oro tanto en la modalidad individual como en equipo. Al año siguiente volvió a ganar el selectivo, pero no pudo asistir al mundial por falta de recursos, una dificultad que, según él, sigue afectando a muchos jóvenes deportistas del país. Sin embargo, el año pasado tuvo la oportunidad de participar nuevamente y volvió a coronarse campeón, demostrando que su nivel competitivo se mantiene en lo más alto.

Hoy, Sebastián se reconoce como un deportista que ha evolucionado profundamente, no solo en lo físico, sino en lo mental. “Antes me rendía muy fácil, me cansaba rápido y casi todo era mental. Ahora sé el potencial que tengo y lo que puedo lograr”, afirma. Ese crecimiento ha sido posible gracias al acompañamiento de sus entrenadores y al apoyo constante de su padre, quienes lo han ayudado a fortalecer su confianza y su carácter competitivo.

Su entrenador principal es su primo, Miguel Walter, a quien Sebastián reconoce como una figura clave en su formación. Cada medalla, cada triunfo y cada derrota han sido lecciones que lo impulsan a no estancarse y a seguir aspirando a metas más grandes. Al entrar a su espacio de entrenamiento y observar las medallas que ha ganado, Sebastián siente una motivación doble: personal y colectiva. “No es solo para mí, también es para motivar a otros compañeros a que sigan luchando por sus sueños”, expresa.

Su palmarés es impresionante para su corta edad. Gana entre 20 y 30 medallas por año y cuenta con 29 medallas de oro. Solo una vez obtuvo el segundo lugar, en una competencia en Cartagena, una pelea que recuerda como la más difícil de su carrera. “Sentí que me robaron la pelea, pero es la única medalla de segundo lugar que tengo; todas las demás son de oro”, comenta.

A nivel internacional, Sebastián ha tenido la oportunidad de competir en México, una experiencia que describe como exigente y enriquecedora. Aunque no logró ganar, reconoce que el nivel de competencia es mucho más alto. “Los rivales son más altos, tienen más técnica y más recursos. Allá el nivel es más fuerte”, explica. Sin embargo, destaca que esa experiencia le permitió crecer y entender mejor el taekwondo de alto rendimiento.

En el mundial realizado el año pasado, Sebastián disputó dos combates: uno contra Colombia y otro contra México. El enfrentamiento ante el rival mexicano fue especialmente reñido, pero logró imponerse y traer una medalla de oro más para el país. Su patada favorita, la patada trasera, es una de sus principales armas durante los combates.

Actualmente, Sebastián es cinturón negro y compite en la categoría junior menos de 51 kilogramos. Sus próximos objetivos son los Juegos Nacionales, donde espera obtener la medalla de oro, y los Juegos Olímpicos de la Juventud, una meta que ya visualiza con determinación y fe.

Finalmente, el joven deportista hace un llamado a las autoridades y a la sociedad en general para que apoyen más el deporte. “No todo es fútbol”, enfatiza. “Hay muchos otros deportes que pueden traer grandes logros para La Guajira. Hay muchas jóvenes promesas que se estancan porque no hay apoyo”.

Sebastián Vergara Osuna representa el presente y el futuro del taekwondo guajiro. Su historia es testimonio de que la disciplina, la constancia y el respaldo familiar pueden abrir camino incluso en medio de las dificultades, llevando el nombre de La Guajira y de Colombia a lo más alto del deporte nacional e internacional.

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