El repicar de las campanas y el murmullo de un pueblo agradecido acompañaron una jornada cargada de memoria, orgullo y sentimiento en Tomarrazón. Bajo el calor de la tierra guajira y en medio de la celebración de las fiestas patronales de San Isidro Labrador, familiares, amigos, dirigentes políticos y habitantes del corregimiento se reunieron para rendir homenaje a uno de los hijos más ilustres de esa tierra: Alfredo Brito Ospino.
La ocasión fue la develación del busto en honor a quien muchos consideran un visionario y gestor incansable del desarrollo de Tomarrazón, un hombre que dedicó su vida al servicio público y a luchar por obras que transformaron la historia de su pueblo.
El acto se realizó en el parque que hoy lleva su nombre, el Parque Alfredo Brito Ospino, en pleno corazón del corregimiento, donde decenas de personas se congregaron para recordar el legado del dirigente.
Al frente del homenaje estuvieron Nelcy Brito de Ceballos y sus hermanos, acompañados por su esposo, el exalcalde Rafael Ceballos, así como sus hijos y familiares cercanos. También hizo presencia el diputado Daniel Ceballos Brito, quien junto a la familia participó del emotivo momento en que quedó descubierto el busto que perpetúa la memoria de Alfredo Brito Ospino.
Un homenaje en el día del santo patrono
La ceremonia tuvo un simbolismo especial. Se realizó precisamente durante las festividades de San Isidro Labrador, patrono de los campesinos y figura profundamente arraigada en la espiritualidad de Tomarrazón.
“Hoy es un gran día, porque es el día de nuestro santo patrono San Isidro Labrador, una figura que hizo tanto por Tomarrazón y por los campesinos. Y hoy también estamos aquí para rendir homenaje a otro hombre que entregó su vida por este pueblo: Alfredo Brito Ospino”, expresó uno de los oradores durante el acto.
El ambiente estuvo cargado de recuerdos y relatos sobre la vida de aquel dirigente que convirtió el servicio público en una herramienta para impulsar el desarrollo de su tierra.
El niño de Tomarrazón que soñó en grande
Alfredo Brito Ospino nació el 10 de julio de 1914 en Tomarrazón, hijo de Emilia Ospino Romero y Encarnación Brito Amaya. Desde muy pequeño mostró una vocación por el estudio y el liderazgo.
Sus padres decidieron trasladarse a Riohacha para brindarles mejores oportunidades educativas a sus hijos, especialmente a Alfredo. Allí fue matriculado en la antigua Escuela Urbana de Varones de Riohacha, una de las instituciones educativas más reconocidas de la época.
Tras culminar su primaria y parte de la secundaria, continuó sus estudios en la Escuela Normal de Varones del Magdalena, en Santa Marta, donde se formó como normalista.
Sin embargo, pese a estudiar y vivir fuera, Alfredo jamás se desligó de sus raíces. “Él nunca abandonó a Tomarrazón. Siempre volvía, siempre pensaba en su pueblo”, recordaron durante la ceremonia.
Al regresar de Santa Marta, se desempeñó como maestro de escuela en Tomarrazón, donde enseñó durante varios años antes de decidir emprender el camino de la política.
El político que abrió caminos
La política se convirtió en la gran plataforma desde donde Alfredo Brito Ospino impulsó las transformaciones que marcaron la historia del corregimiento.
Su carrera comenzó al lado de figuras como Miguel Pinedo Barros y Mario Pinedo Barros. Posteriormente ocupó diversos cargos públicos que le permitieron construir relaciones y abrir puertas para gestionar obras en favor de La Guajira y especialmente de Tomarrazón.
Fue inspector de Policía en Manaure y también en Tomarrazón. Más adelante ocupó cargos como inspector de Rentas Nacionales, administrador del mercado público de Riohacha y secretario de auditoría ante Impuestos Nacionales, hasta convertirse en auditor, uno de los cargos de mayor influencia administrativa en la región durante esa época.
Quienes lo conocieron recuerdan que su oficina se convirtió en un escenario permanente de gestión. “Alfredo estaba en todo. Ninguna obra importante del departamento se movía sin pasar por sus manos”, relató uno de sus familiares.
Desde esa posición impulsó proyectos fundamentales para el desarrollo de Tomarrazón.
Uno de los más recordados fue la construcción del puente sobre el río Barbacoa, obra que mejoró la comunicación entre Riohacha y el corregimiento en momentos en que las vías eran prácticamente caminos de herradura. Después insistió en la apertura del carreteable desde La Florida hasta Tomarrazón, una vía que cambió la movilidad y permitió conectar al pueblo con el resto del territorio. Pero su visión no se detuvo allí.
También gestionó la electrificación del corregimiento, apoyó iniciativas educativas y promovió obras que durante décadas fueron consideradas imposibles para una población rural apartada.
El hombre que tenía incidencia en todo
Durante el homenaje, varios asistentes recordaron la enorme influencia administrativa que alcanzó Alfredo Brito Ospino.
Fue auditor de la Policía Nacional, del Ejército acantonado en Buenavista, del Hospital de Uribia, de la Normal de Señoritas de Uribia, de Impuestos Nacionales, de Aduanas Nacionales y del Liceo Nacional Padilla, entre muchas otras entidades.
En una época en que La Guajira dependía administrativamente de estructuras centralizadas, Alfredo se convirtió en una figura clave para la supervisión y control de los recursos nacionales. “Todo cheque importante debía llevar la firma de Alfredo Brito. Él era quien supervisaba las cuentas y vigilaba la inversión pública”, recordaron.
Sin embargo, quienes hablaron durante el acto insistieron en que nunca utilizó ese poder para beneficio personal, sino para abrir puertas y gestionar soluciones para su pueblo.
Alcalde, concejal y líder regional
Además de su trabajo administrativo, Alfredo Brito Ospino tuvo una destacada vida política. Fue alcalde de Riohacha, alcalde de Maicao y concejal de Riohacha en varios periodos, desde donde continuó impulsando iniciativas de desarrollo. Su nombre quedó asociado al liderazgo, la gestión y el compromiso con las comunidades más necesitadas.
Para muchos habitantes de Tomarrazón, Alfredo representó la voz de un pueblo históricamente olvidado.
El legado que continúa
Uno de los momentos más emotivos de la jornada ocurrió cuando los asistentes destacaron que el legado político y social de Alfredo Brito Ospino continúa vigente en las nuevas generaciones de su familia.
Durante el evento se resaltó el trabajo de Rafael Ceballos, de Daniel Ceballos Brito y especialmente de Nelcy Brito de Ceballos, a quien definieron como una mujer incansable en la defensa de Tomarrazón. “Ella es una hormiguita arriera que solo piensa en Tomarrazón”, expresó uno de los familiares durante el homenaje.
Las palabras arrancaron aplausos y emociones entre los asistentes, quienes reconocieron el trabajo constante de la familia Brito Ceballos por mantener vivas las luchas y los proyectos en favor del corregimiento.
Un busto para eternizar la memoria
Cuando finalmente cayó el velo que cubría el busto de Alfredo Brito Ospino, el silencio se apoderó por unos segundos del parque central.
Muchos levantaron la mirada hacia la escultura como si estuvieran reencontrándose con aquel hombre que durante décadas tocó puertas, gestionó carreteras, luchó por la energía eléctrica y defendió el desarrollo de Tomarrazón.
El homenaje no solo exaltó la memoria de un dirigente político. También reafirmó el sentimiento de identidad de un pueblo que no olvida a quienes trabajaron por su progreso.
En medio de las fiestas patronales de San Isidro Labrador, Tomarrazón volvió a decirle gracias a uno de sus hijos más ilustres. Y desde ahora, en el corazón del pueblo que tanto amó, el busto de Alfredo Brito Ospino permanecerá como símbolo eterno de liderazgo, servicio y amor por su tierra.