POR: LUIS ANTONIO GÓMEZ PEÑALVER
Lo que va a pasar en Colombia el próximo mes será histórico, un outsider por primera vez ganará las próximas elecciones. Décadas atrás, solo mencionar la posibilidad de que un candidato apartado de la encorbatada política tradicional tuviera posibilidades de llegar a ser presidente era una completa locura, no había ni la más mínima opción. Pero ha sido la misma política psicorrígida y sus desaciertos la que ha llevado a que la opinión pública piense en la necesidad de elegir diferente. Ese mismo electorado que vio con buenos ojos a Antanas Mokus y que, años después, hizo que el finado Rodolfo Hernández lograra pasar a segunda vuelta.
Si hay algo claro en estos tiempos es que los colombianos quieren cambios sociales profundos. Por eso, Gustavo Petro logró ser presidente bajo el discurso anti establecimiento y, por la misma razón, ahora Abelardo de la Espriella tiene tanta popularidad. Décadas atrás, el elector fijaba su mirada en la preparación académica, social, ética y hasta familiar que debía tener un actor político para poder llegar a tener opción dentro de la contienda, porque se creía que solo aquellos con estas actitudes podían lograr gobernar al pueblo. La comprensión, muchas décadas después, ha llevado al electorado a entender que, a pesar de elegir dichos personajes con supuestas cualidades, no significaba que no se siguieran presentándose casos de corrupción, problemas de inseguridad y mal manejo del fisco.
A nivel personal, creo confiadamente que este debate es muy parecido al anterior, porque los dos candidatos con más opciones están por fuera de lo que para muchos enmarca la política tradicional. Uno es de izquierda radical y el otro es un actor que jamás había aspirado a un cargo de elección popular, un contexto muy parecido al pasado reciente en donde estuvieron Rodolfo Hernández y Gustavo Petro. Lo que muestra el ambiente actual es que la gente aún sigue mostrando preferencia por quienes proponen cambios profundos y a la vez muestran distancia de la política tradicional que otrora el pueblo siempre apoyó, pero en la cual nunca encontró modificaciones sustanciales. De las pequeñas diferencias que encuentro en este debate actual con relación al anterior es que Abelardo, contrario a Rodolfo Hernández, es mucho más joven, retórico, esquemático y con mucha más chispa. Cepeda, el candidato contrario, es mucho menos líder que Gustavo Petro y no tiene su carisma; su único punto a favor es que cuenta con la chequera del gobierno nacional.
Las encuestas a mí no me engañan, dan como favorito a Cepeda, pero yo me siento completamente seguro de que Abelardo de la Espriella sacará más votos que él en primera vuelta. En el debate anterior, el finado Rodolfo Hernández logró, consciente o inconscientemente, descubrir un discurso que despertaba un favoritismo en el electorado. Dicho discurso que Abelardo ha sabido explotar con mucha más efectividad y eficiencia que el mismo Hernández. En 2022, la mayoría de las encuestas daban como pasante a primera vuelta al candidato Federico Gutiérrez y dejaban a Rodolfo de tercero, pero la sorpresa que se dio a conocer días después fue que Gustavo Petro, en segunda vuelta, le ganó a Hernández por solo 700 mil votos; no fue paliza, y eso que el finado en cuestión no hizo alianzas en segunda vuelta ni tampoco logró capturar los votos del uribismo. Mi conclusión sobre el posible resultado es que Abelardo sacará aproximadamente de 500 mil a un millón de votos más que Cepeda en primera y que, en segunda vuelta, la ventaja aumentará a más de un millón 500 mil votos por encima de Iván, logrando la victoria.
Parte de la muy posible derrota de Cepeda se deberá a que el presidente en campaña recargó mucho el discurso con promesas incumplidas, como desmovilizar al ELN en pocos meses, acabar con la sed en La Guajira y la disminución histórica de actos de corrupción, entre otros. Obviamente, ninguno de ellos se logró. En consecuencia a lo anteriormente dicho, sobre Cepeda, por ser el candidato de gobierno, recaerán todos los reproches y esto tendrá un costo electoral que favorecerá al outsider, sin importar que la izquierda, por primera vez, logró gobernar a Colombia bajo la retórica que en 4 años no se podrán efectuar los logros que el país necesita.
Antes de realizar este artículo, me di a la tarea de investigar sobre resultados de encuestas, contiendas electorales similares, discursos que han generado favoritismos y demás fenómenos electorales. Entre estos, encontré el resultado que obtuvo el expresidente Álvaro Uribe en 2001, en el cual logró la victoria en primera vuelta. Uribe, en aquel entonces, manejó un discurso muy parecido al de Abelardo con respecto al sector seguridad, relacionado con la firmeza frente a quienes alteraban el orden público y lideraban el crimen organizado. Hoy, 25 años después, Abelardo llega al escenario político sin haber sido candidato a ningún cargo por elección popular, proclamándose como un outsider que viene desde el sector privado con ideas nuevas y fusionando esto junto al discurso fuerte que en aquel momento le resultó al expresidente Álvaro Uribe. A mi modo de ver, este es el detonante que le ha dado resultado al candidato de la Espriella.
La posibilidad de que la derecha ganara en primera vuelta hubiese sido posible sin paloma Valencia en el debate, el uribismo aún no entiende que Colombia les dio la oportunidad en 4 ocasiones y que ya el electorado tiene otras preferencias, las elecciones pasadas con Fico no alcanzaron segunda vuelta y ahora confiados en que el pueblo si les iba dar el apoyo en vez de apoyar a De La Espriella decidieron seguir en su actitud testaruda sacando del partido al papa del finado Miguel Uribe y apoyar a paloma, en consecuencia a esto Paloma ha tenido un efecto distinto al pensado por el expresidente Uribe bajando mucho en las encuestas, de modo que el escenario favorece al outsider de manera sustancial. Particularmente creo que seguirá creciendo en las encuestas a medida que vayan pasando los días y se convertirá sin dudas en el próximo presidente, toca ahora esperar que su gobierno sea coherente con el discurso que maneja y no se vaya a convertir en un Duque 2.0, que solo fue retórica y más nada.

