El silencio habitual de la carrera 39 con calle 13 se quebró de golpe cuando el rugido de los motores y el seco y despiadado eco de las detonaciones rompieron la calma matutina. Eran las primeras horas de este martes 6 de octubre de 2026, un amanecer que prometía ser cotidiano en la capital guajira, pero que terminó convirtiéndose en el escenario de una nueva página de violencia sicarial.
A mitad de la vía, convertido en el blanco silente de una persecución implacable, quedó estacionado un automóvil Toyota Corolla de placas KFX-159. Su carrocería presentaba múltiples perforaciones, huellas inequívocas de la ráfaga de proyectiles que lo persiguió metros atrás.
Persecución y muerte sobre el asfalto
De acuerdo con las primeras pesquisas adelantadas por las autoridades, la tragedia se gestó a toda velocidad sobre el asfalto riohachero. Los dos ocupantes del vehículo intentaban avanzar mientras eran estrechamente vigilados y acorralados por los ocupantes de dos motocicletas Boxer de color negro. Desde esos vehículos ligeros, en una maniobra tan fría como coordinada, los sicarios abrieron fuego sin piedad contra el automóvil, convirtiéndolo en un blanco móvil.
Al interior del carro, la muerte no dio tregua. En el asiento del copiloto, gravemente herido por los impactos que penetraron la estructura, quedó el cuerpo sin vida de Donovan Rojas Carrillo, quien falleció de manera instantánea antes de que cualquier auxilio pudiera llegar.
Al volante se encontraba Elisamir Pinedo Mengual, quien agonizante logró ser auxiliado y trasladado de urgencia a un centro asistencial cercano. Los médicos hicieron lo humanamente posible por salvarle la vida, pero la gravedad de las heridas fracturó toda esperanza: minutos más tarde, el conductor también se sumaba a las víctimas mortales de este violento episodio.
El rastro de la impunidad y la respuesta institucional
Tras el ataque, y con la misma rapidez con la que aparecieron, los homicidas aceleraron las motocicletas Boxer y se desvanecieron entre el laberinto de calles de la ciudad, dejando tras de sí el pánico de los transeúntes y la estela de incertidumbre que siempre acompaña a estos crímenes.
Minutos después, la escena del crimen se llenó de sirenas y cintas amarillas. Unidades de la Seccional de Investigación Criminal (SIJIN) asumieron el control del lugar para adelantar las labores de inspección técnica a los cuerpos y al vehículo baleado. Los peritos forenses peinaron la zona recolectando elementos materiales probatorios vainillas, huellas y posibles registros de cámaras de seguridad cercanas con la misión de trazar el mapa de ruta de los asesinos y esclarecer los móviles detrás de este doble homicidio que hoy enluta a Riohacha.

