Alana Durán Barros, un sueño de reina que se hace realidad

Por: Juan Carlos Herrera

Cuando la niña Alana comenzó a soñar despierta, no pensó que esas imágenes dejarían de ser sola energía para volverse materia. Siempre se vio en un palacio, como en un cuento de hadas, rodeada de personas alegres con el mismo milagro de su existencia. Entonces dijo a sus nueve años:

   —Quiero ser reina.

   Su familia la miró. En efecto, la idea de que lo fuera ya la habían tenido sus ancestros, pero nunca se lo habían dicho, esperando que ella misma descubriera esa razón de ser.

   Su madre siempre ha sido su mejor orientadora en esa atmósfera de fantasía. Consciente de que había una forma en Riohacha de ser entronizada, le dijo: «Hija, yo quiero que tú seas reina del carnaval». La niña Alana contestó, con esa seguridad de soberana que ya tenía incluso antes de comenzar a hablar:

   —Lo que sea, pero yo quiero ser algo que sea, que tenga que ver con reinado.

   Era cierto. Aunque fuera en un castillo medieval, o en los carnavales de Riohacha, ella quería ser la mujer que más le daba alegría al pueblo por vivir todos los días.

   Por lo tanto, el mundo comenzó a girar más rápido, ante el deseo de la infanta. El hada madrina hizo gestión ante la fundación del carnaval, para coronar, entre varias candidatas, a alguien que estaba tan segura de que solo había nacido para ser coronada. Su esperanza creció, como su deseo de no salir jamás del jardín encantado, que ya era su propio sueño. En un momento, la madre le dijo que no había salido vencedora. Al ver la cara de tristeza intensa de la niña, entonces comprendió que su intención de ser reina era una fuerza que la había hecho nacer de verdad. «Era una broma», le dijo. Había ganado, y sin saberlo.

   Si buscan a la persona más feliz que existe en estos momentos en Riohacha, capital de La Guajira, se darán cuenta de que es una niña de apenas once años. Estudiante de sexto grado en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, Alana Durán Barros aprende desde su más tierna infancia que los sueños de ser reina se pueden cumplir. Sin necesidad de dejar de ser niña. Su nuevo estilo de vida es un poco más rápido, porque tiene que compartir la preparación, que guiarán las comparsas, simultáneamente con los importantes estudios, donde sus compañeros de clase al saber la noticia, se transformaron en sus primeros espectadores. Como la otra cualidad de las reinas, también con alegrar a los demás, se siente ganadora.

   En realidad, en su familia ya muchas habían pasado por esa experiencia de ser vistas. Desde su famosa bisabuela Josefa Barros, el amor por los carnavales se metía en la sangre, y pasaba a los descendientes, que al nacer ya sabían lo que querían, como lo dejaron claro las reinas centrales que fueran su tía Perla Sabino Barros, y sus primas Viatni Barros y Laura Limmermann. Se acuerda de una en especial: «Mi tía Dalia». No hay manera, para la niña, de ser feliz por otra escalera de ilusión.

  En efecto, su joven tía Dalia Durán Ariza, fue coronada alguna vez Reina Infantil y luego Reina Central del Carnaval. Como un buen ejemplo, alegró al pueblo de donde es nativa, e hija además de quien ha sido una gran personalidad de la política, el doctor Antenor Durán Carrillo. Demostrándole a la gente, y a su sobrina, que ese sentimiento ha sido una de las cosas que más ha hecho, históricamente, recordadas y felices a las mujeres.

   Por lo tanto, Alana Durán Barros comprende que su gran responsabilidad como bella soberana no es tanto con la ciudad que aplaude su carnaval, sino con su familia paterna y materna. En ella está reflejado el legado de popularidad que han hecho antes, llevando la belleza inteligente, para que este carnaval sea más amado por la gente. Su emoción de reina es tan grande, que piensa que jamás dará para hacer mejor otra cosa.

   Los carnavales de Riohacha son unos de los más originales de la región. La fiesta de los embarradores, recuerda en el siglo diecinueve la toma de la Bastilla, en Francia, cuando el lodo sirvió para escribir la historia europea de la democracia. Aquí su brisa, su clima, su gente, hacen que esta fiesta pretenda ser eterna como el propio mar Caribe que la inspira.

   Por lo tanto, son muchas las familias de la sociedad riohachera donde, por generación, ha habido una, dos o tres reinas. Las cuales se encargan después de transmitirle hereditariamente ese entusiasmo a su descendencia, no tanto pensando en la corona, sino en que perdure siempre la belleza que, a fin de cuentas, es la cara de oro de todo carnaval.

  En el caso de Alana, confiesa que le agrada bastante esa primera manera de ser reina, por los ritmos que baila. Uno de los preferidos es el pilonero, y el otro es la champeta que hasta a las piedras mueve en estas lunas. De ritmo africano, este género puede despertar en ella un movimiento del otro mundo, hasta transformarla en monarca también del baile. Pero también hay más, como los que baila fielmente con el pajero. «Es mi hermano», declara Alana orgullosa.

   Javier Alberto Durán y Ana Milena Barros son sus padres, y en estos días los padres más orgullosos del mundo. Para su madre, Alana es una niña de verdad, pero que siempre ha pensado como grande, para algún día serlo. A ellos les dice: «Gracias por apoyarme en esto». Según cuenta, se han esforzado por hacerla feliz, y lo han conseguido.

 Piensa que después de este carnaval, se seguirán coronando en otras manifestaciones culturales. Pero para fortuna de los riohacheros, es en estas, la más viejas de las fiestas, donde el pueblo por primera vez la aclama.

   Al mismo tiempo, admite que es la primera vez que ella también siente más real esta ciudad donde ha vivido. Pues su condición de reina le ha creado una agenda, una serie de cumplidos, donde ha caído en la cuenta de lo mucho que quiere la gente a esta comarca desértica cuando algo celebra. «Esta nueva vida mía la estoy disfrutando más», revela.

   La coronación de este 10 de febrero, será la prueba científica de que una niña nació soñando. Pero que, a pesar de ser solo reina infantil, por la serie de compromisos asumidos, ha crecido más rápido en estos días. Su mensaje a los alegres riohacheros es una joya de frase a su corta edad: «Quiero que nos acompañen para que disfruten, y gocen esta tradición tan bella que tenemos en nuestra hermosa Guajira». Donde ella desde la tarima, junto a la reina central Daniela Rodríguez Abdala, también pondrá a la tierra única de los embarradores, a soñar con este viejo y todos los años nuevo gran carnaval.

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