Mingueo despidió a Juaquito Suárez, el amigo de siempre

«Gracias por darme tantos recuerdos maravillosos para atesorar. Siempre te recordaré con amor y gratitud». «Aunque la vida sin ti será difícil, seguiré adelante sabiendo que eres parte de mí y que siempre estarás en mi corazón. Descansa en paz, mi amado hijo”, estos fueron los mensajes de su madre Yudis García, sus hermanos y familiares por la partida de su ser querido Juaco Suárez García, quien en vida gozó del aprecio y del cariño de un pueblo que lo quería.

Hoy, Mingueo llora lágrimas de dolor, tristeza y lamenta la pérdida de su hijo querido, el amigo de sus amigos. Su despedida en la última morada fue muestra de amor y cariño, el que tenía Juaco con su pueblo amado.

Fue hijo del legendario  y fallecido Juaco Suárez Coronado y Yudis García, de allí nació ese don de gente y ser humano que marcó su personalidad y la deferencia de sus hermanos, y quedan marcados en los recuerdos y en el corazón de sus hermanos y familiares.

Su personalidad fue de un hombre tan alegre, sincero y parrandero, su gesto más grande fue la humildad, el carisma, la capacidad de caer bien en las personas apenas lo sentían hablar. El echar un chiste. Verlo a él, garantizaba a otro ser humano siempre quedar con un buen recuerdo.

Quien más lo sabe es Yuris Mieles, su compañera sentimental, que pudo conocerlo más que cualquiera, y ver dentro de él, no solo al hombre popular, sino al enamorado que, gracias a ella, se fue de esta vida con el corazón más feliz del mundo. Por haberle dado su tesoro más soñado: su hijo Santiago, la hermanita menor Elena. Por ellos, cómo por su mamá, hermanos, tíos, su sobrinos, primos y amigos, vale la pena recordarlo.

Juaco Suárez García, que en su corta vida de 40 años de edad. Fue despedido sonando la ranchera, el acordeón, con las canciones que le gustaban tanto, haciendo sentir que esa tarde era cuando, más que nunca antes, se sintió el espíritu vivo de él. Incontables personas lloraban, de ver el sentimiento más grande que despertaba, la persona que ya menos estaba con ellas. 

Las calles de Mingueo se convirtieron en un río de personas destrozadas interiormente, que iban camino a la iglesia donde recibió sus honras funebres y después tomaron rumbos para el cementerio y darle el último adiós a Joaco, el hombre más querido, y darle un homenaje póstumo que le brindaron por ser una buena persona.

Su cuerpo obtuvo las honras fúnebres en la Iglesia de San Martín de Mingueo. Por último, en medio del cortejo sería traslado su ataúd al cementerio, donde recibió el último adiós, alguien que vivió con una forma fácil de ser, hacer sentir mejor a los demás que lo conocieron, o que, con el aumento de su fama, no lo pudimos conocer.

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