
Por: Juan Zambrano Romero
Presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos de la Guajira
“La responsabilidad social empieza en una compañía competitiva y fuerte. Sólo una empresa en buen estado puede mejorar y enriquecer las vidas de las personas y sus comunidades.” – Jack Welch
La Responsabilidad Social de las empresas, exige que cada vez sea más efectiva su accionar tanto social como ambiental en las comunidades, conllevando que se reconozcan los procesos, permitiendo así un clima de acercamiento y bienestar. En los últimos años, con la aprobación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, se solicita un involucramiento más directo de las empresas en la solución de los problemas sociales de las comunidades, como la pobreza,
la discriminación y la falta de acceso a servicios entre otras, extendiendo sus actividades tradicionales dentro del contexto de la responsabilidad social hacia grupos y poblaciones desfavorecidas y vulnerables. Esta extrapolación suele hacerse de manera consistente con la estrategia global de la empresa.
En este contexto han surgido ideas de incorporar en esos negocios a las comunidades a través de mecanismos que permitan ser beneficiarios de los proyectos. Esta nueva forma de inclusión es debido a las presiones de la misma comunidad y en parte por el entendimiento de las empresas de que ser responsable puede llegar a ser una ventaja competitiva. A primera vista parecería que no fuera necesaria una nueva forma jurídica de empresas, ya que bastaría con que esa responsabilidad social ante la comunidad se
entienda como la gestión de sus impactos sobre la sociedad y el medioambiente. Al emplear la frase “Empresas Socialmente Responsables” ó “Cerrejón Minería Responsable” genera una confusión generalizada, porque bien es sabido que “Minería Responsable” no existe ni en las películas de ciencia ficción.
Esto desde el concepto de que todas las empresas tienen algunas prácticas que se podrían calificar como socialmente responsables, pero ninguna se puede calificar como responsable en su concepto como tal. De allí que llamar a una empresa socialmente responsable incita a pensar que lo es por completo, cuando no es así. En el Departamento de la Guajira, las comunidades y/o organizaciones de la sociedad civil están todavía muy subdesarrolladas, con más preocupaciones por encontrar un desarrollo particular que el general. El gobierno Colombiano está más preocupado por
la política neoliberal extractivista y por la expansión de la inversión extranjera, dizque para el desarrollo económico del país a costa de poder potenciar los beneficios de las comunidades que representa y que los eligió, lo que les permitiría a esas comunidades mantener su cohesión social. Si analizamos la percepción que existe en el universo de las comunidades del área de influencia del Complejo Cerrejón respecto a esa responsabilidad social que se ufana implementar la multinacional en el Departamento
de la Guajira, seguramente las opiniones se volcarían a desaprobar dicha aseveración.
La razón primordial de esta apreciación, es el grado de desarrollo actual de esas comunidades después de más de tres décadas de operaciones de las explotaciones del carbón, lo cual le ha generado un impacto negativo por el desarraigo, la pérdida de su identidad étnica, tanto indígena como afro descendiente que a la postre no se les ha permitido seguir luchando por reivindicar sus derechos sobre su despojado territorio.
Gran parte de esa insensibilidad social de la multinacional Cerrejón y todas las empresas multinacionales vienen con un único objetivo, el cuál es el de maximizar sus ganancias y beneficios a costa de las vicisitudes adversas de las comunidades.
En la Guajira, la frontera extractiva se ha expandido rápidamente, generando presión sobre diversos ecosistemas estratégicos. El auge del extractivismo, que presenciamos en la actual coyuntura de neoliberalismo y globalización, implica un modelo insostenible, violento y voraz, pues cada vez encuentra nuevas formas de mercantilizar y explotar desenfrenadamente la naturaleza.
En el Departamento de la Guajira se evidencian los impactos negativos que produce el extractivismo, así como las distintas estrategias que emplean las empresas para imponerse en los territorios, como la práctica del despojo y ocupación de las tierras de las comunidades indígenas, afrodes-cendientes y campesinas, garantizando su control territorial y sus instalaciones con la presencia de la fuerza pública. Estas multinacionales posicionan su iscurso ejerciendo una fuerte influencia en los medios de comunicación llámese cadenas de televisión, prensa hablada, escrita y digital públicas y privadas,
presentando múltiples practicas propagandísticas y a la vez haciendo difusión exclusiva de sus versiones e intereses, ocultando los verdaderos impactos sobre los conflictos socio ambientales de sus operaciones. En múltiples ocasiones, estos medios estigmatizan de manera explícita la defensa de los activos ambientales, legitimando las violaciones en su contra. No les dan la oportunidad a esas comunidades de expresar su verdadero calvario. Es preciso señalar que es una estrategia recurrente implementada por las multinacionales para generar una opinión pública favorable a sus actividades tanto en las comunidades locales, como en la sociedad civil y los gobiernos.
Estas multinacionales constituyen fundaciones y desarrollan algunas ‘obras sociales’ sopretexto de la Responsabilidad Social Empresarial, con el fin de limpiar su imagen en las comunidades y presentarse como benefactoras de las mismas. Con frecuencia, este accionar se aprovecha por la falta de supervisión de parte de quienes son los encargados de vigilar el cumplimiento de esa responsabilidad, violando permanentemente los
derechos fundamentales de esas comunidades.
Los evidentes daños ambientales irreversibles como la contaminación del aire, los suelos, las fuentes hídricas provocan grandes pérdidas de la biodiversidad, violando los derechos humanos de las comunidades afectadas, al destruirles sus formas de vida y su tradición, convirtiendo su economía dependiente de mercados externos, cuando ellos eran autosuficientes con su trabajo para el sustento y mantenimiento de sus familias.
Nuestros artículos van orientados a emitir un juicio crítico de la situación del Departamento de la Guajira, en el mejor sentido de la palabra, siendo pensante y de una postura abierta y libre. Es preciso expresar lo que se ha venido percibiendo donde existe mucha liviandad por parte de los medios de comunicación y la clase dirigente del Departamento, en el sentido de que no se le ha puesto la lupa, ni la atención a las explotaciones que se avecinan para la Guajira como son: a.- La explotación de Gas en Orca 1, Siluro y Moluscos; b.- La explotación de la Drumond en los mantos de Carbón en el Cerrejón; c.- La explotación´ de Gas y/o petróleo en la Cuenca Cesar – Ranchería por parte de Ecopetrol y la quebrada multinacional Exxon Móvil; d.- Las explotaciones de Energías Renovables – eólicas y Solar- en la Alta Guajira, donde ya están concesionadas más de 14 empresas multinacionales para desarrollar más de 60 parques eólicos y solares.
Entonces es interesante preguntarnos ¿ Saben las comunidades indígena de la Alta Guajira y las comunidades indígenas, afrodescendientes y Campesinas de la baja Guajira que hacer en la implementación de todos esos proyectos anunciados en sus territorios?.
No vamos a tener una tendereta como dijera el Contralor Departamental Dr. Moscote, refriéndose al covid 19, sino que va a haber es un berenjenal con tantas multinacionales en los procesos extractivos en la Guajira. Estamos a tiempo de pensar y repensar esa nueva apuesta que se les presentará a las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas del Departamento. Sigo invitándolos que es hora de que despertemos!. Y
nuestra clase dirigente, Representantes a la Cámara, Diputados, Concejales y “los sabios”, qué dicen?.

