
Por: Martin Barros Choles
La inseguridad es un factor negativo y desastrosos, donde se ubique, genera incertidumbre y desconfianza, por causas ilícitas, manipuladoras, mañosas y graciosas; utilizada para engañar, estafar y robar. Por inseguridad se pierde la fe, la credibilidad y confianza; en personas y autoridades, desarticulando estructuras, proyecciones, programas y servicios. La corrupción es la principal causa de la inseguridad, aprovechando la ignorancia y la buena fe, de quienes creen en el respeto a las palabras, seriedad y honestidad, de los que ejercen y prestan servicios, de manera: general, particular, profesional, técnico, público y privado.
En Colombia, cada año se aprueba una cantidad de leyes y se reforma a la Constitución, implementado, modificando, adicionando y creando; normas legales, que sirven para generar beneficios e intereses, particulares y personales, sin utilidad general, ni colectivas. Estamos sobrados de múltiples normas legales vigentes, que parten del siglo XIX, hasta la fecha, colocadas a la buena suerte de interpretaciones, objetiva y subjetiva, de los distintos y variados textos, de acuerdo a la razón o conveniencia, que se apliquen en situaciones concretas. Algunas normas vigentes, difieren de otras, igualmente en vigencias. Lo mismo ocurre con providencias judiciales, incumplidas por autoridades competente, originando confusiones y dudas, en realizaciones de acciones e inversiones productivas, por falta de garantías. Es necesario y urgente, copilar legislaciones de diferentes regímenes, condensándola y depurándola, en brevedad y síntesis, de entendimiento, facilitando los gobernantes la atención popular y especial, en servicios: profesionales, técnicos, orientadores, asesores y acreditadores, de formalidades en cumplimientos de requisitos, requerido en diferentes trámites administrativos y judiciales.
La inseguridad nos lleva a desgracias y frustraciones, generando desestabilización emocional y económica, con pérdidas materiales y desmanes, por imprecisiones normativas e interpretaciones equivocas y erradas, incidiendo la mala fe, con aspectos y circunstancias, reprochables que frecuentan con prácticas dañinas, que aún no han sido erradicadas en nuestro estado de derecho. Donde impera y prevalecen, el tránsito y circulo de corrupción, la inseguridad es el gancho trampa, para pescar, cazar, exprimir y usufrutuar derechos ajenos. Un de juego de doble filo, de extracción económica.
En esta nación nadie está, seguro de nada. Vivimos a la buena de Dios y el vaivén de los vientos. La inseguridad nos acechas y persigue, en lo público y privado. Es otra pandemia que no se controla, porque comprometes autoridades, que se lucran de la corrupción, asumiendo las retribuciones que de ella se genera, como un valor agregado, al salarios u honorarios devengado. Si no se dispone de los medios monetarios efectivos, para aplanar la seguridad, no hay garantía de efectividad, ni éxito. Todo vale o te priva de derecho. La razón sin engrase y “coimas”, no prospera de manera ordinaria, de pronto excepcional.
Quienes deben garantizar seguridad, se hacen los de la vista gorda, esquivando responsabilidad de autoridad competente, compartiendo con intermediarios facultados, de negociar y recibir, retribuciones de servicios por cumplimientos indebido, en los poderes públicos, órganos de control y autoridad penal; con ramificaciones y extensiones, institucional y territorial. Es un deber formalizar la consulta previa con comunidades y etnias, negras, indígenas y otros; por obras que los afecten, para consentirla previo acuerdo democrático interno. ¿Por qué omitirlo o manipularla? Una de las perlas que pueden mencionarse entre tantas inseguridades que a diario brotan como burbujas, en las administraciones públicas: administrativas, judiciales, financieras, laboral, salud, medioambiental, comunicaciones, obras, policivas etc. Inseguridad en las vías, espacios públicos y privados. Nos toca convivir en inseguridad, expuesto a ser víctima de la delincuencia de todos los calibres o sufragar gastos por concepto de tramite y protección: institucional, empresarial y personal. No se escapan, ni los medios de sistemas tecnológico de cómputos y comunicaciones, hackeados por expertos delincuentes, que se nutren con robos de informaciones y dineros de cuentas bancarias. También causan daños y graves perjuicios, con virus. La falta de transparencia, ética, seriedad e irrespeto; interprétela como inseguridad.

