Por Fredy Rodríguez Effer
En este escrito quiero hacerles un reconocimiento a tres grandes mujeres que, sin leer a Sócrates, Platón o Aristóteles, hicieron historia en la formación educativa de tantos jóvenes de Riohacha. Sin haber terminado su bachillerato, tenían el don para formar y guiar a la juventud en lo esencial, la lectura, escritura, matemáticas y valores. Eso sí, enseñaban a ser personas responsables, respetuosas y sobre todo honestos, con lo cual cada joven de esa generación lo que aprendieron fue a ser grandes personas.
Tuve el honor de ser discípulo de las tres, de las cuales tomé lo más representativo de ellas. No cobraban al Estado por su labor pedagógica, su pago era por parte de los padres de los estudiantes, que no eran muchos, pero lo hacían con amor y dedicación. Era la época en que: la letra con sangre entra. Además, los estudiantes debíamos llevar el asiento o un cajón para sentarnos, para recibir las clases, lo cual hacíamos con orgullo y dedicación.
Era la época en que la vergüenza y el terror estaban presentes en cada clase, pero todo era normal, ya que la palabra de los padres era “aquí lo traigo para que lo corrija y lo eduque, te lo dejo en tus manos” otro termino era “usted es su segunda mamá, nadie le va a reclamar”.
Todas esas generaciones, algunas de ellas pueden tener malos recuerdos de castigos o regaños muy fuertes, pero, estoy seguro de que, como yo, hay muchos agradecidos por todo lo que nos enseñaron y sobre todo formarnos para la vida y que hoy ponemos en practica al servicio de la sociedad.
Con todo el carácter que mostraban a sus estudiantes, pero al mismo tiempo con afecto, respeto y cariño de madre, siempre viviremos muy agradecidos. Entre estas grandes maestras hablaremos de tres de ellas.
EMMA JOSEFA QUINTANA TORO, nacida el 26 de enero de 1943 y falleció el 9 de marzo de 1980, casada con el agrónomo Manuel Cayetano Ramírez López de cuya unión hubo cinco hijos: Laina, Zuleica, Manuel, Emilio y Erica. Dedicó toda su vida a enseñar desde su hogar la cual compartió con muchos jóvenes en la calle 10.
CLEMENTINA PIMIENTA REDONDO, nacida el 20 de junio de 1947, casada con Nicolas Deluque, de cuya unión nacieron siete hijos, solo llego a segundo de bachillerato como dice ella, pero las ganas de ayudar a los demás la hizo aceptar niños en su casa hogar en la carrera 5 entre calle 9 y 10 donde formó la escuelita SAN JUDAS TADEO la cual mantuvo durante mucho tiempo, hoy en día se dedica a la danza y a los paseos con sus compañeras de su generación. Que Dios la siga conservando.
MARIA JACINTA LOPEZ DE MARTINEZ, nació el 29 de octubre de 1918 y falleció el 22 de diciembre de 1998. Casada con José Vicente Martínez, de cuya unión hubo dos hijos Marta Miriam y Luis Mauricio. Podemos decir que chinta como cariñosamente la llamaban era una mujer de carácter, de temple fuerte, que se hacia respetar de todos sus estudiantes, que muchos confundían este respeto con miedo. lo cual hacía que muchos padres llevaran a sus hijos a sus enseñanzas y corrección.
Sus procesos de enseñanza y aprendizaje de estas maestras hoy son discutibles. Por sus manos pasaron muchas generaciones. Donde los errores y pereza se pagaban con castigos, los cuales teníamos que asumir con responsabilidad y firmeza.
Pero, no solo ellas tenían la ley del castigo, la letra con sangre entra, sino que las escuelas públicas, patrocinadas por el gobierno, sus maestros, también utilizaban este modelo pedagógico.
De lo que sí estoy seguro, es que si algunos de los miembros de esas generaciones de la regla, tienen algún resentimiento, también muchos agradecidos y grandes recuerdos y respeto hacia ellas.
Hoy escribo en la revista Antorcha Padillista este artículo en su honor y agradecimiento por los cimientos que colocaron para hacer de muchas generaciones unas personas para el bien y por el bien. Por eso digo, Maestras por fuera del sistema que dejaron huellas en Riohacha y La Guajira.

