La huella de Elfa Viecco en la educación: una maestra que sembró sueños 

  • «Un buen educador es como una vela: se consume a sí mismo para iluminar el camino de los demás.» – Anónimo.

POR ALEJADRO RUTTO MARTINEZ

Ese hermoso y cálido pueblo llamado Maicao, lleno del polvo de sus calles sin pavimentar y la brisa que movía las copas de los árboles, era testigo de una época que marcó un antes y un después en la educación de la comarca. 

Los vendedores de helados con sus melódicas campanitas, los gritos de los niños que jugaban en los patios de las escuelas, y el olor del pan caliente transportado en las carretillas, formaban parte de un paisaje cotidiano que, para muchos, representaba una vida sencilla, pero vibrante de historias. 

Una de esas historias es la de Elfa Viecco de Cuello, quien dedicó gran parte de su vida a transformar ese entorno con su pasión por la enseñanza y su dedicación incansable.

Elfa Viecco nació el 14 de noviembre de 1942 en Camarones, un pequeño poblado de La Guajira a orillas del Caribe en donde los flamencos rosados se reencuentras para anidar y procrear dentro de la sinfonía infinita de la vida. 

Desde muy joven, su destino estuvo marcado por la educación. Se trasladó a Uribia, donde cursó sus estudios y luego, en 1966, llegó a Maicao. En esta ciudad, comenzó su carrera como docente a los 24 años, desempeñándose en la Escuela Rodolfo Morales. Ese sería el primer paso de una brillante trayectoria que la llevó a dejar huellas imborrables en la comunidad educativa.

En los años 60, en Maicao, las condiciones de vida eran bastante singulares. Las calles sin pavimentar, el polvo que invadía el aire y la vida en los barrios populares de la ciudad daban un contexto complejo para la enseñanza. Sin embargo, para Elfa, eso no fue un obstáculo, sino una oportunidad para enseñar valores, conocimientos y amor por la vida. 

A los niños les transmitió la importancia de trabajar en equipo, de ser responsables y solidarios, pero también de divertirse y disfrutar de su infancia. Con entusiasmo, dirigía los sábados una actividad en la que reparaban los pupitres viejos de la escuela. 

Aquel espacio de trabajo colectivo se convertía en una enseñanza en sí misma. Los niños, guiados por su maestra, trabajaban arduamente, y al final de la jornada, ella los premiaba con un paseo a las orillas de la Laguna de Majupay. Ese era su modo de recompensar el esfuerzo, de sembrar en sus estudiantes la importancia de la dedicación y la gratificación.

A lo largo de su carrera, Elfa compartió su vida con varios compañeros y colegas, pero el profesor José Cuello Herrera fue quien dejó una huella significativa en su vida personal y profesional. Junto a él formó una familia, con cuatro hijos: José de los Reyes, Gabriel José, Elfa Liliana y Antero José, quienes crecieron en la casa de la calle 7 en el Barrio Santander, un lugar emblemático que se convirtió en el hogar de la maestra querida por todos. “La casa grande de la seño Elfa” era como la llamaban, una vivienda que reflejaba su generosidad y calor humano, y que permanecía abierta a todo aquel que necesitara ayuda.

Elfa continuó su carrera en diferentes instituciones educativas de Maicao. Tras su tiempo en la Escuela Rodolfo Morales, pasó a la José Domingo Boscán, y más tarde a la escuela Loma fresca, donde trabajó como directora durante varios años. Fue allí, en esta última institución, donde la comunidad educativa decidió rendirle un merecido homenaje, rebautizando la escuela como Sede Elfa Viecco de Cuello. 

Este reconocimiento refleja el cariño de los estudiantes y compañeros, y el impacto profundo de su labor educativa, que trascendió más allá de las paredes de las aulas.

Al hablar de Elfa, se evoca una mujer que combinaba la sabiduría y la disciplina con una pasión desbordante por la enseñanza. Rafael Ceballos, exalcalde de Riohacha y uno de sus muchos estudiantes, recordó con afecto: «Era un sol, conjugaba sabiduría y disciplina con la pasión por la enseñanza. Con ella todos obteníamos más conocimientos, pero nos formábamos como buenos seres humanos». 

El legado de Elfa es inmenso, no solo porque enseñó ciencias y matemáticas, sino porque enseñó a ser personas, a vivir en comunidad, a ser solidarios y a luchar por un mundo mejor.

Por las calles del barrio Santander, la memoria de la profesora perdura con fuerza. En cada rincón de las escuelas en donde trabajó, en cada corazón de aquellos que fueron sus alumnos, su influencia sigue viva.

Años después de su retiro en 2007, y de su posterior partida a la eternidad, la gente aún recuerda a Elfa con cariño y respeto, y no solo como la profesora, sino como la mujer que transformó vidas con su amor por la enseñanza y su dedicación incansable.

En el Maicao de antaño, las calles sin pavimentar y el bullicio cotidiano daban paso a la atmósfera cálida que Elfa sabía crear en sus aulas. Cada día, entre risas y cantos de los niños, la maestra dejaba en cada uno de ellos una semilla que germinaría con los años. 

La Sede Elfa Viecco de Cuello es el testimonio tangible de su legado, un lugar donde generaciones de niños y jóvenes no solo aprendieron los contenidos de sus materias, sino también los valores que la profesora promovía en cada clase.

Elfa Viecco de Cuello una maestra integral. Se constituyó en un pilar de la educación en Maicao, una mujer que dedicó su vida a construir un futuro mejor para los niños de su comunidad. Su testimonio sigue vivo, en los recuerdos y en las acciones de aquellos que, al igual que ella, se dedican a enseñar con el corazón. 

En cada esquina, en cada rincón de Maicao, su nombre se menciona como un paradigma de amor, dedicación y transformación.La “seño” Elfa Viecco nos dejó una lección para todos los tiempos: La fe en lo que se enseña enciende la pasión por aprender; la pasión por aprender fortalece la fe en el futuro.

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