El mercado viejo de Riohacha: una problemática de salubridad y espacio público

POR SAIT IBARRA LOPESIERRA

En el corazón de Riohacha, capital de La Guajira, se ubica el mercado viejo, un espacio que durante décadas ha sido centro de abastecimiento, intercambio comercial y punto de encuentro para miles de familias. Sin embargo, lo que alguna vez fue símbolo de vida comunitaria y tradición hoy enfrenta una problemática que no puede pasarse por alto: el deterioro en las condiciones de salubridad y la ocupación desordenada del espacio público.

Esta situación no solo afecta la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, sino que también proyecta una imagen negativa de la capital guajira frente a propios y visitantes.

Caminar por el mercado viejo es encontrarse con una mezcla de colores, olores y sonidos que reflejan la riqueza cultural de la región, pero también es tropezar con problemas visibles a simple vista. La disposición inadecuada de residuos sólidos, la falta de control sanitario en la manipulación de alimentos y la carencia de infraestructura adecuada hacen que la experiencia, en lugar de ser positiva, se convierta en un foco de preocupación. Vendedores que trabajan entre aguas estancadas, carnes expuestas al sol sin refrigeración y basuras acumuladas en las esquinas son imágenes frecuentes que evidencian la crisis de salubridad que enfrenta este espacio.

El problema no se reduce únicamente a las condiciones sanitarias. La ocupación del espacio público alrededor del mercado viejo es otro de los aspectos más críticos. Las calles circundantes, que deberían garantizar la movilidad de peatones y vehículos, se ven invadidas por vendedores informales que, en ausencia de una regulación efectiva, instalan sus puestos improvisados sin orden alguno. Esto genera caos en la circulación, aumenta la percepción de desorganización y contribuye al deterioro del entorno urbano. Para quienes viven cerca, la situación se traduce en ruido constante, inseguridad y dificultades para transitar libremente por el sector.

Resulta paradójico que un espacio con tanto valor económico y cultural esté sumido en el abandono institucional. Las autoridades locales han anunciado en distintas ocasiones proyectos de reubicación o de modernización del mercado viejo, pero los planes suelen quedarse en promesas o enfrentan trabas administrativas y resistencia de algunos sectores.

Mientras tanto, la problemática sigue creciendo y afecta directamente a comerciantes, compradores y residentes.

Desde una perspectiva de salud pública, el mercado viejo es un foco de riesgo. La manipulación inadecuada de alimentos puede derivar en enfermedades gastrointestinales, y la falta de higiene en general propicia la proliferación de plagas. Estos riesgos se ven potenciados en temporadas de calor intenso o lluvias, cuando las condiciones del entorno empeoran y los desechos se descomponen más rápido. No es exagerado afirmar que lo que está en juego no es solo la estética urbana, sino la salud de toda una comunidad.

Por otra parte, desde un enfoque social, el mercado refleja la tensión entre la tradición y lanecesidad de modernización. Muchos vendedores han trabajado allí durante generaciones y ven el lugar como parte de su identidad. Para ellos, la reubicación o transformación del mercado puede interpretarse como una pérdida de historia y de su forma de sustento. Espor ello que cualquier solución no puede ser simplemente de carácter físico o administrativo, sino que debe incluir un proceso de diálogo con los actores involucrados, ofreciendo alternativas dignas y sostenibles.

Frente a este panorama, la salida requiere voluntad política, inversión y sobre todo una visión integral. Se necesita un plan que articule el mejoramiento de la infraestructura, la reorganización del espacio público y el fortalecimiento de la cultura ciudadana. Además, se deben implementar campañas de educación en manipulación de alimentos y manejo de residuos, así como programas de formalización que permitan a los comerciantes acceder a beneficios sin perder su lugar en la dinámica económica local.

El mercado viejo de Riohacha no puede seguir siendo un problema sin solución. La ciudad merece un espacio digno, saludable y organizado, que honre sus tradiciones pero que también responda a las exigencias de una capital moderna. El reto es grande, pero aplazarlo solo profundiza los riesgos y las incomodidades. Pensar en el mercado viejo es pensar en la salud, el orden y el futuro de Riohacha.

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