En un departamento donde el patrimonio no solo se guarda en monumentos, sino también en las manos de quienes construyen, cocinan, restauran, narran y transmiten saberes, la Fundación Escuela Taller de La Guajira inicia una nueva etapa con el desafío de convertir los oficios tradicionales en oportunidades concretas para los jóvenes.
La junta directiva de la entidad designó a Nicolás Alberto Lubo Matallana como director para el periodo 2026–2027, en un momento en el que la institución busca ampliar su alcance y fortalecer su papel dentro de la formación para el trabajo, la protección del patrimonio y la generación de capacidades locales.
La Escuela Taller, creada en 2022 como parte del programa nacional de Escuelas Taller, nació con el propósito de formar jóvenes a través del aprendizaje práctico y del contacto directo con los saberes del territorio. En el caso de La Guajira, esta misión adquiere un sentido particular: aquí los oficios no son únicamente técnicas productivas, sino formas de memoria, identidad y pertenencia.
Actualmente, la entidad desarrolla procesos de formación en construcción patrimonial, orientados a recuperar técnicas tradicionales y aportar a la conservación de bienes y espacios de valor histórico. Sin embargo, la nueva dirección proyecta ampliar ese horizonte hacia otras áreas, entre ellas la gastronomía ancestral, entendida como un campo donde confluyen cultura, economía, turismo y transmisión intergeneracional de conocimientos.
Lubo Matallana llega a la dirección con una trayectoria marcada por la gestión social, cultural y comunitaria. Es ingeniero químico de la Universidad de los Andes, con opción académica en Historia de Colombia; magíster en Dirección Empresarial desde la Innovación y la Internacionalización, y candidato a doctor en Dirección Empresarial, Conocimiento e Innovación de la Universidad del País Vasco, en España.
El nuevo director no llega a un terreno desconocido. Entre 2020 y 2024 estuvo al frente de la Dirección de Cultura del Distrito de Riohacha, desde donde acompañó procesos de fortalecimiento del sector artístico, gestión del patrimonio, formulación de políticas culturales y articulación con organizaciones comunitarias. Esa experiencia se suma a una trayectoria de más de veinte años en gestión social, cultural y territorial, con trabajo en entidades públicas, empresas privadas y organizaciones sociales.
Su nombramiento abre una expectativa sobre el papel que puede cumplir la Escuela Taller en un departamento que necesita nuevas rutas para enfrentar el desempleo juvenil y ampliar las posibilidades de inclusión productiva. Para el nuevo director, el reto está en lograr que la formación no se quede en el aula ni se limite a la certificación de competencias.
“La Guajira tiene un enorme potencial alrededor de sus saberes, sus oficios y su patrimonio cultural. La Escuela Taller debe convertirse en una plataforma capaz de conectar formación, identidad y oportunidades reales de desarrollo para nuestros jóvenes. Cuando un joven aprende un oficio también fortalece su autoestima, su relación con el territorio y su posibilidad de construir un proyecto de vida”, afirmó.
Uno de los énfasis de su gestión será la construcción de alianzas. La idea, según explicó, es acercar la formación a las necesidades reales del territorio y vincular a más actores públicos, privados y comunitarios en la consolidación de rutas de empleo, emprendimiento y circulación económica alrededor de los oficios tradicionales y creativos.
“Necesitamos construir puentes entre lo público y lo privado para que la formación no termine solamente en el aula. El objetivo es generar capacidades que respondan a las necesidades del territorio y abrir posibilidades concretas de empleo, emprendimiento y circulación económica alrededor de los oficios tradicionales y creativos”, sostuvo Lubo Matallana.
La discusión de fondo va más allá de una nueva designación administrativa. La Escuela Taller representa una posibilidad de mirar los oficios desde otra perspectiva: no como actividades menores ni como prácticas condenadas a desaparecer, sino como conocimientos capaces de dialogar con el turismo cultural, la conservación patrimonial, las industrias culturales y creativas, y los nuevos modelos de economía local.
En ese sentido, la construcción patrimonial, la cocina ancestral y los demás saberes asociados al patrimonio pueden convertirse en campos de formación, pero también en escenarios de dignificación del trabajo manual, fortalecimiento de la identidad y generación de ingresos para las nuevas generaciones.
“La formación en oficios no puede verse como algo menor o secundario. En muchos territorios del mundo los oficios tradicionales han logrado convertirse en motores de economía, turismo, innovación y cohesión social. La Guajira tiene todas las condiciones para avanzar hacia ese camino si logramos articular esfuerzos institucionales, comunitarios y empresariales”, señaló el nuevo director.
La Fundación Escuela Taller de La Guajira cuenta con la participación de la Alcaldía Distrital de Riohacha, la Gobernación de La Guajira, la Cámara de Comercio de La Guajira y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Su reto inmediato será traducir esa alianza institucional en resultados visibles para los jóvenes y para el patrimonio cultural del departamento.
Al asumir el cargo, Lubo Matallana agradeció el respaldo de la junta directiva y aseguró que trabajará para fortalecer las metas de la entidad desde su experiencia académica, profesional y territorial.
“Asumo este reto con enorme responsabilidad y gratitud. Creo profundamente en el potencial transformador de la Escuela Taller y en la capacidad que tiene esta institución para abrir caminos de esperanza, formación y desarrollo para muchos jóvenes de La Guajira. Confío en que el trabajo articulado y la suma de experiencias permitirán consolidar resultados importantes para el departamento”, expresó.

