TransPadilla: más que transporte, una transformación cultural para Riohacha

Por Elvin Rafael González Medina

La puesta en marcha de TransPadilla en Riohacha no debe entenderse únicamente como la llegada de un nuevo servicio de transporte público, sino como la materialización de una deuda histórica con la movilidad de la ciudad. Durante más de quince años, estudios técnicos, planes de movilidad, ejercicios académicos y discusiones ciudadanas evidenciaron la necesidad de implementar un sistema de transporte público organizado, sostenible y seguro para Riohacha.

Desde el estudio Análisis General de la Movilidad y Bases para un Plan Maestro de Transporte para la Ciudad de Riohacha elaborado por Vélez Gil y Restrepo Aramburo (2008), pasando por la Formulación del Plan de Movilidad 2010–2030 del Municipio de Riohacha desarrollada por Ivarsson & Asociados y LOGITRANS (2009), hasta el Estudio para desarrollar el diseño conceptual de un sistema de transporte público para el municipio de Riohacha realizado por Proyectos Técnicos (2014), la ciudad ha contado con suficientes argumentos técnicos y administrativos para justificar la necesidad de transformar su sistema de movilidad.

Asimismo, iniciativas como el Plan de Acción Riohacha Sostenible 2035: Escenario de Convergencia (2016) reforzaron la importancia de avanzar hacia modelos de movilidad sostenible, alineados con las políticas impulsadas por el Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Transporte, orientadas a fortalecer sistemas de transporte público en ciudades capitales e intermedias del país.

Sin embargo, el principal desafío de TransPadilla no es únicamente operativo o financiero; es cultural y social. La ciudad debe comprender que el transporte público es un bien común y un derecho ciudadano, no un servicio privado orientado exclusivamente al beneficio económico de unos pocos. Durante años, la movilidad urbana ha estado marcada por esquemas informales donde, en muchos casos, el principal beneficiario termina siendo el propietario del vehículo y no el usuario del servicio.

Un sistema público organizado cambia esa lógica. Su razón de ser es garantizar continuidad, accesibilidad, seguridad, sostenibilidad y mejores condiciones para el ciudadano. Cuando el transporte funciona adecuadamente, se reducen tiempos de desplazamiento, accidentes, congestión y contaminación, mientras se fortalece la inclusión social y la competitividad urbana.

No obstante, ningún sistema de transporte público puede consolidarse únicamente desde la institucionalidad, también requiere compromiso ciudadano. Existe una responsabilidad colectiva en cuidar los vehículos, respetar las normas, valorar el espacio público y entender que los bienes destinados a prestar servicios públicos, pertenecen simbólicamente a toda la sociedad.

El éxito de TransPadilla dependerá no solo de buses, rutas o infraestructura, sino de la capacidad de Riohacha para asumir una nueva cultura de movilidad basada en el respeto, la legalidad y el sentido de lo público. Más que un cambio en la forma de transportarnos, representa una oportunidad para transformar la relación de la ciudad con su desarrollo y su calidad de vida.

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