Gobierno y oposición a moderar estilos predominantes y agresivos

Por Martin Barros Choles

Un nuevo gobierno es propicio para muchas cosas, sobre todo, destrabar la polarización que atormenta y estancan, de manera negativa a esta nación, afectando sus cohabitantes en el territorio nacional, por las consecuencias delincuencial y violenta, que se genera en territorio, sin control político, ni social.

Cambien el estilo de proceder, para acercar entendimiento y compresión, en lo relacionado con gobierno-oposición, partiendo del lugar que a cada quien le corresponde, con el debido respeto, en apertura de dialogo, de utilidad y agrado, que permitan concertar lo mejor, mancomunadamente desmontando y descarando: persecuciones, odios, rencores, rivalidades, rebeldías, sentimientos negativos y tóxicos; originados de resentimientos y malos tratos sufridos, indiferencias,  desafueros y manejos políticos, de intereses personalistas excluyentes, que deben ser objeto de superación.

El presidente Abelardo de la Espriella Otero e Iván Cepeda Castro, quien, en adelante dirigirá la oposición política nacional, durante el nuevo periodo de gobierno, deben establecer parámetro, conforme lo dispone la ley vigente, 1909/ 2018, que garanticen derechos, relativo a fiscalizar, proponer alternativa, disentir y ejercer controles administrativos. Oposición no es obstrucción, destrucción, contradicciones temerarias, ni choques, por causas de inconformidades, desatenciones y abandono.

 La oposición puede ser un medio de equilibrio, para balancear los mandatarios, la participación democrática, en los proyectos y programas, que impulsen, en el desarrollo del gobierno, con beneficio colectivos y general, en territorialidades, sin distingo de exclusividad preferencial,  sin ningún interés en burocracias, ni de contratos, pudiendo transformar el manejo de las relaciones, gobierno-oposición, de manera cordial no improductiva, como viene ocurriendo y de nada bueno ha servido, en una Colombia, convulsionado de violencia y carencia de justicia. Se necesitan resultados: positivos y efectivos, de bienestar y garantías de seguridad.

El presidente Gustavo Petro, debe contribuir al fortalecimiento de la democracia, modificando las reglas del juego y el comportamiento: personal, berrinchon, caprichoso expresivo, para menguar o erradicar sin violencia, bloqueos de vías públicas y estallidos sociales, conforme a los acuerdos participativos, que concierten las partes, gobierno-oposición, sin que se interprete sumisión, ni rendición, ni humillación.

El presidente Gustavo Petro, deja bien posesionado a la izquierda, en el Pacto Histórico, como el partido numero uno, entre las bancadas política con personería jurídica. Por primera vez, logra la elección de 25 senadores y obtuvo en segunda vuelta, más de 12 millones de votos a su favor en elección presidencial, e con menos de un punto de diferencia, con la elección del presidente Abelardo de la Espriella.

No creo que tenga ninguna gracia, malgastar el tiempo y tirar por la borda, el ultimo resultado electoral en un gran movimiento, por empecinarse obsesivamente, en la existencia de fraude, sin demostrarlo probatoriamente, generando duda de veracidad y un ambiente político hostil, cuando lo mas apropiado y oportuno, seria consolidar la fortaleza opositora, con acciones positivas relevantes y ejemplarizantes, que puede estrenarse en este periodo de gobierno, si es que no lo desprecian las partes, gobierno-oposición,  por conveniencia de seguir en polarización, con protestas, garrotes, plomos, persecución, sometimiento y castigo.

Lo cortes, no quita lo valiente. Desconocer la elección de Abelardo de la Espriella Otero, por el presidente Gustavo Petro, para incumplir un deber de acto formal que le asiste, en la transición de mando, no es lo correcto.

La última elección en dos vueltas, tuvieron super vigiladas por delegaciones internacionales, jurados de votaciones y testigo electorales. Estos últimos (los testigos) son encargados de trasmitirle al partido que representa, tomándole foto al formulario E-14, del resultado en cada una de las mesas instaladas. Antes de depositar el voto, al presentar la cedula a la mesa de jurado, se practica biometría a la persona ciudadana, para verificar la identidad del votante. El certificado de biometría se deposita en recipiente deferente, de los votos para elegir, pero al final se cuentan a ver si coincide, con la totalidad de los votantes. Un sistema electoral de manejo manual, no es que no puedan contaminarlo, con fraude, que depende de los cuidados y vigilancias, por quienes participan en la disputa electoral. De ahí la importancia, en no descuidarse, ni confiarse por incurrencia de corrupción y denunciar, hechos delictivos aportando pruebas: concretas, idóneas y veraces.

La crisis partidistas es un motivo para reflexionar y revaluar, acciones y predisposiciones, zanjar diferencias y abrir espacio necesarios, para nuevos enfoque, revaluando antecedentes críticos, que nos tiene sumido en fracaso y crecimiento pasmado, por falta de alternativas y bloqueos, producto de la polarización y la pasividad, que nos embarga, por ignorancia y desmotivación, en el circulo predominante de los partidos políticos, que siempre terminan apagándose, después de cada elecciones populares, en las competencia participativa, por la conquista del poder democrático.

 Dos partidos son mayoritarios en el nuevo mapa político colombiano: Pacto Histórico y Centro Democrático, que giran ideológicamente en sentido contrario u opuesto, constituyéndose el segundo en partido de oposición, durante el gobierno del presidente, Gustavo Petro.  Para este nuevo gobierno, manifestó el apoyo total, como partido de gobierno en favor del presidente Abelardo de la Espriella, respaldado con los senadores y representantes, elegidos mediante votos cerrados, al igual que los elegidos por el Pacto Histórico y a diferencias de los elegidos por los demás partidos, elegido mediante voto preferencial, que transitan en vía de extinción, cuyas mayorías se obtienen mediante votos comprados en el mercadeo y clientelismo corrupto, que nos invaden y contaminan, elecciones populares, adquiriendo curules compradas.

Si no cambian las operaciones, actitudes y comportamientos políticos, de gobierno-oposición, tendríamos un periodo de gobierno, caótico, violento e incontrolable, que de nada sirve en nuestra sociedad, hastiada del múltiples problemas y necesidades, sin ninguna solución emergente a la vista.

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