Una tienda en medio del desierto: entre el sol y la solidaridad

Por Lizeth Cáceres

En una comunidad Wayuu de Maicao, compartir hace parte de la vida cotidiana. Los alimentos, los tejidos y los saberes circulan entre familias y generaciones. Una tienda solidaria, se suma hoy a esas dinámicas, mientras el encuentro con personas de fuera abre nuevas posibilidades para responder a necesidades concretas del territorio.

El humo se levanta lentamente desde el fogón de leña. Una niña permanece cerca de su madre mientras observa cómo se extira sus brazos para alcanzar una papeleta de café de un estante, el calor se mezcla con el de una tarde guajira que afuera parece no dar tregua. Aquí, como en todo el país El Fenómeno de El Niño tiene azotado al territorio. La niña recorre el espacio con un vaso de plástico en la mano que contiene mazamorra, alimento fundamental en la alimentación wayuu. En Youyoupana, cocinar también es enseñar; sentarse a compartir los alimentos es encontrarse y transmitir una parte de la vida comunitaria.

En medio del desierto, donde las distancias hacen parte del paisaje cotidiano, la comida tiene una historia que comienza mucho antes de llegar al plato. Hay quienes conocen las formas tradicionales de prepararla, quienes enseñan a las nuevas generaciones y quienes comparten lo que tienen con sus familias y vecinos. El tejido también sigue esa misma ruta: de unas manos a otras, de una generación a la siguiente. El conocimiento circula y, con él, una manera de entender la vida en comunidad.

Youyoupana, es una comunidad pequeña conformada por alrededor de 24 familias. A su alrededor se encuentran otras cinco comunidades, con las que también existen vínculos y dinámicas de encuentro. Aquí, sus habitantes encuentran formas seguir compartiendo tradiciones y se abren a nuevas formas de vida. Una de ellas es la tienda solidaria, un pequeño espacio que hoy representa mucho más que un lugar donde conseguir productos ya que es una alternativa que permite el acceso y disponibilidad de alimentos. 

Detrás de esa tienda está Imelda Ramírez, de 47 años, de estatura baja y de sonrisa amable. Como lideresa, participa en el proceso que permite que los alimentos y demás productos lleguen hasta Youyoupana. La comunidad dispone del espacio físico y el Banco de Alimentos de La Diócesis de Riohacha los dota con estanterías, canastillas, estibas y demás elementos, además de los productos. La odisea para muchos habitantes es ir en busca del alimento y gracias a la Tienda se disminuyen los costos y las familias pueden encontrar con mayor facilidad productos de la canasta familiar. Cada desplazamiento implica tiempo, transporte, organización y al final, dinero. Tener una tienda dentro de la comunidad significa, entonces, contar con una alternativa cercana para acceder a determinados alimentos sin que cada compra requiera salir del territorio.

La tienda solidaria no es solo que alguien entregue productos y otra persona los compre. Hay una comunidad que dispone un espacio, una persona que asume la administración, un proceso para trasladar los alimentos desde Riohacha y familias que hacen uso de ese punto de abastecimiento. Cada quien cumple una parte de la labor en la lucha contra el hambre y lo que termina llegando a una estantería es, en realidad, el resultado de varios esfuerzos que se unen. 

Pero llevar los alimentos hasta Youyoupana es apenas una parte del desafío. Algunos productos necesitan condiciones adecuadas para su conservación y requieren cadena de frío. En una zona rural donde no hay servicios públicos, conservar los alimentos se convierte en un desafío sobrenatural. La necesidad de un elemento que permita almacenar productos que requieren refrigeración y ampliar las posibilidades de conservación dentro de la comunidad es primordial. 

Los paneles solares aprovechan la fuente de energía que es el sol para para incorporarse a las comunidades y responder a una necesidad específica como el de un producto que logra conservarse, en un viaje que puede evitarse, en el aprovechamiento de la energía solar y en una comunidad que participa activamente en la organización de sus propios procesos. También está en los conocimientos que permanecen vivos, aquellos relacionados con la comida, el tejido, el territorio y las formas de encontrarse para compartir.

Para Imelda, mantener abierta la tienda también ha significado construir una fuente de ingresos. Dice que el establecimiento se ha mantenido y que, con el tiempo, ya sabe cuáles son los procutos que responden a los que los wayuu necesitan. En su tienda tiene hielo, pollo, carne, bolis, medicamentos y otros productos hacen parte de lo que ha buscado mantener disponible. “A mí me ha ido súper bien, la tienda se ha mantenido y nos ha ayudado aquí a la casa”, expresa. 

Para llegar a Youyoupana, hay que atravesar más de dos kilómetros luego de la vía pública. Curiosamente, allí han aparecido empresas que han encontrado las maneras de aportar a estas, como Soler Solutions. Llegó a través del Banco de Alimentos con el interés de conocer de cerca cómo viven las comunidades, después de ese primer acercamiento a la comunidad de Youyoupana que no cuenta con energía eléctrica, regresó con acciones concretas y por eso fue una comunidad que llamó la atención de la empresa para suministrar aportes. 

Imelda no recuerda exactamente cuándo llovió este año, pero dice que solo ha sido una vez. Las prolongadas sequías, intensificadas por el Fenómeno de El Niño, han agravado la escasez de agua, poniendo a prueba el ya limitado acceso de los wayúu al agua potable y a los alimentos. El agua, recurso tan anhelado en este territorio ha sido algo muy importante para las familias gracias al Freezer por eso, mantenerlo disponible de manera constante requiere contar con condiciones adecuadas de conservación y energía. Allí el freezer y el sistema de paneles solares adquieren un sentido práctico para Imelda. “Me ha servido bastante. Eso me ayudó bastante”, dice al hablar de estos recursos, que hoy hacen parte del funcionamiento de la tienda y de las posibilidades que tiene para mantener determinados productos disponibles. La tienda, sin embargo, no se reduce a los productos que aparecen en sus estantes, también está relacionada con la vida de una familia y comunidad.

Por eso, caminar por el territorio, escuchar a las personas y conocer sus condiciones permitió que aquello que antes podía parecer una realidad obvia y general adquiriera rostros, nombres y necesidades concretas. Hay una diferencia entre mirar y conocer. Alguien que mira a su alrededor no descubre totalmente, en cambio, alguien que se da la oportunidad de conocer  tiene la capacidad de hacer algo.

En Youyoupana además, ese encuentro ocurre dentro de una cultura donde compartir tiene muchos significados. Se comparten alimentos, se comparten tejidos, se comparten conocimientos y se comparten espacios de encuentro. Los saberes no permanecen necesariamente encerrados en una sola persona porque para ellos es necesario ser solidarios entre sí porque transmiten, se enseñan y se aprenden a medida que crecen. Una mujer puede enseñar un tejido, una familia puede compartir una preparación, una persona mayor puede transmitir una historia, una reunión puede convertirse en un espacio para aprender de otros.

Por eso, hablar de compartir en esta comunidad no debería reducirse a la idea de recibir o entregar, compartir también es una forma de relacionarse, al ser una práctica que está presente en la cotidianidad, permite fortalecer vínculos. El yotshi, el tejido, la comida y el conocimiento forman parte de ese universo en el que lo que una persona sabe puede convertirse en algo que otra aprende y continúa.

La tienda solidaria se suma a esa dinámica en comunidad. Allí circulan productos que llegan desde Riohacha y que posteriormente son adquiridos por las familias de la comunidad. El Banco de Alimentos aporta una parte del proceso, pero la comunidad también pone la suya: el espacio, la organización, el trabajo de administración y el conocimiento de sus propias necesidades. No se trata de una dinámica en una sola dirección. 

Es una cadena en la que diferentes actores aportan desde lo que tienen y que se deben cuidar.  Está el cuidado que comienza en una cocina y que se expresa cuando una madre enseña a su hija. Está el cuidado de quien organiza una tienda para acercar alimentos a las familias. Está el cuidado de conservar un producto para que pueda mantenerse en condiciones adecuadas. Está el cuidado del territorio cuando se aprovecha una fuente de energía. 

Mientras el sol empieza a esconderse, en Youyoupana los niños siguen jugando, otros aprendiendo a tejer, cocinar. Los paneles  aprovecharán la luz que abunda en el territorio y ayudarán a refrescar los días calurosos, manteniendo los alimentos frescos para que más familias puedan seguir reuniéndose a compartir y a encontrar cada día una forma de continuar.

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