Por Emmanuel Rangel Redondo
La Guajira es un territorio con una riqueza difícil de igualar: playas vírgenes, paisajes desérticos únicos, biodiversidad, y la herencia cultural del pueblo wayuu que le da identidad y autenticidad. Todo esto convierte al departamento en un destino turístico privilegiado, capaz de atraer visitantes de todo el mundo. Sin embargo, la gran paradoja es que, a pesar de este potencial, el turismo sigue siendo un sector desaprovechado.
Hoy, el turismo debe asumirse como una herramienta estratégica para la economía guajira, una opción real para diversificar ingresos, generar empleo y mejorar la calidad de vida de las comunidades. Pero no se trata de vender paisajes sin más, sino de construir un modelo sostenible que ponga a las comunidades en el centro, que respete la cultura y que proteja el territorio.
La falta de infraestructura adecuada, los problemas de conectividad, la carencia de servicios básicos en zonas turísticas y la escasa promoción estratégica han limitado el crecimiento de este sector. Además, existe un reto mayor: lograr que los beneficios no se concentren en pocos actores, sino que lleguen directamente a las familias locales.
¿Qué hacer para cambiar este panorama? En primer lugar, es urgente invertir en infraestructura y servicios que garanticen comodidad y seguridad al visitante. Paralelamente, se debe formar a jóvenes y mujeres en oficios vinculados al turismo —guianza, gastronomía, hotelería, artesanías— para que el ingreso quede en manos de la gente de La Guajira.
Otro paso clave es impulsar el turismo comunitario y sostenible. El visitante busca experiencias auténticas, y no hay nada más auténtico que la vida, la cosmovisión y las tradiciones de nuestros pueblos indígenas y rurales. Incluirlos como protagonistas en la cadena de valor no solo asegura ingresos, sino que también protege la cultura y el territorio.
Finalmente, La Guajira necesita una promoción estratégica y alianzas serias entre el Estado, el sector privado y la cooperación internacional. No basta con mostrar fotos bonitas: hay que diseñar campañas que proyecten al departamento como un destino diverso, seguro y transformador.
El turismo en La Guajira no puede seguir siendo una promesa aplazada. Si se convierte en política pública y se ejecuta con visión de futuro, este sector puede ser el motor que transforme la economía y el bienestar de miles de familias. La Guajira lo tiene todo, solo falta la decisión y el compromiso de hacerlo realidad.