Por: Delio Guerra
Otilia Ariza Simon nació en el poblado de Camarones el día 26 de Enero de 1906. Hija de Ramón Ariza Barros, un nativo de la región y de la samaria Amalia Simón quien muere cuando la niña tenía 5 años de nacida. Su tía materna, Otilia Simón, se la lleva a Santa Marta para darle la crianza y la educación correspondiente. Los Simon-Magri eran una familia prestante de la sociedad samaria de la época, a la cual pertenecían Amalia y Otilia, de quien la niña hereda su nombre.
La niña Oti, como cariñosamente la llamaban, hizo sus estudios primarios y secundarios en Santa Marta. Cuentan sus familiares que desde muy niña fue inteligente, estudiosa, inquieta y dedicada. Su juventud transcurrió en la capital del Magdalena. Empezó a trabajar en el hospital San Juan de Dios recomendada por el Dr. Sabas Socarrás Sánchez un eminente médico guajiro que trabajaba en dicho hospital, y de quien fue su auxiliar, quien le inculcó el sentido de la responsabilidad y de ayuda a sus semejantes a través de la ciencia de la salud. Aprendió la medicina por conocimientos adquiridos por los años que estuvo al lado del Dr. Socarras Sánchez.
Entonces, cuando la empresa norteamericana United Fruits Company dedicada al cultivo y exportación del banano llegó a la zona bananera a comienzos del siglo XX en la región de Río Frío comienza a trabajar en el hospital de la compañía, que atendía a los aproximadamente 30.000 trabajadores que laboraban en ella. Es aquí donde adquiere su mayor experiencia en el ramo de la medicina, al lado de médicos norteamericanos que atendían a los obreros de la U.F.C.
Pero el 12 de noviembre del año 1928 estalla la huelga de los sindicalistas de la United Fruits Company donde hubo aproximadamente de 500 a 600 muertos, según cuentan fuentes de la compañía. Años más tarde cuando esta empresa cae en recesión económica la niña Oti regresa a la tierra que la vio nacer (Camarones), fue en el año de 1940. Ella de inmediato se da cuenta de que los pobladores del lugar padecían de muchas enfermedades y comienza a ponerse al servicio de sus paisanos.
Esta mujer de pequeña estatura pero de gran carácter y grandes cualidades: bondadosa, caritativa, servicial y alejada del interés del dinero, don con el que nacen muy pocas personas. Atendía a cualquier persona ya fuera pobre, rica, negra, blanca, arijuna o wayuu, no tenía distinción de clases ni horarios ni calendario, ni preguntaba si tenía como pagar. El pueblo no tenía centro de salud y ella convirtió su casa en un hospital. Si la persona enferma no podía ir a su consulta ella iba a donde estaba el enfermo y utilizaba cualquier medio de transporte ya fuese a pie, en burro, canoa o carro. Sus servicios médicos eran solicitados por toda la región de Camarones como: La boca, Perico, Pelechua, Las Flores, El Ebanal, Tigrera, Los comejenes, Anaime, Choles y Matitas. Adoraba a la comunidad Wayuu y la comunidad la adoraba a ella, tenía cientos de ahijados; se casó en el año de 1956 con el boyacense Don Aquileo Parras, no tuvieron hijos pero crio y educó a varios sobrinos: Mario, Rubén, Enrique y Erlinda Ariza; todos ellos profesionales.
Heredó el legado y el liderazgo político del abuelo Ramón Ariza, amigo y protegido del ilustre Luis Antonio Robles, en Bogotá. Liberal a morir, su casa fue una especie de consulado político en el poblado, milito en el movimiento revolucionario liberal (M.R.L.).
Fue diputada por este partido en los años 70. Los grandes políticos liberales de la guajira de la época visitaban la casa de la niña Oti. Mario y Miguel Pinedo Barros (primos maternos), Eduardo, Nellit (Q.E.P.D), Leonel Abuchaibe Ochoa, Lacides Toros Ávila y Antenor Duran Carrillo. Pero la visita mas importante que tuvo en su casa fue la del jefe de su movimiento político liberal el Doctor Alfonso López Michelse, estaba en plena campaña política de su segunda aspiración a la presidencia, de esta visita hay una resaltante anécdota. “Al Doctor López Michelse el trajín de la campaña le produjo hinchazón en los pies y no podía caminar, estaba molesto y quería devolverse a Bogotá. El calor sofocante de la región lo tenia agobiado, la niña Oti le dijo que le permitiera ver lo que tenía y el accedió. Le introdujo los pies inflamados en agua tibia con sal de piedra de la salinas de Chentico (Camarones) y después le untó un ungüento que ella preparaba y santo remedio”.
Algunos políticos conservadores de la época se convirtieron en sus contradictores y la criticaban porque, según ellos, estaba mal que ella ejerciera la medicina sin que fuese profesional en esa rama. Una vez un camaronero recibió una golpiza en el rostro y por la gravedad de los golpes requirió ser llevado al hospital de Riohacha, fue tan grave que el paciente después de diagnosticarlo fue desahuciado por los galenos del centro hospitalario, sus familiares no se resignaron a la suerte que le determinaron y decidieron llevarlo donde la niña Oti, la médico del pueblo, empezó a tratarlo en su casa-hospital y al cabo de unos días de tratamiento salvó al desahuciado. Ella ni corta ni perezosa le envió una carta al Director del hospital Ramón Gómez Bonivento donde le informaba que el desahuciado estaba “vivito y coleando”, y lo que no pudo hacer la medicina científica lo hizo la empírica, además le adjuntó los gusanos que le había retirado de las fosas nasales.
Nunca quiso salir del pueblo porque decía que su pueblo la necesitaba, era una especie de mito en el poblado cuando salía a la calle los lugareños hacían cola para saludarla y congraciarse con ella, no ha vuelto a nacer una mujer en el poblado tan humanitaria y con el don del servicio a los de más, sin esperar nada a cambio. Murió en el año de 1995 el 26 de enero a la edad de 93 años.