REMEMORANDO EL BANDO DE FRANCISCO J. BRITO

FRANCISCO J. BRITO

Por: Delio Guerra Ibarra.

Francisco J. Brito Vanegas nació el 10 de octubre de 1884 en la ciudad de Riohacha, Guajira. Hijo de Pedro Manuel Brito y Catalina Vanegas; contrajo matrimonio con Clemencia Herrera con quien tuvo siete hijos: Pedro, Aníbal, Santander, Bolívar, Jaime, Reyes y Mercedes Brito Herrera, y con la matrona riohachera Margarita Castañeda, tuvo 8 hijos Edinson, Amira, Héctor, Zenaida, Pedro, Miguel, Francisco y Antonio Brito Castañeda.

Murió el 6 de junio de 1974, a la edad de 90 años, fue una persona trabajadora y con un gran sentido del humor y una incomparable sensibilidad social.

Toda la descendencia de Francisco J. Brito hoy en día ostenta una importante representatividad en el panorama profesional, político y social en el departamento de la Guajira. Brito Vanegas fue un avizorado comerciante, su negocio estaba ubicado en la calle La Marina con carrera quinta, esquina. Allí alternaba la venta de libros y revistas con una agencia despachadora de barcos a diferentes ciudades de la costa atlántica,  los barcos afiliados a la agencia de Brito eran: El Dormán, El Alfa, El Yoly, El Omega, El Riohacha y El Caribe. Este último fue el barco de hierro que encalló en las playas riohacheras a causa de un fuerte oleaje y que por muchos años se convirtió en un atractivo turístico y sirvió de escondite a la espada de Padilla cuando la robaron.

El  nombre de Francisco J. Brito está escrito con letras doradas en la historia de los carnavales de Riohacha y toda la Guajira, a raíz de que por varias décadas todos los sábados de carnaval alegraba los corazones de un pueblo soberano a través de un espectáculo muy especial: El bando de Brito. Cuenta la tradición oral que un 31 de diciembre de 1917 se avecinaba la temporada de carnaval de 1918; en la casa del Señor Santiago Zúñiga se efectuaba una parranda riohachera al calor del puro brandy domecq, con la presencia de Francisco Brito, Rafael Aarón Ucrós y el propio anfitrión, ante la despedida del año viejo el maestro Rafael Aarón Ucrós, ya con varios tragos encima, le dijo a sus compañeros de parranda: “Feliz año nuevo muchachos y tengan en cuenta que se nos aproxima otra temporada de carnaval, fiesta que para nosotros significa alegría, leyenda y tradición; pensemos pues ¿qué podemos hacer para contribuir al éxito del carnaval de 1918?”.  Brito Vanegas rápidamente le respondió al maestro Aarón Ucrós: “Ya tengo la idea, ustedes saben que durante todo el año en Riohacha suceden cosas insólitas dentro del quehacer cotidiano,  entonces plasmemos esos hechos en un documento para posteriormente promulgarlo a través de la lectura de un bando el sábado de carnaval”, todos los presentes aprobaron la idea de Brito.

En los días de pre temporada del carnaval estos tres personajes cumplieron su promesa de escribir los hechos insólitos sucedidos durante el año 1917, logrando la publicación del primer bando de Brito el día 27 de febrero de 1918, fue tan exitosa su presentación en sociedad que su fama traspasó la frontera patria, lo que permitió su promulgación por espacio de más de 50 años,  única y exclusivamente el sábado de carnaval.

Fueron tantas las letanías craneadas por el maestro Rafael Aarón, Santiago Zúñiga y Francisco J. Brito que necesitamos varias cuartillas para su publicación, solamente destacaremos aquellas leídas el sábado de carnaval de 1956,  en pleno gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla que dice:

“Para recoger a los indios Wayuú y aliviarlos de su mal los militares convirtieron la cárcel de prisión en hospital.

Ay de quien se queje que sufra de cualquier mal porque la junta de higiene lo envía hacia el basural.

La junta de higiene con sistema militar no se preocupa por nuestro sistema ambiental al compadre Pollo Brito es a quien le toca trabajar para salvarnos de una epidemia que pude ser fatal.”

El bando de Brito penetró tanto en la idiosincrasia y cultura del pueblo riohachero que el señor Carlos Valdeblánquez Morew, al ver que un sábado de carnaval, Francisco J. Brito bailaba con una hermosa mujer rubia y despampanante confundido con el pueblo y tirando pases dominicanos al estilo de los mejores poetas exclamó:

“Verdaderamente que merendarse un huevo frito sin condimentarle sal es como pasar un carnaval sin Francisco J. Brito”.

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