Autor: Delio Guerra Ibarra
Los ataques de piratas, corsarios y las fuertes marejadas en tiempos de la colonia, hicieron que el poblado de camarones se ubicara en el sitio en donde hoy está. Alejándose así del mar 1Km y medio, pero la laguna de Navío Quebrao’ en tiempos de invierno se extiende aproximadamente muy cerca al cementerio, y a los que los lugareños llamamos: La Primera Salinita.
Las marejadas se producen por los vientos fuertes de un ciclón que llega a tierra por baja presión de una tormenta, pero más que los fuertes vientos preocupa el agua que causa la mayor parte de las devastaciones. Es una zona azotada por fuertes huracanes, ciclones, incluso después que haya bajado su intensidad, se producen las inundaciones a través de las llamadas Marejadas, una de las formas más catastróficas en la que se manifiesta.
Camarones tenía muchísimos años de no sufrir este fenómeno natural. El 6 de Enero se celebra el día de los santos reyes, es en ese día en donde Melchor, Gaspar, y Baltazar llegan a Belén guiados por una estrella a rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica como: Oro, Incienso, y Mirra por el nacimiento del niño Jesús. En esa fecha, coincidencialmente, en el año de 1987, el poblado de Camarones amaneció con una triste noticia y era la muerte de una gran matrona camaronera: Elva Redondo De Ariza; madre de grandes figuras del campo profesional, todos los moradores acompañaron las exequias fúnebres de esa gran señora.
Todo transcurrió en completa normalidad, normalmente en el poblado la gente se guarda en sus casas muy temprano por no haber vida nocturna, pero esa noche el cielo estaba oscuro y formándose negros nubarrones como presagiando un mal tiempo. Siendo las 7pm se va el fluido eléctrico, y es entonces donde se evidencia un silencio sepulcral en todo el poblado.
Cuentan algunos moradores, que eran como las 11pm cuando comenzó a llover con truenos, centellas y relámpagos. Los lugareños sentían temor pero seguían encerrados en sus casas sintiendo y oyendo los fuertes vientos, silbidos, ruidos estruendosos que venían del mar (La Boca De Camarones), fue entonces cuando alguien atemorizado y desesperado vociferaba voz en cuello: ‘¡el mar se está metiendo al pueblo!’ ‘¡corran, corran!’ ‘¡auxilio!’.
Todo el pueblo entra en pánico y sus moradores salen a las calles a salvar sus vidas, efectivamente se sentían ruidos de fuertes oleajes cual si fuera una avalancha. Algunas personas al salir de sus casas, encontraban grandes charcos de agua y gritaban ‘¡Ay mi madre, es verdad, ya el mar está aquí!’. La gente gritaba, lloraban, corrían de un lado a otro con las manos en la cabeza, rogándole a Dios y a la purísima que los salvara de esa tormenta nunca vista en el pueblo.
Algunos habitantes, propietarios de vehículos trataban de huir y otros corrían buscando refugio para poner sus vidas a salvo. La mayoría de la población se refugió en la iglesia del pueblo y de rodillas oraban y aclamaban a Dios, a la Purísima y a San Lorenzo, los patronos del pueblo. Muchos de los que estaban allí no se sintieron seguros en la iglesia y se trasladaron al cerrito de “Ño-Pepe”, siendo esta la parte más alta del pueblo y que en el tiempo de la guerra de los mil días servía de refugio a los pobladores de esta región. Por el afán de la supervivencia, no les daba tiempo de nada, algunas personas salieron envueltas de sábanas, pijamas y semidesnudos.
Fue entonces cuando a Juan Carlos Viecco Rivadeneira, que para esa época era un niño de apenas 12 años de edad, se le ocurrió una brillante idea: con megáfono en mano, convocar a todos los lugareños a sacar a la virgen purísima, patrona de la localidad para que salvara a su pueblo de esta horrible tormenta. Ese niño de apenas 12 años, conmovió a todo el poblado porque tenía una gran fe en la virgen, ya que desde su tierna edad prestaba su servicio de monaguillo siendo cura el padre Hilario y además colaboraba en la organización de las fiestas patronales que dirigía la Sra. Juana Toro Peralta (Q.E.P.D).
Juan Carlos Viecco Rivadeneira, apodado cariñosamente ‘El Conejo’, un niño hábil y recursivo a quien se le ocurrió la idea de sacar a la virgen para que le hiciera el milagro, al igual que hizo la vieja Mello en Riohacha, la capital de La Guajira.
Camarones es un pueblo de un gran fervor religioso y caminó con fe, cargando a la purísima hacia la entrada de la boca de Camarones, en plena tempestad. Y apenas la gente avanzaba de la iglesia, la furia de la tormenta iba disminuyendo. Cuando la gente que cargaba a la purísima llego a la primera Salinita, los truenos, vientos y la lluvia fueron desapareciendo, todo se tornó hacia la calma absoluta.
Los lugareños al observar este estado de calma y que había desaparecido la tormenta, todos aplaudían fuertemente, oraban y daban gracias a la virgen, por salvarlos de esa tormenta, y todos coincidieron en que la virgen había hecho un milagro. Nuevamente, la gente regresó a la iglesia y al entrar a la virgen, siguieron los aplausos y las veneraciones por el milagro recibido.