LA LEYENDA DE LA LAMPARITA MISTERIOSA

Por: Delio Guerra Ibarra
El Zanjón y la boca de camarones son sitios en donde habitaron los aborígenes guanebucanes, antes de la colonización española. El Zanjón hace parte de una extensa sabana inundada por el río Camarones desde “El Tocomocho” hasta la isla “Perico” y allí, dentro de la finca del indígena Marcos Olarte, encontraron un cementerio prehispánico destrozado perteneciente a los guanebucanes.

La boca de Camarones, ubicada a la orilla del Mar Caribe, hoy día se encuentra habitada por indígenas de la etnia wayúu. En este lugar desembocan ríos, arroyos y riachuelos aledaños, inundando un vasto terreno conocido como la laguna de “navío quebrado” y la laguna “Grande” las cuales desbordan en los meses lluviosos abriendo las líneas costeras (bocas) que permite la entrada del agua del mar y permite la navegación. Este lugar hace parte del santuario de los flamencos rosados.

Los guanebucanes utilizaban estos lugares para la pesca artesanal y como vía de transporte por medio de canoa. Ellos, además de pescar y cultivar las tierras tenían otras actividades principales como la orfebrería, elaboraban oro y tenían como costumbre usar prendas como: grandes collares, aretes, nariceras y tobilleras de oro. Eran reconocidos por los conquistadores españoles como unos de los aborígenes más ricos que existían en el territorio, según testimonio del cronista Fray Pedro De Aguado.

Cuenta la tradición oral que en unos de los tantos asaltos que los corsarios y piratas les hicieron a los nativos, dejaron abandonada una lamparita de petróleo que les servía como luminaria. Este aparato desconocido por ellos llamo su atención lo cual inspiró su elaboración en oro e hizo parte de su gran tesoro. Previniéndose de los asaltos y robos por parte de los colonizadores que llegaban a sus costas decidieron esconder sus joyas incluyendo la recién elaborada lamparita. La época en la que realizaron el entierro fue en un largo verano de esos que se da en el territorio guajiro en la laguna antes mencionada, así que con toda la prevención, señalización y malicia que por naturaleza tienen los indígenas de la región, llevaron a cabo el escondite de sus tesoros. Después de ese largo verano vino una fuerte ola invernal, acompañada por mar de leva que llevó a inundaciones, y eliminó todos los rastros y señales de la ubicación donde fue soterrado el gran tesoro de los guanebucanes.

Desde entonces comenzó la aparición de una luz brillante en esta histórica laguna de navío quebrado que persigue a los pescadores del poblado y de otras regiones que llegan por las noches a este hermoso y misterioso lugar para pescar o cazar a los hermosos flamencos rosados.

La luz brillante sale del agua que, en medio de la oscuridad reinante, paraliza de miedo a los intrusos que llegan al lugar. En el primer intento cuando tiran la atarraya o tratan de cazar alguna ave exótica aparece esa luz intensa que se acerca paulatinamente dependiendo de la terquedad de la permanencia en el lugar.

Si insiste en permanecer la luz se vuelve más intensa, brillante y se acerca al intruso más rápido, los deja paralizado y casi ciego momentáneamente entonces éste se desespera y trata de escapar del lugar. La luz tiene una fuerza sobrenatural que envuelve, con la misma atarraya, a los pescadores tratando de ahogarlos.

Cuentan que, algunos valientes pescadores de la población como Chema Rivadeneira, Faustino Rivadeneira, Che Mejía, Baroncho, Fulgencio Mejía, Sánchez Mejía, Tata López, Calixto Móvil, Eusebio Redondo, Eusebio Bermúdez, Ofo Correa y Camilito Choles; se unieron para hacer frente a esta misteriosa luz, se prepararon con oraciones, rezos y plegarias; entonces la luz lanzó su ira con más fuerza contra ellos y los azotó como penitentes. Estos testimonios se regaron como pólvora por todo el poblado y las regiones cercanas, la noticia de la luminaria enigmática era un hecho muy comentado.

Las únicas fuentes de trabajo de los nativos eran la pesca y la caza, que por causa de la lamparita misteriosa estaban pasando por una mala situación. Esta leyenda trasmitida de generación en generación por los pescadores del poblado es testimonio de los sobresaltos que han pasado por culpa de la misteriosa luz.

La luz actúa como un guerrero guardián de la tribu, defendiendo el tesoro escondido por sus antepasados para que no se lo roben como hicieron los piratas y corsarios en el tiempo de la colonización

Related posts

Alcaldía de Riohacha tendió puentes de comunicación entre los empresarios y las autoridades

LA ESCUELA TALLER LA GUAJIRA INICIA UN NUEVO CICLO DE FORMACIÓN

Riohacha de la mano del sector productivo para trabajar con seguridad