POR: HERNANDO DELUQUE FREYLE.
Cuando oímos hablar, por primera vez, de un letal Virus aparecido en la lejana ciudad China de Wuhan, debieron ser muy pocos los Guajiros que sospecharon que 5 meses después, como consecuencia de ese virus, bautizado como COVID-19, se estarían resintiendo nuestros sentimientos al arrebatarnos a algunos de nuestros familiares y amigos o que sería el directo responsable de forzar un brusco cambio en nuestro comportamiento cotidiano y sentimental y de agravar la situación laboral y económica de nuestra región y de toda Colombia y lógicamente ser la causa directa de una recesión global cuyas consecuencias aún se desconocen, como igualmente se desconoce con exactitud por cuanto tiempo persistirá la presencia nociva del Virus.
¿De qué manera se habrá de alterar la psiquis cuando todos los miembros de la población, incluido los niños, han sido necesariamente sometidos a un largo y brusco cambio en su rutina, comportamiento, modales, expresiones emocionales, alimentación, educación, relaciones familiares, en fin, en todas aquellas acciones humanas que por años y casi que genéticamente, nos enseñaron que eran las usuales y normales? La respuesta no la tendremos sino cuando se regularice la atención medica incluida la psicológica y los sociólogos puedan abordar el tema. En todo caso, nuestro mundo no será el mismo.
Pero en fin, habrá una tendencia a una “nueva normalidad” y con el transcurrir del tiempo el endemoniado virus se trastocara en un domesticado virus gripal, después de habernos negado la posibilidad de que en este estado material de la existencia sigamos contando con muchos de los familiares y amigos con quienes tuvimos la oportunidad de interactuar, o culpable de que muchos de los familiares y amigos de cada uno de ellos no pudieren haberlos acompañado en el emprendimiento de ese nuevo camino hacia el ideal de la existencia, a pesar del sagrado arraigo que nos asiste por el respeto de nuestras costumbres y ceremonias mortuorias.
Precisando que no todos los fallecimientos estuvieron influenciados por el virus, he querido darles en mi nombre y el de mi familia, por este medio, un sincero abrazo solidario y afectuoso a los deudos de mis consanguíneos y de los amigos y amigas que fallecieron, sorprendentemente, en un lapso inferior a dos meses, ofreciéndoles anticipadamente mis disculpas a aquellos que no mencionare por no haberme enterado.
Mis parientes Pedro “Perucho” Freyle, Adriana Romero Freyle, Norka Freyle, Goy Gutiérrez, Ena Correa, Rafael Sapuana, María Carrillo, Francisco Deluque, Olga Deluque y Claudia Deluque; Mama Franca Sierra, Práxedes Bolaños, José Wild, Absalón Mena, Nelson Lubo, Profesor Carlos Vergara, Mérida de Espeleta, Leandro Sierra, Lourdes Aguilar, Antonia Redondo, Che Curiel, Luis Urbina, Inés Brugues, el fotógrafo José Iguaran, el camarógrafo “El Gordo” Jorge Hernández, el ambientador José segura “El Sopa”, Olguita Riciulli, Manuel Mengual Meza “Manenchi”, Paulina Payares, Che Padilla, Maestro Marín, Rafael Bermúdez, Rafael Radillo, Alcira Ballesteros, Jose Turizo, Juan Luis Gómez, Serge Bernier, Enrique Zinmerman, Telemina Julio de Robles, Elubis Duarte, Elba Duarte, Horacio Villareal, Aya Larrada, El Líder Calixto, Benancio Pimienta, Iván Añez, Kennedy Arregoces, Eugenio Segundo Pimienta, Jose Eugenio Pimienta, Tony Torres, Wilfran Rodríguez, Sergio Martinez, Arlyn Bermudez, Luis Socarras, Elmer Perez y la autoridad indígena ancestral de Hichipa, en la Alta Guajira, Margarita Gonzalez Uriana.
Mis deseos son haber hecho al menos una ligera referencia de ellos, pero estas notas se harían interminables. Guardaremos de cada uno el mejor de nuestros recuerdos.Sé que estarán a la diestra de nuestro Dios. Brille para ellos la luz perpetua.