Por: Martin Barros Choles
Estado Unido y muchas naciones democráticas, de los distintos continentes, carecen de la formación de líderes, direccionado en la práctica de pensamiento político ideológico, globalizado que los identifiquen, caractericen y estabilicen; en orden estructural, jerárquico y operativo. En E. U, solo existen dos partidos en competencia electoral, denominados, Partidos, Demócrata y Republicano, al estilo tradicional en la Colombia de ayer, partidos liberal y conservador, con diferencias de colores de banderas invertidos. Los liberales flamean la bandera roja y los Demócrata, que hacen también las veces de liberal, flamean la bandera azul. Los políticos en Estados Unido, con muy poca excepción, son conservadores, unos moderados, otros ortodoxos y radicales; que predican una política, de economía preferencial y proteccionistas, de manera impositiva y abusiva, sin prever daños sobre lo ambiental y lo humanos. Se siente amo y señor, del mundo y perrero, para castigar a quienes no se alineen, a sus pretensiones, prohibiciones y controles extremo; ajustado con el uso de armas y bloqueo financieros, intercediendo en asuntos internos y externos, no como árbitro mediador, sino como provocador e incitador, de conflictos y violencias.
Las elecciones presidenciales y Congreso, de EE. UU, que se celebraran este año, el tres de noviembre, han sido la más fría y desmotivada, de la historia estadinense, por las calidades de candidatos, sin mística, ni carisma, ni mucho menos perfil juvenil atrayentes. Ambos candidatos sobrepasan los 70 años. La edad seria lo de menos, el problema es que no sustancian, ni motivan emociones, mucho menos cautivan los espíritus de electores escépticos, que no creen en las promesas, que lanza los candidatos, para ganar simpatizantes. El Partido Republicano, tiene de candidato al presidente Donald Trump, quien, sin reparos internos, utiliza atribuciones y facultades, de directivos de ese partido, a su antojo y conveniencia. Se impuso como candidato presidencial, sin merito, ni ninguna resistencia, en la competencia interna. Sin haber participado ni siquiera en elecciones populares. Trump se alzó e impuso, con el dinero que personalmente ostenta, amenazando que, si le negaban el derecho de ser candidato del Partido Republicano, se lanzaría de manera independiente, dividiéndolo. Para las aspiraciones reeleccionista tampoco tuvo inconvenientes de los sumisos reverentes republicanos, en apoyarlo, absolviendo en el Senado, donde tiene la mayoría ese partido, de las acusaciones investigativas, por hechos probados para destituirlo a título de presidente.
Joe Biden, candidato de Partido Demócrata, quien fuera el vicepresidente del expresidente Barack Obama, en la segunda presidencia, no ha llenado las expectativas y las contundencias, para ganar la franjas de indeciso, que son los que en última eligen y no están, marcados de manera exclusiva a favor de una de las tendencias, a diferencia de tradicionalidad que ha imperado en la mayoría de estado, por ejemplo California, Demócrata, Texas Republicana, Florida, es uno de los pocos estados, que no es hegemónico, donde pueden ganar el uno u otro candidato. Biden la tiene toda para derrotar a Trump, quien lleva a su cargo una tendereta de contagiados y muertos, por causas del covid-19, ocupando el primer lugar en el mundo. Se la van a cobrar, votando contra la reelección, así no le simpatice el candidato demócrata Joe Biden, todo por el merecido voto castigo que predominará. El presidente manifiesta públicamente, que no acepta derrota, porque si pierde denunciará fraude, para no entregar el poder gubernamental, del que sueña reformar la constitución, en el próximo Congreso, para gobernar cuatro periodos reeleccionistas, es decir gobernar por 16 años. Estados Unidos, tiene fortaleza en la industria militar, negocios de armas, finanzas y en apropiarse en los dominios de territorios con hidrocarburos, en el ámbito internacional, pero está pobre, en política de estado y gobierno democrático. Carecen de principios políticos e ideológicos, lo que no resulta raro, que cualquier ciudadano con capital económico, llegue a ser presidente como el que tiene EE. UU y puede ser reelegido. Vivimos engañado en la dependencia de una nación, que anda mal en liderazgo político, pero destacados incitadores, promotores provocadores de conflictos armados. Lo grave es que los poderes públicos de Colombia, copian obsoletos procedimientos que se aplican, en repica a las autoridades de EE. UU. Por seguir al pie de la letra la política y gobernabilidad de los gringos, nos estamos embruteciendo y atrofiando, sometido a caprichos e incoherencia, con lo relacionado con el comercio y consumo de drogas, al interior de los estados que lo conforman. Sin embargo, los cultivos y tráficos, de cocaína colombiana para proveer el consumo voluntario de americanos, que la adquieren al precio que sea, es una guerra campal. Si no hay consumo de coca, no hay comercio, ni mucho menos cultivos. Irse en contravía de lógica, es provocar violencia. Lo mejor sería legalizarla, para ponerle fin a la doble moral, la hipocresía y erradicar; las bandas que se lucran del negocio, a sangre y fuego, con prohibiciones y controles, enfrentada entre sí y con las autoridades armadas que los persiguen.