Por: Martín López González
El 30 de enero 2001 un columnista de El Tempo escribió Huele a Riohacha,
donde decía sin tapujos “Riohacha tiene aroma fecal. Como diría mi mamá:
Mijito, qué pena con la visita, pero debo reconocer que ese es el olor de esta
ciudad”. A lo mejor este visitante no solo hizo “el tour de la hedentina”, como el suscrito llamó al recorrido desde el Centro Cultural hasta el Parque Federmann en 2007, “por la mezcla de hedores destacándose entre ellos, el inconfundible olor a excremento humano de horas recientes combinados con el de días y semanas anteriores”, sino que caminó otras calles de la capital.
El 4 de octubre de 2014, luego de la visita humanitaria realizada al departamento de La Guajira, la Defensoría del Pueblo le solicitó a la alcaldía de Riohacha y a la Corporación Autónoma Regional (Corpoguajira), que ordenaran el cierre de un vertimiento de aguas residuales al mar. En ese entonces los líderes de la comunidad señalaron la situación de sus habitantes, especialmente de los niños, quienes presentan cuadros de gripas, ronchas en la piel, vómito y diarrea, entre otros síntomas permanentes. Aun se continúa el vertimiento con un menor flujo.
La Laguna Salada, principal patrimonio histórico y cultural, que bordea las vías de salidas a Maicao y Valledupar, está altamente contaminada, convertida en una gran cloaca solo recordada los domingos de carnaval y el 25 de Mayo día de la batalla de 1820. La destrucción de este gran cuerpo de agua puso en riesgo a la población aledaña que sufre constantemente de dengue, enfermedades de la piel, diarrea, problemas respiratorios y paludismo; así como también a las especies de peces y cocodrilos que habitaban en su seno.
Todas se han prácticamente extinguido. Hace año y medio advertía sobre la cantidad de personas hurgando en las basuras por toda la ciudad, en especial, en la parte turística. Quienes “a mano limpia” buscan plástico, papel, cartón y vidrio. La escena produce asco, rabia y lástima. Ellos prácticamente se meten de cabeza en los contenedores y abren bolsas dejando a su paso regueros en el piso. Entre los sectores más críticos
de la ciudad está la zona del mercado viejo donde se generan desechos
orgánicos. Por otro lado, el estado de la desembocadura del rio Ranchería es
lamentable. Veo con frecuencia goleros en la cima del obelisco donde el Yo
Amo a Riohacha es como una ironía; desde el puente se puede ver la
cantidad de inmundicias y mortecina.
Corpoguajira abrió un proceso sancionatorio ambiental contra el Distrito de
Riohacha e Interaseo. Los recursos del convenio para la construcción de un
relleno sanitario se perdieron y hoy la ciudad carece de un depósito final de
basuras. Los líquidos que chorrean del basurero, que deben ser controlados
para que no contaminen el suelo y las aguas subterráneas, salen por una
canaleta de barro y allí, cerdos y niños comparten el agua contaminada. Las
basuras se encuentran a la intemperie. Causa un dolor inmenso ver infantes buscando comida en las basuras.
El mar Caribe se tragó las primeras calles de Riohacha, lo que dio origen a la leyenda del milagro, que se remonta al 14 de mayo de 1663 cuando ‘la Vieja Mello’ evitó su destrucción total. Ha sido necesario crear contenciones a la erosión costera por esos deseos del mar de invadir la tierra. Hoy los riohacheros debemos estar tranquilos, pues con toda seguridad el sabio mar Caribe le tiene asco. Si se la llegara a tragar, como ocurriría con el incremento del nivel marítimo, con seguridad la vomita. Da risa escuchar pretensiones como tener una industria camaronera o playas bandera azul en medio de ese desastre ambiental y sanitario. Alguien debe responder por tremenda salvajada y pedir perdón.