EL CAMPO Y PRODUCCIÓN AGRÍCOLA, DESPLANIFICADO, ABANDONADO E INSEGURO

Por Martin Barros Choles

El campo es fuente de agua y alimento, que debemos aprovechar como una obra de Dios, para nuestra subsistencia, conservando la naturaleza y el medio ambiente. La agricultura, después de la educación y salud, deben ser las prioridades para los mandatarios, si queremos mejorar, producir y garantizar; bienestar comunitario y social. Los presupuestos destinados a la agricultura, son inferiores, a los que se asignan al Ministerio de Defensa, sin valorar beneficios y utilidad. Tener el campo desatendido y abandonado, es inconcebible e irracional. Peor aún, dejarlo a la deriva, resultando absurdo, por la importancia de favorecimientos que de ella surgen, para la vida: humana, animal y vegetal.

La producción agrícola, debe comprometer no solo a los agricultores, que asumen los riesgos comunes, tanto en la producción, como en la comercialización, cambios climáticos, sobre saturación de ofertas en el mercado, especulación y falta de transporte; sino también a los gobiernos territoriales, para consolidar efectividad. Es insólito que muchas frutas y verduras, se pierden en el campo, con tantas personas padeciendo de hambre en las urbes, por causa de movilización y costos de transportes, echando por tierra el ánimo de los pobres campesinos, que sufren el marginamiento, desolación e inseguridad, sin apoyo de los gobernantes, que deben velar por los surgimientos de predios agrícolas, totalmente descuidados, desnutrido y erosionados. Es muy difícil competir en el ámbito internacional, sin disponer de tecnificaciones agrícola, mejorando el uso del suelo, transformándolos y mejorando la calidad productiva, para utilidad y beneficio colectivo. La exigencia en competencias de mercados, nos descalifican, por falta de información, orientación y desconexión; en el asunto, relacionadas con formalidades de trámites y calidad de los productos agrícolas, para la exportación, que pueden superarse con asesores que apoyen a los campesinos, en lo relativos a las cosechas y los negocios internacionales.

El gobierno nacional debe constituir un ente articulado, que regule y controle, de manera planificada, producción, comercialización y consumos internos, de cultivos y cosechas, subsidiando pólizas de seguro en riesgos, créditos moderados y bajos precios en: semilla, insumos y herbicidas; brindándole asesoría y asistencia técnica. De igual forma, debe promover cultivos de determinados productos agrarios, por registro de demandas internas y externas. Llevar estadística de consumo, local y nacional, discriminadas de manera territorial, para deducir que sobra y que falta, en las municipalidades, implementando programas de participación y convocatoria, indiscriminadas, con pequeños y medianos campesinos; avalados por comercializadores mayoristas, que garanticen efectividad en las compras de cosechas, estableciendo precios y valor de referencias. Los Tratados de Libre Comercio, no resultan afortunado para nuestros campesinos. Se suscriben sin fundamentos de beneficios y sin medir, consecuencias en daños, relacionado con la competencia desigual de mercado, que termina hundiendo a los criollos colombiano, que labran la tierra, sin recibir, ninguna compensación de perjuicio, en su propia terruños, por cuanto nos invaden los mercados, con productos extranjeros subsidiados, por los estados de origen, empeorando la crítica situación que padecen los campesinos. Muy difícil de Colombia, por ejemplo, competir con los Estados Unidos, la Unión Europea o China, que apoyan la agricultura, ciento por ciento, facilitando los medios de producción, recuperables en gravámenes, de consumos y renta.

La agricultura es la cenicienta en Planes de Desarrollos Nacional, departamental, distrital y municipal. Desatendida, desestimulada y atrofiada; por la indiferencia de gobernantes, que poco o nada, les interesa el bienestar del campo, en la importancia de cultivar alimentos.

Los profesionales y técnicos agrícolas, están desempleados y sin trabajo, por inexistencia de oportunidades en planes y programas, de explotación agrícola, cuando todo está por hacer. Campos improductivos y desierto, donde está la prosperidad para muchas personas, que necesitan trabajar. Es pertinente la construcción de veredas y acondicionamiento, de vías terciarias y comunicación, que permita conectarse en plataforma operativas, comunicativa e informativas, que sintonice, a quienes participen en los programas. Si queremos reducir costos de la canasta familiar y tener agricultura pujante, se debe comenzar armonizar operaciones de agro-comercio, debidamente planificada. Es la única forma, de erradicar las especulaciones, saturaciones y prevenir, los escases, de productos de primera necesidad.

Los alcaldes deben seleccionar uno o varios corregimientos y comunidades veredales, en su jurisdicción territorial, con pruebas piloto, incentivando siembras de determinados cultivos de alimentos, gestionando y enlazando, a través de la Administración municipal con el gobierno nacional y los ministerios, de Agricultura, Medio Ambiente, Ciencia y Tecnología y otras entidades, que comprometan en proyectos agrícolas, con el objetivo de conseguir recursos económicos, para financiamiento.

 El campo es vida y amor. No lo abandonen, ni mal traten, querámoslo. Por descuido y abandono, reina la inseguridad que aterra en el campo, por las acciones criminales y violentas, que ejercen sin control, ni temor, la delincuencia en común, que aprovecha la desprotección y debilidades de las autoridades competentes, para hacer de las suya en ruedas suelta.

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