Por Amylkar Acosta Medina
Hemos sentido muchísimo el deceso de Lucho Pugliese. Siempre tuve en él a uno de mis más fieles y firmes seguidores. Era el primero en llegar y el último en irse de las reuniones que convocábamos. Modesto, sencillo, afable, piadoso él, devoto como el que más de nuestra Señora la Virgen de los Remedios. Era infaltable en los actos religiosos y el 2 de febrero era de los primeros en llegar a la Plaza de Padilla, la que era para él su lugar de tertulia preferido.
Su vocación de servicio la volcó toda a través de las Juntas de Acción comunal, de las cuales era uno de sus más asiduos y fervientes defensores, por considerarlas la voz del pueblo llano, la que él escuchaba y hacia escuchar, ya fuera en el recinto de la Asamblea o del Consejo de Riohacha, en donde su presencia era inmancable y escuchado con respeto por diputados y cabildantes.
Se recorría diariamente, palmo a palmo, a Riohacha, siempre a pie, no recuerdo haberlo visto montado en un carro para movilizarse. No le faltaba una carpeta entre manos con algún proyecto o petitorio de parte de los líderes barriales, que veían el al Líder de los líderes. Ha perdido Riohacha y sobre todo los más vulnerables uno de sus más reconocidos y tenaces luchadores en defensa de las causas más nobles. Nuestras condolencias a su hija Hazel, a sus hermanos y demás familiares. Paz en su tumba