Por Martin Barros Choles
El asistencialismo es la forma de ayudar, colaborar y auxiliar, oportunamente a las personas, cuando padecen precarias necesidades, en condición de: desastres naturales sísmico, calamidades domésticas, salud, pobreza y miseria, bien sea por parte de: gobiernos, organizaciones no gubernamentales, fundaciones y personas generosas, que socorren con apoyos satisfactorios, sobre circunstancias apremiante y necesaria, en soluciones humanitarias. El asistencialismo, debe ser excepcional, ocasional y transitorios; para quienes tengan condiciones de incapacidad total, limitaciones y carezca del mínimo vital. Es mejor enseñar pescar para la subsistencia, personal y familiar, que habituar personas a dependencia, regalando constantemente medios de consumos, como ocurrió a manera de ejemplo, en Venezuela, cuando las bonanzas petroleras, durante los gobiernos de Adecos y Copey, en décadas de los años 70 al 90, en que remitían títulos, a las viviendas, para hacerlo efectivos, con cedula y huella digital, en entidades financieras. Además, entregaban bonos de subsidios, para surtirse en mercadeos de alimentos y elementos de aseo. Regalaban los servicios públicos domiciliarios y estaban exento de pago de impuesto. Cuando se terminó el chorro a los venezolanos, quedaron desamparados y en el limbo, buscando ayudas, incrementándose violencias y migraciones, en procura de subsistencia, tocándole trabajar de diferentes formas en otros países.
El asistencialismo debe ser limitado, hasta de padre a hijo, para forjar desarrollo de actitudes particularizadas, que se originan con sacrificios personales, para efecto de superaciones futuras. Sujetarse a dependencias permanente, es contraproducente tanto para el que da, como para quien la recibe, por constituirlo en parasito, estancándolo, cuando debe ser útil, desempeñándose en algo y sirviendo, así ostenten riqueza, goces de: comodidades, manjares, vanidades y disfrutes de placeres. Se sirve no por necesidad de trabajo, si no por deber social. Servir es una virtud humana, que destaca por efectos positivos, en quienes voluntariamente cumplen esa misión.
En Colombia, los gobiernos han implementado el asistencialismo, como una política social permanente, similar a Venezuela, pero con mucho menos auxilios económicos, que el vecino país, afianzando pobreza, engendrando mendicidades colectivas, frustrando desarrollo, prosperidad y generando delincuencia. La pobreza es una desgracia superable, cuando nos proponemos erradicarlas. Existen dos clases de pobrezas. Una cuando no se dispone de lo mínimo vital, para sobrevivir dignamente y la otra, es de espíritu, cuando se carece, de: razonamiento, información, capacidad intelectual y voluntad de servicio. De ahí, que pueda haber, pobres ricos y ricos pobres, aun cuando se valoren personas, por riquezas, propiedades privadas adquiridas, posesionadas, con títulos, financieros y civiles, que acrediten.
Con motivo de la reforma tributaria, presentada por el gobierno de Ivan Duque, ha generado una serie de cuestionamiento y reacciones, de inconformistas indignados, que rechazan el proyecto de ley, incluyendo congresistas de bancadas, que vienen apoyando al gobierno, tales como: Cambió Radical, algunos de la “U” y Partido Liberal, que sumados con congresistas de oposición, hundirían la polémica reforma tributaria, que la apoya, además del partido de gobierno,( Centro Democrático), el Partido Conservador y partidos cristianos. El gobierno fundamenta la reforma, disque, para atender y solventar, el sustento de cuatro millones de hogares, a los que transfieren $160.000, mensuales, denominado Familia en Acción y otros, colocados de escudos, para exigir la aprobación, alarmando, presagiando desastres y terrorismo, de no aprobarse reforma tributaria en el Congreso. La citada reforma, grava la canasta familiar, servicios públicos, todo elemento de consumo y prestaciones de servicios, personales y contractuales. El gobierno en vez de proyectar la búsqueda del recurso para resolver el asistencialismo, que en el momento se necesita con urgencia, por limitaciones de trabajo y servicios remunerados, a causa de encerramiento, por motivo de pandemia coronavirus, atormentando extractos sociales, de clase media hacia abajo, pero contrariamente favoreciendo a grandes contribuyentes, que gozan de fabulosas exenciones, entre las que se destacan: multinacionales, concesiones y entidades financieras.
Dilemas y confusiones, se percibe un ambiente político ambiguos, en momentos difíciles por lo que pasamos, culpándose mutuamente, lavándose las manos y atribuyendo responsabilidades indirectas. Es pertinente terminar con el asistencialismo de manera gradual, sustituyéndolo, con fuentes y oportunidades de trabajos o empleos, para liberarnos de la pobreza, que nos pasma y postra. Si todos producimos, es un gran beneficio para la nación. De qué sirve tener a la gente inactivas y desempleada, supeditada a migajas de asistencia sociales, eternamente? Para aprovecharla en las compras de votos, en campañas electorales? Mejoremos estilos de vida.