Mamá: Hace un año, cuando Dios te llamó a su presencia, a tus 81 años, edad a la que solo llegan los más fuertes, como Él lo revela ensu Palabra,tus hijos: ‘Ñato’, Wilmer, Esteban, Javier, Jimmy, Susy, Mile y Juanca, quedamos con nuestros corazones desgarrados por el dolor. Hoy queremos dejar registrado en estas líneas nuestro testimonio de amor y de inmenso e imperecedero orgullo de haber tenido una madre como tú. Ningún hijo puede escoger el vientre del que habrá de nacer, pues solo Dios hace esa escogencia, por eso a Él le damos gracias infinitas porque en su potestad te escogió para otorgarnos el privilegio de tener una madre ejemplar.
Viejita linda, creemos que conoces el dolor tan grande que nos dejó tu partida, porque lo sufriste cuando tenías apenas 32 años de edad por la partida de nuestra abuela Susana. Es imposible describir lo que sentimos en nuestros corazones y solo las lágrimas pudieron aliviar levemente ese dolor incomparable. Aprendimos que la intensidad del dolor que se siente por la partida de un ser querido, únicamente depende de la fuerza del amor que nos une a esa persona, sin importar el número de años de vida que Dios le haya dado a ese ser querido que nos deja, menos, si quien se va de este mundo es la persona que nos trajo a el.
No nos cansaremos de dar gracias al Dios Todopoderoso por concedernos el privilegio de haber tenido una madre sin tacha de ninguna clase; trabajadora incansable; de férrea disciplina y con el carácter y el tino para castigarnos como
lo hiciste cuantas veces fue necesario durante nuestra niñez, permisiva en muchas ocasiones cuando transitábamos por la difícil etapa de la adolescencia; visionaria, abnegada, diligente, emprendedora, solidaria, caritativa, bondadosa, piadosa, sincera, buena hija, ayuda idónea para nuestro padre, apoyo constante para tu familia, y muchas otras cualidades que hicieron de ti, una mujer ejemplar.
Con apenas 17 años de edad entregaste tu corazón lleno de inocencia y de pureza a José Agustín González, nuestro padre, quien siendo un joven de 24 años de edad encendió en ti la llama del amor desde el 16 de julio de 1956, cuando viajaron de Monguí a Calabacito, donde se celebraba la fiesta de la virgen del Carmen. Por amor dejaste tu casa paterna, donde no te hacía falta nada, para empezar a construir tu futuro al lado de tu primer y único amor, en Uribia, a donde llegaste en el año 1957. En el mes de junio de 1958 concebiste por primera vez, y diste a luz tu primogénito en marzo de 1959, y en mayo de 1978 diste a luz por última vez.
En ese lapso de 20 años, conformaste la familia nuerosa que hoy somos.
Nuestra educación fue para ti una prioridad, y basada en tu capacidad de discernir, que te indicaba que en nuestro pueblo no íbamos a ser capaces de estudiar, decidiste enviarnos a Riohacha, Santa Marta, Barranquilla, Cartagena y Bogotá a adelantar nuestros estudios. Tu empeño era darnos la oportunidad que no tuviste, ya que en la región donde creciste, la oferta estatal llegaba hasta primero de primaria, y qué lección tan grande nos diste cuando a la edad de
51 años decidiste iniciar tus estudios y te matriculaste en la escuela nocturna para cursar el primer grado de primaria en el año 1990, donde cursaste hasta el 5º grado en 1994.
En 1995, año en que entró en funcionamiento el bachillerato nocturno del Colegio Alfonso López de Uribia, continuaste tus estudios, y en el año 2000 recibiste el título de Bachiller Académico, en la primera promoción de dicha Institución. Mamá, ¡qué orgullo tan grande nos hiciste sentir, una vez más!
La Palabra de Dios dice que al morir se reúnen hijos y padres, y esa es la esperanza que tenemos tus hijos. Confiamos en que Cristo Jesús hay vida para siempre, y en el cielo nos reuniremos para disfrutar en tu compañía, la de papá y de todas las personas que amamos, los mil años en que Cristo gobernará esta tierra, y finalmente, el reino eterno con Dios Padre, en el cielo nuevo y la tierra nueva, donde Él mismo nos secará toda lágrima y ya no habrá más muerte, ni tristeza, ni llanto, ni dolor.
¡Gracias mamá; Gracias Basi; Gracias viejona. Te seguiremos amando y honrando, junto a nuestro querido viejo, Ché Agustín, como lo hemos hecho siempre! Tus hijos: Hermanos González Brito.