A la memoria de Miriam Solano Camargo ¡Cómo la quiero aun estando muerta!

Por José Fdo. Vergara Solano.

Quince días antes de su partida eterna, Miriam y yo nos habíamos comunicado a través de celular, cuya charla muy agradable y evocadora nos remitió a aquellos tiempos de inolvidable remembranza en nuestro pueblo Distracción.

 Su muerte me tomó de sorpresa. Jamás imaginé que Miriam abandonara este mundo de manera inesperada. Triste noticia que recibí muy temprano cuando Jaime, mi hermano, me llamó desde Distracción anunciándome la noticia lamentable que me dejó hundido en un mar de pesadumbre.

Fue tal vez de las primas con quien mantuve mayor acercamiento familiar y esa unión constante, fraternal generó en nuestros corazones un sentimiento de cariño tan profundo que avivábamos cada vez que nos comunicábamos.

Lo que me duele que en la última charla que sostuvimos me dijo esperanzadora que en el mes de junio estaría visitando Distracción por lo que me avisaría de su llegada para sentir afectuosos ese abrazo sincero, cálido, familiar y lleno de cariño aunque ausente en lo físico seguíamos unidos espiritualmente.

Pero esas esperanzas quedaron sepultadas, se fueron con ella. Total desilusión.

La vida en su total evolución nos cambia el panorama. Nos desprendemos del pueblo que nos vio nacer. Las amistades toman rumbos distintos y otros se van a la eternidad. Miriam partió para un lugar mejor. Equivale a expresar lo que decía Séneca: “La muerte no es sino un cambio de vida”.

A la cesación de la vida se termina el padecer, cuando el alma abandona la materia, vuela entre aromas un delicioso edén.

Señor, tú conoces el dolor de los familiares de Miriam. Te rogamos Padre Celestial que la tengas en tu santo reino. Ayúdanos a soportar este sufrimiento que nos ha dejado la partida eterna de Miriam porque solo Tú eres el Gran Consolador.

La muerte deja un dolor de corazón que nadie puede sanar, el amor deja una memoria que nadie puede robar.

Cómo la quiero aun estando muerta/ su imagen en mi alma se aposenta/ su recuerdo triste me atormenta/ cuando felices contemplábamos la floresta.

Mors última ratio.

Ad aeternum vale  José Fdo. Vergara Solano.

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