La insolidaridad ahoga y deprime

Por Martin Barros Choles

Que nos pasa? Nos quejamos con razones, pero de que sirve continuar pasivo y sumiso? Incomprensiones, que asombran y aterran. Con lamentar desgracias, no ganamos nada, sino no nos sacudimos, por nuestros derechos y sino luchamos por lograrlo, estamos perdido en el limbo. No le temamos a las caídas e intimidaciones. Necesitamos curtirnos de valor y dignidad, no de vergüenza, levantándonos y sacudiéndonos, pero que no solo, de manera personal, sino de masas populares, colectiva y general; porque golondrinas dispersas, tampoco hacen milagros. De ahí la necesidad emergente, de consolidar fuerzas humanas, para enfrentar los males imperdurables, que nos acechan y degeneran, sin defensa de quienes nos representan

Muchas veces, nos atrevemos luchar por los demás, sin tener representación, ni autorización, pero viable en democracia. En algunas ocasiones, se triunfa, otras se fracasas, por diferenciadas, causas y motivos, entre ellos, la falta de apoyo y solidaridad, pero no debemos rendirnos. Con desánimos e indiferencia, vamos al abismo. Si no aprenden de golpeaduras, que nos aporrean, tendrán que resignarse y conformarse, con la miseria, pánico y descontrol personal.

Admirable la actuación de los jóvenes universitarios, que se lanzaron a una huelga de hambre, en dos veces, la segunda por incumplimiento de acuerdo, suscrito con el gobierno nacional a través de delegados, justificadas, en necesidades y reclamos de derechos, relacionada con el departamento de La Guajira. Los jóvenes, tuvieron apoyos, pero se requería, de mucho más. En vista de que pasaban los días y nada, se perfilaban, decidieron trasladarse al distrito de Bogotá, para continuar con la huelga, en la fría capital, a la intemperie, en procura de lograr objetivos previsto. Nuestros representantes le restaron importancia, tal vez, por no generan beneficios personales.

 La huelga sucumbió, por debilidad física y soledad, en la Plaza de Bolívar, de quienes resistieron, un largo tiempo, poniendo en peligro la salud, a espera de soluciones, no para ellos en particular, sino para atender y resolver problemas, en el departamento peninsular, originados por incumplimientos de gobierno nacional.

 Nunca olvidar el reto de quienes se atrevieron, permanecer durante más de 30 días, sin consumir alimentos. Yo tambien viví la experiencia de huelga de hambre, No es fácil resistirla de manera improvisada, cuando ha tenido costumbre cotidiana, de consumir las comidas en determinadas horas del día. L a resistencia, depende, de: factores, vocación y condiciones espirituales, que la fundamentan. Mi admiración, para ese valioso grupo de huelguista: Beatriz Salas, Líbano Diaz, Jefferson Palmar, Yarley Molina, Enmanuel Rangel, Andrés Barliza, Jissac Gonzales, Luis Fernando Lobo, Eliel Castillo y otros que acompañaron la batalla

 La exposición, en sección especial del Congreso pleno, (Senado y cámara de Representante) por  uno  de sus voceros, (Luis Lobo), fue destacada, por la fundamentación y precisión, de causas y petitorios, que los motivó,  a una huelga de hambre, sacrificando la vida por un bienestar social, de habitantes de La Guajira, cuestionando incumplimientos, de compromisos del gobierno nacional y  la sentencia, de la Corte Constitucional, relacionada, con la mortalidad infantil, represa del Ranchería, por falta de agua y otras, tantas cosas que nos incumben.

 En la Plaza de Padilla de Riohacha, se convocó por redes sociales, un plantón de solidaridad, con las exigencias de los jóvenes, pero la concurrencia fue pobre, por desgano e insolidaridad, hasta de compañeros universitarios. La intención loable de los jóvenes, aunque frutadas parcialmente, sientan precedente ejemplar valorable, con carencia, en apoyamos popular.

En insolidaridad, las esperanzas de desarrollo y progreso, en La Guajira, son ningunas. De nada sirve ilusionarse con bonanza, por explotación económica, donde solo queda, espejismos, engaños, contaminación, represiones y pobreza. No claudiquemos tirando la toalla, perseveremos en la lucha, porque la constancia vence.

La Guajira, necesita de lideres con sentido de pertenencia, dolencia y renovación. De lo contrario, seguiremos de igual a peor.

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